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“El teatro me aportó lo que significa mi vida”
La actriz y profesora Jorgelina Fernández comparte reflexiones sobre su profesión, trayectoria y situación del campo de la pedagogía teatral local.
Categoría: Educación
“El teatro me aportó lo que significa mi vida”

La docencia es una de las profesiones que más relevancia revisten, ya que de ella depende la formación de muchas personas a lo largo de los recorridos educativos. La dedicación como medio de vida profesional, en este caso en la rama de las Artes Escénicas, para Jorgelina Fernández fue una vocación que sintió fuertemente desde chica.

En diálogo con la Cooperativa de Trabajo Ecomedios, Fernández explicó: “Mi interés apareció en la adolescencia. No lo podía poner en palabras, mis comienzos fueron motivados por la atracción que sentía por lo cinematográfico. Recuerdo en el secundario experimentar un gran entusiasmo ante todas las materias que tenían que ver con las artes”.

Con el deseo de hacer cine, pero sabiendo que no contaba con la posibilidad de irse a estudiar a Buenos Aires, Jorgelina comenzó su formación tomando talleres e ingresó a la Escuela de Teatro, lugar en el que se encontró con “algo que era apasionante. Sentí que podía ser y que aquello era lo que quería”, afirmó.

A su actual desempeño como profesora de dicha institución terciaria, de la Escuela Secundaria N° 3 y de la Escuela Primaria N° 39, se le suma una trayectoria de unos catorce años en el grupo Nuevodrama y diez en la Compañía El Descuese, agrupación dependiente del área de Accesibilidad y Derecho municipal.


La educación teatral bahiense

“Desde hace unos años se comenzó a pensar al teatro como una poética, como un lenguaje que debe ser aprendido. Todos los profesores nos proponemos hacer que cuando un alumno llega a la Escuela de Teatro entienda que no se trata de un taller, sino de una formación institucional donde debe abordar un lenguaje específico, que luego va a tener que trasladar para trabajar con otros sujetos, que son los niños y las niñas, o los y las adolescentes”, aseguró.

Destacó que en Bahía Blanca “hay un grupo fuerte de docentes que empezamos a enseñar para que se establezca la diferencia de lo que significa ser un profesor o profesora y un actor o actriz; o lo que se aprende y la manera en que luego lo llevó al aula. Es poder establecer diferencias para que el lenguaje sea pensado como una poética y no como algo de entretención o un simple rato ameno, aunque también lo sea”.

Respecto a su rol docente en la Escuela de Teatro, donde acompaña al alumnado tanto en los primeros años, como en la mitad de la carrera, opinó que las y los ingresantes “comienzan un poco desenfocados en relación al por qué están allí. Y quienes continúan, lo hacen con un interés particular o idealizaciones acerca de lo que les gustaría hacer. En esta nuevas generaciones noto que tienen en claro los ‘sí’ y los ‘no’, y eso me parece fantástico”.


Aportes, desafíos, placer y displacer

Si bien a Fernández le gusta mucho su trabajo, las vicisitudes de la burocracia docente, en ocasiones, le generan algunos disgustos. Lo mismo le ocurre cuando percibe en el aula, que no recibe lo brindado como le gustaría que ocurriera. Sin embargo, cuando se vive lo contrario “es muy placentero. Este año tengo un segundo año precioso, donde el intercambio entre lo que les doy como docente y su respuesta es muy agradable”, afirmó.

La enseñanza en tiempos de pandemia fue otra de las cuestiones que la enfrentó a un gran desafío personal. “Nunca fui una persona de mucha tecnología”, se definió, aunque reconoció que gracias a la virtualidad pudo contactarse con profesionales que contribuyeron a su continuo proceso de formación.

Por otro lado, a pesar de que se podía producir, sintió que “el teatro volvió a aparecer cuando pudimos reencontrarnos en un ensayo o una clase, porque hay un vínculo con el otro que es intransferible a cualquier tecnología”. Dicha arte escénica “es eso que sucede ahí, en ese aquí y ahora. En lo particular me costó muchísimo y no me agradó. Como actriz soy muy física. Todo mi pensamiento pasa por el cuerpo”, resaltó.

En relación a los aportes que la disciplina le ha dado, Jorgelina rememoró una situación vivida hace algún tiempo durante una charla en la Escuela de Teatro, sobre uno de los máximos exponentes de aquel arte, Antonin Artaud: “Cuando les contaba a mis alumnos que lo conocí siendo una estudiante, y mientras comenzaba con sus lecturas, me encontré con un lenguaje que tenía que ver con mi persona y que tal vez, en otros contextos o núcleos, no lo encontraba. Gracias al teatro pude coincidir con personas que vivían como yo”.

Para finalizar, la profesora, desde antes de la pandemia, era una convencida de que “aunque no pueda hacer teatro, mientras pueda estar mirándolo voy a ser feliz. Mi deseo de dedicarme a esto fue más fuerte que cualquier otra cosa. Encontré cuestiones de esas que te sostienen en la vida, ya que, para mí, hay un universo muy poderoso que siempre me tiene en vilo y me invita a pensar, estudiar y hacer. El arte, el teatro en sí, es mi motor”, concluyó.

Su historia es un incentivo para dar con la importancia de poder elegir lo que uno quiere y encontrar esos espacios que posibiliten el crecimiento. Pero, sobre todo, es un ejemplo de que enseñar significa dejar una huella en la vida de otra persona. Muchos pueden transmitir conocimientos, hacerlo con entusiasmo es de algunos solamente; y Jorgelina Fernández brinda aquello que perdurará: solvencia académica y pasión por su profesión. Por eso, para ella y para todos los y las docentes, ¡Feliz día!

Autor: Redacción Ecodías

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2021-09-22 16:01:00
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