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Cuestión de costumbre
Categoría: Ecología

Todavía no hay un hábito generalizado en cuanto a la separación de residuos en origen. Presentamos en esta edición tres testimonios: dos jóvenes que pasaron ya los 20 años y un chico de 12 años, que dan cuenta de su experiencia y de que las prácticas de cuidados del medio ambiente las tenemos al alcance de las manos, al igual que sus beneficios.

“A separar y reciclar que se acaba el mundo” podría ser la nueva frase de aquí a futuro, puesto que si seguimos acumulando sin tratar los residuos domiciliarios el mundo acabará bajo grandes basurales.
El tema de la basura es complejo y desde los gobiernos municipales y provinciales no se han implementado soluciones que vayan al fondo del problema.
Basura se genera en todos los lugares, cada vez más y de toda clase. Y más allá de la falta de decisión política también es cierto que hay una cuestión de educación personal de la ciudadanía que aún no está resuelta.
Existen diferentes sistemas, métodos y procesos respecto al tratamiento de los residuos y algunos de ellos, por ejemplo el que se refiere a residuos domiciliaros, son posibles si se inician debidamente dentro de nuestras mismas casas. Lo principal es generar la conciencia y el hábito cotidiano sobre lo que es una posibilidad cierta.
Hablamos de la separación de residuos en origen, del reciclado, de aprovechar lo que se tira para reutilizar. Hablamos de lo orgánico y lo inorgánico, de los restos de comida, del papel, del cartón, las botellas, las latas. Todo aquello de lo que hemos escuchado hablar pero que por falta de costumbre no ponemos en práctica.

Algunas cosas se hacen
El Ecocanje organizado por la Municipalidad es uno de los casos que concentra mucha población en cada uno de sus eventos. Y también hay vecinos y vecinas que se toman el trabajo de cuidar el medioambiente con algunas de las alternativas descriptas: “Empezar a reciclar se dio cuando me fui a vivir solo, hace 3 años -cuenta a EcoDias un oriundo de Pehuen-Co y actual residente en nuestra ciudad, Bernardo Amor-. Siempre estuve relacionado con el cuidado del medio ambiente y con la contaminación y en particular con la problemática costera en Pehuen-Co. En definitiva, siempre me interesó el cuidado del medio ambiente por la educación que recibí en la escuela de Pehuen-Co. Allí hicimos un proyecto de crear abono con los desechos orgánicos del comedor y utilizarlos en una huerta que también hicimos”.
Bernardo tiene 21 años y es uno de los que lleva a cabo este tipo de tareas en su domicilio, pero no es el único.

Una huerta propia
La separación y reciclado de residuos, como puede verse, también da pie para otras cuestiones beneficiosas para nosotros mismos como es el armado de una huerta.
Esteban tiene 29 años y hace dos que alquila junto a su compañera Julia, de 25, una casa con un gran patio al que pudieron aprovechar: “Los inquilinos anteriores lo tenían como un terreno baldío, la tierra no estaba trabajada ni nada, estaba seca. Con el laburo este que hacemos se va fertilizando la tierra, eso está bueno y de acá a dos años atrás se ven las diferencias, son notables”.
Esa tarea tan simple consiste en tener, por ejemplo, dos cestos para la basura en vez del único habitual. En uno de ellos se destinan los restos de comida diarios: “Lo que hacemos es separar los restos de comida, verduras, frutas, la yerba por ejemplo, lo vamos poniendo en una caja. Cuando se está llenando la llevamos al patio y en un pozo que ya está armado, de determinada profundidad, vamos metiendo todo lo que se juntó”.
La idea es que esos restos, con el tiempo, se conviertan en abono útil: “Vas echando lo que vas juntando de los restos de la comida, vas removiendo la tierra, mojando cada tanto para que se airee, la idea es que no se pase de humedad y con eso vas creando el abono”.
Todo ese traslado al patio, explica Esteban, se realiza una vez por semana, teniendo en cuenta también el movimiento que haya habido en la cocina durante esos días: “Al tener un patio grande, armamos una huerta y lo mejor que podés hacer cuando tenés una huerta es reciclar lo orgánico, armar un compost, abono. Obviamente que el proceso lleva su tiempo, recién a los dos meses quedan descompuestos los restos orgánicos”.
En la casa de Esteban también se separan plásticos y cartones que son guardados para beneficio de los cartoneros. A su vez, Bernardo hace un trabajo similar con botellas, cartón aluminio y pilas: “El tratado del cartón se da porque me envían mercadería en cajas, entonces una vez que las vacío las desarmo, las doblo y cuando junto una buena cantidad las ato y se las doy a los recicladores urbanos de cartón cuando pasan por mi casa”.
En el caso de los plásticos, armó una estantería en donde va depositando material que luego lleva a un supermercado que lo recibe: “En la estantería pongo bolsas, a medida que voy terminando botellas plásticas, les quito la etiqueta, las aplasto y las voy poniendo en las bolsas. Con las latas aluminio también, las lavo, les quito la etiqueta, las aplasto y las guardo en una bolsa de la estantería”.

Hacerlo un hábito
Ambos casos presentados son de personas muy jóvenes y suele decirse que en los adultos la práctica y la costumbre con cuestiones que refieren al medioambiente cuestan un poco más. Al respecto, Esteban señala: “Tenía la inquietud de antes, yo vivía con mis papás y hacerlo en la casa de ellos era medio complicado porque están ya acostumbrados a otra cosa. Uno también lo sabe por amigos que ya lo venían haciendo”.
Sin duda los más chicos son excelentes agentes multiplicadores, y los que vuelven a dar el ejemplo a los más grandes. Santiago tiene 12 años, y nos contó con naturalidad las que para él son prácticas cotidianas: “La basura la tiramos en un tacho que luego lo dejamos para que se lo lleve el camión de la basura. Todo lo que es cáscara de banana, de manzana, etc., va al compost. Las botellas de vidrio las dejamos para que se las lleve el cartonero y las de plástico algunas las usamos para llenarlas con agua. En el baño hay un cesto que luego lo dejamos en una bolsa para que se lo lleve el camión de basura”.

Es cuestión de proponérselo -insiste Esteban acerca de algo que no considera difícil sino una actividad diaria como cualquiera de las otras que tiene en su hogar: “Hacerlo casi como una obligación, es una cuestión de voluntad”.
Armar una huerta, disponer de varios cestos o bolsas parece una tarea que uno va a abandonar al poco tiempo de empezarla, sin embargo, opina Bernardo, no cuesta nada: “No es difícil, no es ningún sacrificio ni nada de eso, y en caso de que llevara mucho tiempo y sea una gran sacrificio lo haría porque la vida de nuestro planeta es mucho mas importante que la nuestra. Del cuidado del agua también soy muy conciente y la cuido y trato de no derrocharla porque tampoco me gustaría que mis hijos sufran por este recurso”.

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2010-03-04 00:00:00
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