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Dependencia, exclusión y privatización
Categoría: Ecología

La situación hídrica actual de América Latina demuestra que el agua tiene una evidente dimensión geopolítica que se revela de modo más o menos manifiesto según la generosidad de la naturaleza y la disponibilidad tecnológica en un momento dado, al mismo tiempo que genera adaptaciones culturales, históricas y ecológicas muy variadas y complejas y diferentes relaciones y grados de poder en el uso y disfrute de los recursos hídricos a escala local, regional, nacional, continental y mundial.

El agotamiento y creciente escasez del agua en muchos lugares del globo, las sequías cada vez más duras, prolongadas y recurrentes y el aumento constante de las necesidades humanas y económicas han producido -y producirán más en el futuro inmediato- conflictos entre países y entre regiones dentro de un mismo país por el control y empleo del agua. A este respecto se debe tener en cuenta que el 97,5% del agua existente en el planeta es salada y, por lo tanto, no potable, mientras que sólo el 2,5% de los recursos hídricos del mundo es dulce. De este último porcentaje, únicamente el 0,4% corresponde al agua superficial y atmosférica.
Estas cifras porcentuales constituyen un fiel testimonio de la reducida cantidad de agua existente en el planeta que puede ser aprovechada para el consumo humano y las actividades económicas, lo que demuestra la escasez del recurso y lo fácil que resulta comprometer el abastecimiento de este líquido vital mediante un empleo abusivo, inadecuado e ineficiente del mismo. Este hecho va a tener categóricas repercusiones económicas y geopolíticas en todo el mundo, aunque el continente americano se verá involucrado por el contraste manifiesto que existe entre la zona septentrional, cada vez más sedienta y esquilmada de sus recursos hídricos, y el área meridional, donde el agua es abundante y todavía no ha sido demasiado aprovechada.

En cualquier caso, se puede hablar con absoluta propiedad de la existencia, a veces larvada, de una auténtica “guerra del agua” entre el centro y la periferia, y entre grupos antagónicos con intereses contrapuestos donde una vez más se generan desequilibrios y exclusiones socioeconómicas, culturales, políticas y ambientales. Se establece de hecho una pugna entre quienes piensan que el agua debe ser considerada un bien comercial (como el trigo, la soja, el café o la carne) y quienes sostienen que se trata de un bien social relacionado con el derecho a la vida.

El uso del agua: virtual y huella
El Instituto Internacional de Manejo del Agua, con sede en los Países Bajos, plantea que el actual conflicto por la disponibilidad hídrica es básicamente un problema económico porque las necesidades son infinitas y los recursos resultan escasos. El agua parecía hasta hace poco un recurso infinito, pero la situación ha cambiado de forma radical y cada vez se exige un consumo más eficiente y racional. Por ello se prevé en breve un aumento espectacular del precio del agua, e incluso luchas cada vez más enconadas por el control de las fuentes hídricas, como ya se aprecia en varios lugares de América Latina, lo que sin duda tendrá rotundas repercusiones geopolíticas, económicas, sociales, culturales y ambientales en la región.
El concepto de agua virtual, que se ha ido desarrollando con el paso del tiempo, permite a los países compartir productos y beneficios al poner en relación la producción y el consumo de cada uno de los países del mundo a través de sus relaciones comerciales. Por lo tanto, se entiende por agua virtual el agua que se utiliza para producir una mercancía o un servicio, como sucede por ejemplo con los productos alimenticios e industriales o con las actividades turísticas o de ocio.

Huella Hídrica
Otro concepto de interés es el de huella hídrica, es decir, el volumen de agua necesario para producir los bienes y servicios consumidos por los habitantes de un territorio determinado. Habría que distinguir entre la huella hídrica interna, o sea, el volumen de agua utilizado que proviene de los recursos hídricos del país, y la huella hídrica externa, o lo que es lo mismo, el volumen de agua empleado proveniente de otros países.
Los cuatro factores principales en la determinación de la huella hídrica de un país son lo siguientes: el volumen de consumo (relacionado con los ingresos nacionales brutos), los patrones de consumo (por ejemplo, alto consumo de carne frente a bajo consumo, el clima (condiciones de variación de las lluvias y las temperaturas) y las prácticas agropecuarias (eficiencia en el uso del agua).
De estas consideraciones se deduce que agua virtual y huella hídrica son conceptos íntimamente ligados, sobre todo en estos tiempos de liberalización comercial a ultranza y aumento de los intercambios mercantiles en el mundo.

Un ejemplo
Valórese al respecto, como ejemplo ilustrativo, la expansión relativamente reciente de esa “cultura de la carne” que aparece como responsable de que gran parte de las tierras arables del mundo y de América Latina se utilicen para cultivar plantas que después se emplean para fabricar piensos para la ganadería intensiva (fundamentalmente cereales y oleaginosas) en vez de dedicarlas al cultivo de alimentos para las personas. De este modo, por influencia de algunos países, como Estados Unidos, y sus empresas transnacionales del sector agroalimentario, se crea una cadena alimenticia artificial donde el principal eslabón está representado por la carne, sobre todo la de vacuno. El ganado alimentado con cereales y oleaginosas en vez de forrajes se destina a satisfacer la demanda de los consumidores de los países ricos, mientras que en los países pobres, bastantes de ellos con excedentes alimenticios, mucha gente se encuentra desnutrida e incluso muere literalmente de hambre. Además, si se tiene en cuenta que la cría de ganado bovino precisa 4.000 metros cúbicos de agua por cabeza y que la producción de carne fresca de vacuno requiere 15 metros cúbicos por kilogramo es sencillo deducir la huella hídrica que los países ricos imprimen en los pobres y el agua virtual que es “transferida” desde el mundo subdesarrollado hasta el desarrollado.
Con el desarrollo de la mundialización de la economía, la profundización de la división internacional del trabajo y la  progresiva liberalización comercial a escala planetaria, es muy probable que crezcan las interdependencias y las externalidades relacionadas con el uso del agua, hecho que llevará sin duda a la generación de nuevos conflictos geopolíticos por el control de las fuentes hídricas, afectando sobremanera a América Latina.

Luchas y conflictos
El agua es la representación más natural de la denominada globalización, puesto que cruza las fronteras administrativas sin pasaporte ni documentación. Según el Informe “Más allá de la escasez: poder, pobreza y la crisis mundial del agua”, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2006, existen actualmente en el mundo 145 países que comparten lo que se conoce como cuencas hidrográficas transfronterizas, es decir, cuencas de drenaje o captación entre las que se encuentran los lagos y las aguas subterráneas poco profundas compartidas por países vecinos. Hoy en día existen 263 cuencas transfronterizas (…)

Conflictos geopolíticos regionales en América
Se estima que en 2025 la demanda de agua en el mundo puede ser un 56% superior al suministro, hecho que sin duda dará lugar al desencadenamiento de luchas y conflictos entre grupos con intereses contrapuestos y a diferentes niveles: local, regional, nacional y mundial. Según el Informe “El agua, una responsabilidad compartida”, elaborado por la UNESCO en 2006, las fuentes de potenciales conflictos hídricos son las siguientes: escasez (permanente o 9 transitoria), diferencias de fines y objetivos, factores sociales e históricos complejos (antagonismo previo), falta de comprensión o desconocimiento de circunstancias y datos, relación de poder asimétrica entre localidades, regiones o naciones, falta de datos significativos o cuestiones de validez y fiabilidad, asuntos específicos de política hídrica (construcción de presas o desvío de cursos de agua) y situaciones de ausencia de cooperación y conflicto de valores, especialmente los referentes a la mitología, la cultura y el simbolismo del agua.
Las posibles hostilidades entre países por el control del agua constituyen un riesgo nada desdeñable en el continente americano, ya que existen contundentes contrastes entre la carestía hídrica al norte del Distrito Federal de México hasta la frontera con Estados Unidos y la abundancia sudamericana a la que todavía no se le ha sacado demasiado provecho.
Como premisa para comprender la situación que se puede avecinar hay que tener en cuenta que los acuíferos, ríos y lagos de Estados Unidos han experimentado un notable proceso de contaminación y sobreexplotación. Por ello, se puede decir que debido a estas circunstancias casi se encuentran al borde del colapso. Los acuíferos de California se están secando y el río Colorado se explota al máximo; lo mismo cabe indicar de los acelerados ritmos de extracción de agua en los estados meridionales de Nuevo México, Texas y Florida.
Sin embargo, a las grandes arterias fluviales de Sudamérica (Orinoco, Amazonas, Magdalena, Paraná, Paraguay, Uruguay) se une la existencia del denominado Acuífero Guaraní. Esta enorme masa de agua subterránea, que es uno de los recursos hídricos más importantes del mundo, se extiende por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay y tiene 132 millones de años de antigüedad, ya que comenzó a formarse cuando los continentes africano y americano todavía estaban unidos. Su extensión es de 1,2 millones de kilómetros cuadrados y el volumen almacenado de agua es del orden de 37.000 kilómetros cúbicos. El volumen explotado actualmente oscila entre 40 y 80 kilómetros cúbicos anuales. Sin embargo, técnicamente, este acuífero podría abastecer a una población de 360 millones de habitantes con una dotación de 300 litros diarios por persona.
Ante la creciente escasez hídrica y el constante aumento de la demanda de agua, Estados Unidos ha puesto sus ojos en los recursos de otros lugares del continente americano, entre ellos el Acuífero Guaraní. Buena prueba de ello son las noticias aparecidas con alguna frecuencia en los medios de comunicación acerca de la hipotética existencia de grupos terroristas islámicos en el área sudamericana conocida como la “Triple Frontera”, es decir, una zona muy rica en recursos hídricos compartida por Argentina, Brasil y Paraguay. Incluso el ejército argentino ha decidido cambiar recientemente el emplazamiento de algunas de sus unidades de combate y situarlas en las proximidades de las áreas con riesgo potencial de conflicto por el control de los recursos naturales, sobre todo el agua del Acuífero Guaraní. (…)

Fuente: Texto completo en www.ecoportal.net

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2008-09-20 00:00:00
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