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Las consecuencias sobre la salud
Categoría: Ecología

¿Qué es el Glifosato?
El glifosato es el principio activo del herbicida Roundup (nombre comercial de Monsanto). Fue desarrollado para la eliminación de hierbas y de arbustos, en especial los perennes. Es un herbicida total, de amplio espectro, no selectivo y de acción sistémica, altamente efectivo para matar cualquier tipo de planta, que es absorbido principalmente por las partes verdes de los tejidos vegetales.
En caso de propagación de Roundup sobre una planta, ésta absorbe el producto químico hasta el nivel de las hojas, por lo que después pasa a la savia, provocando la contaminación general del organismo, lo que genera una necrosis de los tejidos vegetales, que conduce a la muerte la planta.
Los efectos en humanos incluyen irritaciones dérmicas y oculares, náuseas y mareos, edema pulmonar, descenso de la presión sanguínea, reacciones alérgicas, dolor abdominal, pérdida masiva de líquido gastrointestinal, vómito, pérdida de conciencia, destrucción de glóbulos rojos, electrocardiogramas anormales y daño o falla renal.

Revolución Verde
La Revolución Verde consistió en la introducción a gran escala de variedades modernas de alta productividad a partir de los años ’50.
Esta propuesta se sustenta sobre una innovación en el proceso, consistente en un nuevo método de producción a través de la modernización tecnológica en la agricultura, entendida como la transformación del campo, gracias a la fitogenética, producto de su progresiva inserción en un cierto modelo de desarrollo capitalista.
En pocas palabras este modelo está caracterizado por basarse en la producción a gran escala, el monocultivo, el uso intensivo de insumos como los fertilizantes químicos sintéticos, los agrotóxicos, el alto grado de mecanización y la alta dependencia con el mercado.
Los receptores de esta revolución fueron los países subdesarrollados donde supuestamente se aprovechan al máximo el rendimiento potencial de los cultivos en las condiciones a las que están sometidos los agricultores de estos países. Por su parte los más beneficiados, son las compañías multinacionales de procesamiento y manufactura agrícola.
El mito principal de la Revolución Verde consistió en que las semillas producidas multiplicarían la cosecha de cereales como clave para terminar con el hambre en el mundo. Un mayor rendimiento significaría mejores ingresos para los agricultores pobres, lo que les permitiría salir de la miseria. Además, más cantidad de alimentos implicaría menos hambre en el planeta.

Los cultivos transgénicos
La primer planta transgénica se creó en 1983 y en sólo 20 años los cultivos transgénicos impulsados por un grupo reducido de transnacionales pasaron de la nada a más de 67,7 millones de hectáreas en el año 2003, sin que se conozcan sus consecuencias sobre la salud y el medio ambiente, y sin hacer mínimo uso del principio de precaución.
Los objetivos declarados de la creación de este diseño biológico fueron la reducción del uso de herbicidas, incremento de la productividad mostrándolo como una solución al problema de la escasez de alimentos, simplificación en el proceso de producción y mayores rindes para los productores.
Prácticamente la totalidad de los cultivos transgénicos han sido manipulados para reemplazar a sustancias químicas de amplio uso, especialmente insecticidas y herbicidas (glifosato o glufosinato, fabricados por las mismas empresas que venden las semillas). La mayoría de las plantas transgénicas incorporan un gen marcador de resistencia a los antibióticos.
Resistentes a casi todo
Los cultivos transgénicos son mayoritariamente resistentes a los herbicidas, y se venden formando parte de un “paquete de tecnología” que incluye la semilla transgénica y el herbicida al que es resistente.
En la actualidad los dos productos principales son “Roundup Ready”, de Monsanto, que tolera su herbicida “Roundup” (glifosato), y el “Liberty Link”, de AgrEvo, que tolera su herbicida “Liberty” (glufosinato).
 
Incremento de la productividad y solución al hambre mundial
La industrialización de la producción agrícola comenzada durante los años ´70 en la denominada revolución verde con la inclusión de los “paquetes tecnológicos” continúa su mecanización con el desarrollo de los transgénicos.
La afirmación de que la mecanización de la producción de alimentos y, desde hace unos años, la introducción de elementos de la genética para mejorar dicha producción con el fin de terminar con el hambre mundial y la escasez de alimentos, ha resultado ser una falacia enorme, sin sustento alguno: “A los mercados nacionales e internacionales ha llegado más grano de dos o tres productos determinados, pero las familias de las granjas del Tercer Mundo han tenido menos para comer”, afirma la científica india Vandana Shiva.
En primer lugar, no existe escasez de alimentos en el mundo sino que lo que existe es una centralización de estos en determinadas áreas geográficas, y lo que es peor aún una concentración de acuerdo al poder adquisitivo, esto quiere decir por clase social.
Además, los beneficios de la producción transgénica mecánica de alimentos están concentrados en un grupo reducido de multinacionales.

Mayores rindes para los productores
Todas las semillas transgénicas están patentadas. Hasta ahora los agricultores podían comprar las semillas, incluso las patentadas, y podían usarlas posteriormente en sus propios cultivos.
Esto está cambiando con las nuevas leyes de patentes, y todas esas actividades se han vuelto ilegales: el comprador paga por usar una sola vez el germoplasma. El derecho a poseer genes es un fenómeno nuevo en la historia mundial y sus efectos en la agricultura, y en la vida en general, todavía es muy incierto.
Esta suerte de neofeudalismo genético convierte a los agricultores en dependientes de las multinacionales, las cuales les venden semillas y plaguicidas y les compran la producción a muy bajos precios, sin dejarles beneficio alguno.
El nuevo fenómeno de los “contratos de semillas” estipula qué marca de plaguicidas debe usar el agricultor, un mercado cautivo que las multinacionales del agro vienen creando desde hace años.
Monsanto tiene el 80% del mercado de las plantas transgénicas, seguida por Aventis con el 7%, Syngenta (antes Novartis) con el 5%, BASF con el 5% y DuPont con el 3%. Estas empresas también producen el 60% de los plaguicidas y el 23% de las semillas comerciales.

Sobre la soja
Aunque se promocionan alimentos a base de soja con fines de salud y nutrición, los estudios han mostrado que un cambio brusco hacia la adopción de dietas a base de esta oleaginosa es dañino para la salud. Los alimentos hechos con soja, tanto los procesados como los sin procesar, poseen sustancias tóxicas cuyos niveles de concentración generan riesgos significativos en la salud humana y de los animales.
La soja contiene inhibidores de la tripsina que bloquean los procesos pancreáticos, provocan un aumento del tamaño y del peso del páncreas, originando cáncer. En Estados Unidos, el cáncer de páncreas es el quinto tipo de cáncer con mayor mortalidad y continúa aumentando su incidencia. Las mayores concentraciones de inhibidores de la tripsina se hallan en la harina de soja.
La soja además contiene lectinas que interfieren en el sistema inmunológico y la ecología microbiana intestinal. Cuando se las inyectaba en ratas, las lectinas sintetizadas a partir de la soja eran letales. Por vía oral impedían el crecimiento de la rata.
La soja también posee ácido fítico, que interfiere en la absorción de minerales como el calcio, el magnesio, el cinc, el cobre y el hierro.
El riesgo más grande que plantean las dietas basadas en soja se debe a su contenido en estrógenos, especialmente en el caso de la soja modificada genéticamente.
Al estar muy difundido el empleo de soja en productos de alimentación, incluida la comida para bebés, una alta cantidad de niños, niñas, mujeres y hombres están consumiendo estrógenos.
Los consumidores concientes e investigadores tienen una simple pregunta: si es que estos alimentos son tan seguros, ¿por qué se opone la industria a que vayan etiquetados para que los consumidores puedan identificarlos y decidir libremente consumirlos o no?

Fuente: ecoportal.net. Observatorio de las Empresas Transnacionales (OET)

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2008-10-11 00:00:00
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