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Medellín destierra el residuo social en la ribera
Categoría: Ecología

Los recicladores en situación de calle no pueden vincularse al sector formal ni alcanzar una inclusión social por sus condiciones y estilo de vida. Las cooperativas de recicladores, la Secretaría de Medio Ambiente de Medellín y aun las leyes de la nación los excluyen de las oportunidades y niegan sus derechos como ciudadanos.

Elkin Martínez, uno de los miles de recicladores en situación de calle de la ciudad de Medellín, se ubica todos los días entre el Puente Colombia y el de San Juan. En el ambiente a la orilla del río se pueden ver grupos de habitantes de la calle conversando, personas jóvenes y adultas de la tercera edad durmiendo en los céspedes o separando materiales de las basuras.
El trabajador social de la Universidad de Antioquia, Álvaro Córdoba, habla de la presencia de recicladores en esta parte de la ciudad. “Se viene generando, a nivel de la política social y de movilidad, una situación de exclusión hacia los habitantes de la calle. Se genera exclusión porque hay sitios de la ciudad donde ellos ya no pueden andar, está limitada su presencia. La ribera del río termina siendo uno de los sitios en donde ellos pueden estar tranquilos, entre comillas, encontrarse con otras personas que hacen lo mismo y sin que la autoridad los moleste”.
Jesús Vásquez, sociólogo de la Personería de Medellín y encargado del Informe de Hábitat y Medio Ambiente en Medellín, afirma que los derechos más vulnerados para estos habitantes son “el derecho a la vivienda, pues la mayoría de ellos son invasores o duermen en la calle; y el derecho a un trabajo digno. No es que el reciclaje no sea digno, lo es porque recuperar los recursos no renovables es algo muy digno, lo que no son dignas son las condiciones de trabajo”.
Córdoba afirma que el incremento de los recicladores en situación de calle se debe principalmente a dos causas. La primera de ellas es el desempleo que vive Colombia, “lo que hace que las personas busquen actividades informales, que generen recursos económicos, es una actividad que les genera dividendos aparentemente seguros, ellos en un día pueden recoger material de reciclaje y ese material les va generar un ingreso”.
La segunda causa que asegura el trabajador social es “la situación de desplazamiento, sobre todo en nuestro departamento que hace que las personas migren hacia las ciudades. Generalmente, son personas que no son altamente calificadas, no están para empleos que requieren cierto conocimiento, ciertas habilidades; son personas que están acostumbradas a sembrar la tierra y llegan a una ciudad donde no hay posibilidades, entonces una alternativa es el reciclaje”.

Sin estado
Pero un reciclaje que se realiza en situación de calle, bajo unas condiciones precarias tanto laborales como sanitarias, hace que “el reciclaje les permita generar un hábitat que no les da grandes gastos, es decir en el carro donde ellos reciclan, viven. Entonces, su herramienta de trabajo termina siendo su hábitat”.
La cifra de cuántos recicladores informales existen en la ciudad de Medellín aparece desactualizada. Los datos más recientes son del año 2005 estimaron que había 3.000 recicladores y alrededor de 1.500 eran recicladores de oficio.
El reciclador de oficio es el que vive del reciclaje, tiene una vivienda y una ruta de reciclaje, y sus ingresos los gasta en la familia y en servicios públicos y no comprando sustancias alucinógenas. El resto de los recicladores informales, son ocasionales, muchos de ellos habitantes de calle, están ahí para sobrevivir y realizan todo tipo de trabajos.
Desde la Secretaría de Medio Ambiente de Medellín se asegura que la población de recicladores informal es difícil de censar: “Es una población que está enseñada a defenderse solita. Cuando el Estado llega a hacer un censo de personas, uno de los requerimiento para que se motiven a participar en ese censo es que se sientan ciudadanos, una de las cosas que hacemos es reconocer la actividad del reciclador”. Sin embargo, el trabajador social Álvaro Córdoba asegura que los recicladores en su gran mayoría no llevan consigo documentación, un requisito mínimo para el censo.
Los recicladores informales de la calle no logran vincularse a una cooperativa de reciclaje por su estilo de vida. Córdoba asegura: “Tienen ciertas condiciones grupales que lo llevan a vivir casi como un grupo muy primario del ser humano, con valores que están mediatizados no por la educación sino por lo que viven día a día, lo que les ofrece la cotidianidad, por la situación que ellos están viviendo en esos momento y desde ahí empieza a generar una respuesta que determinan su forma de vida con valores que empiezan a ser compartidos con un grupo de gente y eso hace que se identifiquen como un grupo humano”.

Marginación
Debido a sus costumbres los recicladores en situación de calle no participan en las entidades de recicladores, por esto Orlando Arenas, de Arreciclar, explica por qué no es viable integrar a estos recicladores a las asociaciones “No se puede invertir mucho en el trabajo informal de los recicladores de la calle porque no es un reciclador que se te va asociar a una cooperativa, o se asocia hoy por los beneficios, como zapatos o comida”.
En ninguna de las cooperativas existentes en Medellín es fácil ingresar un reciclador de la calle, agrega Arenas, “es un reciclador que si uno lo asocia a una cooperativa vale plata. Hay que hacerle el proceso de cooperativismo de entrada, hay que hacerle una inducción, hay que enseñarle a trabajar en la cooperativa… Las cooperativas no son un terreno de nadie, son democráticas, todos mandamos pero existe una jerarquía y unos reglamentos que acatar”. Finalmente, el reciclador de oficio logra ajustarse a una cooperativa pero, según él, los recicladores de la calle no logran adaptarse. Afirma que por estar acostumbrados a “mandarse solos” se hace complicado el ingreso a una cooperativa.
Medellín es reconocida en Colombia y a nivel latinoamericano por su limpieza. Se trabaja como política pública activa que la ciudad esté limpia y el aprovechamiento de los residuos. El trabajo del reciclaje hace con los recicladores, fortaleciendo las redes de aprovechamiento. El control es estricto en el comienzo de la cadena de recuperación de residuos sólidos urbanos, es decir, en los domicilios, que es donde se produce la separación inicial.

Contradicciones
Sin embargo, para Arenas el fortalecimiento a los recicladores informales se encuentra en una contradicción: “A partir del decreto 1703 han salido varios decretos reglamentados que empezaron a hablar de la compensación a los recicladores, porque las alcaldías, que son las dueñas del servicio de limpieza urbana, deberían compensar el aprovechamiento”.
Es decir, pagarle a la asociación de recicladores por lo que separan se convierte en absurdo porque “la regulación tarifaria asegura pagarle a las empresas privadas recolectadoras por las toneladas que dispongan en el Relleno Sanitario la Pradera. Entonces, si a las empresas de limpieza se les paga por enterrar, no se les paga por el material recogido sino por el enterrado, reciclar se convierte en una pérdida para las empresas”. Lo que implica que, al fortalecer el reciclaje, las empresas de limpieza urbana pierdan ingresos: “¿Qué sentido tiene que ellas fomenten el reciclaje? Si fomentan el reciclaje pierden plata, porque el material que no están llevando al relleno sanitario es material que no les van a pagar”.
Y agrega sobre las cuentas de servicios públicos y el cobro que se hace por la recolección de la basura: “Son inequitativas, porque uno diría que el material que recogieron los recicladores, ¿a quién se lo cobró la empresa? ¿Quién está recibiendo la tarifa que paga el usuario? ¿Quién se la está ganando? La tarifa debería ser compartida con los recicladores, porque la recolección es compartida: una parte la está recogiendo la empresa y otra el reciclador”.

El asentamiento en el río se ha convertido a través de los años en la exclusión más abierta que tiene la ciudad para esta población: el embellecimiento, la educación y la limpieza de Medellín no incluyen a los recicladores de la calle. Tampoco las leyes gubernamentales ayudan a solucionar la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran, más bien intentan aislarlos de todo proceso justo.
La labor de los recicladores la compensa el ambiente pues desde la Secretaría de Medio Ambiente de Medellín se afirma que “año a año aumenta la cantidad de gente y en Medellín no aumentó el tonelaje de basura que ingresa diariamente al relleno sanitario. En octubre de 2009 disminuyó, puede ser a causa del reciclaje ecológico y otra razón es la crisis económica. De todas manera nos sentimos orgullosos”.

Fuente: http://olasdeabril.blogspot.com

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2010-07-11 00:00:00
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