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Vivir para contarla
Lorenzo Giménez, secuestrado en Punta Alta y Bahía Blanca contó su experiencia como sobreviviente del Terrorismo de Estado.
Categoría: Derechos Humanos

Lorenzo Giménez, secuestrado en Punta Alta y Bahía
Blanca contó su experiencia como sobreviviente del Terrorismo de Estado.


Lorenzo
Jesús Giménez vive en la provincia de La Rioja pero se vino con gusto a Bahía Blanca ya
que fue llamado a declarar en el tercer juicio contra represores que se realiza
en esta ciudad. Y decimos que vino con gusto porque él señala que declarar,
contar su historia es un aporte para la sociedad y las generaciones futuras.
Giménez estuvo secuestrado en Punta Alta y en Bahía Blanca y como su
desaparición fue responsabilidad, primero, de la Armada Argentina, se lo convocó
para el juicio que investiga delitos de lesa humanidad cometidos bajo ese
ámbito.
Pero una vez liberado su historia no terminó ahí sino que derivó en varias tristes
y lamentables consecuencias que continúan hasta la actualidad.
Lorenzo Giménez visitó los estudios de Radio Nacional Bahía Blanca y ante el
micrófono empezó por presentarse: “Yo fui un militante popular con inquietudes
sociales de mejora, de intentar mejorar la sociedad en que vivimos y poder
mejorar el individuo que forma parte de la sociedad. A raíz de eso que siempre
tuve inquietudes, participé en su momento de lo que fue conocido como el
Partido Socialista de los Trabajadores que en su momento lideró el primer
legislador socialista latinoamericano que fue Alfredo Palacios. A la
desaparición de Palacios lo continuó el discípulo de él que fue el doctor Juan
Carlos Coral.
Esa agrupación estaba legalmente constituida a tal punto que participamos de
los comicios de marzo del 73 y de septiembre del 73 en todo el proceso
electoral que se vivió en esa época y en la segunda elección ganó el general
Perón”.
Para Giménez ese fue un proceso normal de la democracia pero parece que los
militares no pensaban lo mismo: “Esta gente, el grupo de genocidas que se
apropió del gobierno en el año 76, consideró que ese tipo de ideas o de
principios no correspondían con la sociedad que ellos pretendían y las
consecuencias fueron terribles para toda la sociedad. Yo creo que ha
desaparecido una gran cantidad de clase dirigente que hoy tendría que estar
participando de liderazgos de gobiernos y de liderazgos sociales y que
lamentablemente ya no están entre nosotros. Yo todavía la puedo contar, vaya a
saber por qué circunstancias la vida me permitió continuar, creo que hubo a lo
mejor influencia divina y por eso estoy pero mucha gente no está”.
Una vez más a lo largo de la charla, va a decir Giménez que “a puede contar” y
ese “contarla” lo toma como una responsabilidad de su parte: “Lo hago por
responsabilidad ética y cívica con la sola pretensión de hacer un aporte para
que la generación o las generaciones de futuros habitantes de la sociedad,
vivan mejor” a ello le agregó “que el nunca más sea realmente efectivo”.
Esa responsabilidad que siente de hablar hizo que el largo viaje no le cueste
hacerlo: “Es como un deber que me parece que la patria lo necesita, saber qué
pasó”.
Antes de venir a Bahía intentó contarle a su nieta para qué hacía semejante
viaje pero no consiguió reunir las palabras adecuadas para que lo entienda una
nena de siete años. Sin embargo, su nieta lo sorprendió gratamente: “Estuve
pensando palabras, conceptos, a ver cómo lo digo, cómo se lo cuento y después
de una charla breve de intentar darle un panorama de cuál era mi realidad y
cuál era la motivación de venir al juicio, ella me dijo “ah la época en que
había unos militares malos que mataban mucha gente”. Me dejó realmente
asombrado, me dejó mudo en un momento…”.
La nena había aprendido eso en la escuela: “Son apreciaciones que yo observo
como que la sociedad ha evolucionado a partir de una decisión de gobierno de
poder hacer conocer la historia“.

Exilios forzados
Una vez que Giménez fue liberado, la triste historia no terminó ya que
sufrió por un lado el rechazo social por miedo: “En mi caso me encontré con
gente amiga que se cruzaba de vereda, me ignoraba o trataban de escaparse. El
hecho de que nos vean charlando era motivo para que detengan a otro”.
Por otra parte, Giménez perdió su trabajo: “Traje para el tribunal un par de
decretos municipales, yo era empleado municipal en Punta Alta. Ese puesto
laboral lo gané mediante un concurso, habíamos ido casi cincuenta personas a
rendir, nos tomaron exámenes de cuatro materias y salí número dos, o sea que el
puesto me lo gané por concurso. Sin embargo esta gente consideró que yo era un
peligro para la sociedad y me despidieron”.
Dicho decreto dice que “por razones de seguridad nacional, el hecho de estar
detenido a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, era causa suficiente para
la cesantía automática. Firmado por dos capitanes de fragata”.
Al ingresar a dar testimonio frente al tribunal, detrás de él se encontraba un
acusado al que Giménez reconoció: Stricker: “No me pareció agradable pero tengo
que confesar que me pareció bueno verle la cara después de tanto tiempo en otra
situación porque ahora ya no me gritó como me gritaba o como me descalificó en
aquella oportunidad”.
Volviendo a su situación laboral, señaló que estuvo cuatro años deambulando
hasta conseguir trabajo: “Te excluyen ellos y la misma sociedad te excluye”.
Lorenzo Giménez contó que suele venir a Bahía Blanca para juntarse con amigos y
ex compañeros de una promoción de estudiantes. Todos ellos suelen encontrarse y
recuerdan buenos momentos y épocas de juventud: “Mis hijos, si tuvieran que
hacer lo mismo no sabrían adonde ir porque han estudiado en Bahía Blanca, en
Carlos Paz, en Campana, en Cañuelas, en La Plata y cerca de Junín a raíz del exilio y a raíz
de las consecuencias de todos estos exilios forzados”.

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2014-10-05 00:00:00
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