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El nudo gordiano de la crisis alimentaria
El consumo mundial de alimentos es conducido por tres motores: el crecimiento económico, el crecimiento demográfico y las preferencias alimentarias, afirma Pascal Lamy.
Categoría: Ecología

El
consumo mundial de alimentos es conducido por tres motores: el crecimiento
económico, el crecimiento demográfico y las preferencias alimentarias, afirma
Pascal Lamy.

Apenas superada la crisis de los alimentos de 2008, el mundo ingresa en otra
fase de precios altos. Ahora, la carestía alimentaria estimula la inflación
global, sin mencionar su influencia en el malestar político que llegó a grados
inquietantes en varios países.
Los precios alcanzaron un récord en diciembre de 2010 respecto de 2008, según
la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
(FAO). Al contrario de lo ocurrido en 2008, un factor fundamental parece estar
en juego ahora: el mal tiempo.
El año pasado, las compras a futuro de trigo en Estados Unidos subieron 47 por
ciento alentadas por una serie de eventos climáticos, como la sequía en Rusia y
en sus vecinos del Mar Negro. Aunque las restricciones de suministros son el
principal culpable de esta crisis, hay otras razones.
El consumo mundial de alimentos es conducido por tres motores: el crecimiento
económico, el crecimiento demográfico y las preferencias alimentarias. La más
extraordinaria innovación es que el consumo de productos alimenticios es
también impulsado por la producción de energía.
Al emplear biocombustibles en nuestros sistemas de transporte estamos echando
en ellos maíz, caña de azúcar y otros cultivos comestibles.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la FAO
estiman que si continúan las actuales políticas, para 2019 alrededor de 13 por
ciento de la producción mundial de granos gruesos, 16 por ciento de la de
aceite vegetal y 35 por ciento de la de caña de azúcar se emplearán para
fabricar alcohol carburante vegetal, o etanol.
En el ámbito mundial, los ingresos suben y continuarán haciéndolo, aunque en
forma desigual. Con el incremento de los ingresos viene el incremento de la
demanda.
Por otra parte, las tasas de crecimiento de la población se desaceleran desde
hace 30 años y ahora están por debajo de su pico de fines de los años 60. Pero
se mantiene un crecimiento firme de la población mundial.
A escala global, las preferencias alimentarias convergen por varias razones,
como el aumento del consumo de carne y de productos lácteos, en particular en
el mundo en desarrollo.

¿Será capaz la producción mundial de satisfacer esta creciente demanda? Hay
tres factores principales de crecimiento de la producción de cereales: la
expansión de las áreas agrícolas; el incremento de la frecuencia de los
cultivos y las técnicas para intensificar los rendimientos, como la
mecanización y el riego, y la biotecnología.
La agricultura también seguirá dependiendo de la fluctuación de los precios del
petróleo, cuyo aumento encarece los fertilizantes y la distribución de los
productos.
Los factores que influyen en la producción y el consumo están vinculados con el
comercio internacional, que equilibra la oferta y la demanda, trasladando
productos desde zonas excedentarias a otras deficitarias. Pero cuando este
mecanismo se altera por las barreras comerciales, la turbulencia acosa los
mercados.

Restricciones
Las restricciones a la exportación juegan un papel importante en las
crisis. Hay otras barreras comerciales perjudiciales –los aranceles y los
subsidios– que impiden que los alimentos se produzcan donde puede hacerse con
más eficiencia. Pero las restricciones a la exportación juegan un papel muy
directo en el agravamiento de las crisis.
Las restricciones a la exportación llevan al pánico en los mercados cuando
diferentes actores ven que los precios se elevan a velocidades estelares. Esto
sucedió durante la explosión de los precios del arroz en 2007-2008, cuando no
había ningún desequilibrio fundamental en los mercados. Igualmente, el aumento
actual de los cereales tiene mucho que ver con las restricciones a las
exportaciones de Rusia y de Ucrania, que fueron golpeados por fuertes sequías.
Esas restricciones tienen una lógica: los Estados que las aplican no quieren
que sus poblaciones sufran hambre. De modo que la pregunta es, ¿cuáles son las
alternativas? La respuesta puede ser un incentivo a la mayor producción global,
más redes de seguridad social, más ayuda alimentaria y posiblemente más
reservas de alimentos.
También la Ronda Doha de negociaciones comerciales mundiales puede contribuir a
una respuesta a medio y largo plazo a la crisis alimentaria, mediante la
remoción de muchas de restricciones y distorsiones que han dañado el panorama
de los abastecimientos.
La Ronda de la Organización Mundial del Comercio puede reducir los subsidios de
países ricos que, en ciertas materias primas, colocan obstáculos infranqueables
a la producción del mundo en desarrollo. El peor tipo de subsidios, el subsidio
a las exportaciones, debería ser completamente eliminado. También deberían
bajar los aranceles aduaneros, aunque con ciertas flexibilidades, para
facilitar el acceso del consumidor a los alimentos.
Junto con estas medidas, necesitamos mayores inversiones en la agricultura. Y
en particular debemos preparar nuestro sistema agrícola para enfrentar al
inminente cambio climático, del que probablemente seamos testigos. Ello será
vital para mejorar el panorama de los abastecimientos.

Pascal Lamy es el director general de la Organización Mundial del Comercio.

Fuente: Tierramerica

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2011-04-11 07:00:00
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