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Por una agricultura sostenible
Categoría: Ecología

En 1994 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 17 de junio Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía e invitó a todos los estados a que dedicaran ese día a sensibilizar a la opinión pública respecto de la necesidad de cooperar en el plano internacional para luchar contra la desertificación y los efectos de la sequía y de aplicar la Convención de Lucha contra la Desertificación.

En este 2008 se celebra bajo el lema “Combatir la degradación de la tierra para una agricultura sostenible”. Este problema supone un verdadero reto para la sociedad moderna, tanto para los países desarrollados como para los que están en vías de desarrollo, ya que en la actualidad la crisis de la degradación de la tierra no se puede solucionar con el esfuerzo de un solo país debido al creciente problema del cambio climático. La degradación de la tierra intensifica las pérdidas económicas en el sector agrícola, altera los mercados de alimentos tanto locales como regionales y causa inestabilidad social y política.

¿Qué es agricultura sostenible?
La agricultura sostenible se refiere a la capacidad de un campo de producir alimentos indefinidamente, sin causar daños irreversibles en la salud del ecosistema. El problema tiene una doble perspectiva: a) un aspecto biofísico, que se relaciona con los efectos a largo plazo de diversas prácticas sobre las características de los suelos y de los procesos esenciales para la productividad de la cosecha; b) un aspecto socioeconómico relacionado con la capacidad, a largo plazo, de los agricultores de obtener insumos y de manejar recursos tales como trabajo.
Durante años, la agricultura ha cambiado notablemente debido a las nuevas tecnologías, a la mecanización, al incremento del uso de productos químicos, a la especialización y a las políticas de los gobiernos favorables a la maximización de la producción. Estos cambios han tenido costos significativos, tales como el agotamiento de las capas superficiales fértiles de la tierra, la contaminación de las aguas subterráneas y la desaparición de las condiciones económicas y sociales en las comunidades rurales, entre otros.
Un movimiento en auge, surgido durante las dos últimas décadas, ha puesto en tela de juicio el papel del sector agrícola por promover prácticas que contribuyen a estos problemas ambientales y sociales. Hoy, este movimiento en pos de una agricultura sostenible -que tiene como objetivos principales la higiene ambiental, la rentabilidad económica y la equidad social y económica- está ganando una ayuda y una aceptación cada vez mayores en las prácticas agrícolas dominantes.

La degradación de la tierra
La agricultura no sostenible tiene un impacto tan directo y fuerte en el suelo, que este no puede regenerarse naturalmente. Los nutrientes del suelo y la materia orgánica disminuyen a la vez que la agricultura intensiva absorbe grandes cantidades de nutrientes con una rapidez mayor de la capacidad natural de regeneración del suelo. Por consiguiente, el suelo no puede recuperarse, como lo hace durante los períodos en barbecho, resultando así un espiral cada vez mayor de degradación del medio ambiente y de pobreza, que son las causas principales de la degradación de la tierra y la desertificación.
Las causas primordiales que agravan la degradación de la tierra de la decisión por maximizar la productividad del suelo, lo que incluye: cosechas cultivadas en áreas con riesgo elevado de sequía; acortamiento de los ciclos de la cosecha y reducción de los períodos en barbecho; rotación de cosecha inadecuada o, lo que es peor, monocultivo; trabajo intensivo; cría intensiva y pastoreo excesivo, lo que tiene un impacto negativo sobre la vegetación y el suelo; separación de la ganadería y la agricultura, eliminando una fuente de fertilizante natural o de materia orgánica (estiércol del ganado) usada para regenerar el suelo; tala intensiva de árboles y deforestación; incendios de matorrales y bosques; en regiones montañosas, las cosechas se cultivan en taludes inclinados en lugar de seguir las líneas del contorno natural de la montaña y deterioro de las terrazas y de otras técnicas de conservación del suelo y del agua.
Para combatir la degradación y la desertificación, es necesario restaurar y fertilizar la tierra, los elementos nutritivos tales como nitrógeno, fósforo, calcio, magnesio etc. que se encuentran en el suelo y son necesarios para que las plantas crezcan. Cuando el suelo ha perdido todos sus elementos nutritivos o una parte de sus componentes (ya sea a causa del viento o del agua) se dice que se ha degradado o que está agotado y como resultado de la pérdida, su productividad disminuye.

Fuente: www.un.org

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2008-06-21 00:00:00
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