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El juicio a la Triple A suma testimonios
Continúa el debate en el juicio oral y público que se realiza a integrantes de la patota parapolicial Triple A en nuestra ciudad. Se retomarán audiencias los días 23, 29 y 30 de octubre.
Categoría: Derechos Humanos

Continúa el debate en el juicio oral y público que se realiza a integrantes de
la patota parapolicial Triple A en nuestra ciudad. Se retomarán audiencias los
días 23, 29 y 30 de octubre.

Se juzga el accionar delictivo de cuatro imputados: Juan Carlos Curzio, Osvaldo
Omar Pallero, Héctor Ángel Forcelli y Raúl Roberto Aceituno, por el asesinato
de David Cilleruello y la acusación de integrar una asociación ilícita a la que
se le atribuyen 24 homicidios agravados más, cometidos entre los años 1974 y
1975.
“Esa etapa previa, una de las más silenciadas, es la que se está revelando en
Bahía Blanca, para quedar al descubierto públicamente y ante todxs quienes
quieran verla y oírla, para que Nunca Más se argumente, que no se sabía, o que
se duda de su veracidad. La Historia está ocurriendo ahora, en los Juicios de
Lesa Humanidad, y en Bahía Blanca, en el juicio a la Patota de la Alianza
Anticomunista Argentina”, informó H.I.J.O.S. Bahía Blanca. Los testimonios de
los y las testigos aportan cómo se instauró en la sociedad un Estado
terrorista, preparado con antelación al golpe cívico militar del 24 de marzo de
1976.

Métodos que dejan marcas
En las dos últimas jornadas de septiembre presentaron sus testimonios
Higinio Calamita, Carlos Corbellini, Edgardo Sosa, Lorenzo Ferretjans y Juan
Enrique Ferrari.
Higinio Calamita relata el secuestro que padeció junto a su hermano y su
pareja embarazada. En esos días “ya se hablaba de la patota de la CGT”. A la noche
siguiente, su mujer rompió bolsa en el calabozo, todos empezaron a llamar al
guardia, pateando las puertas de los calabozos, hasta que fue llevada al
Hospital Español donde nació su bebé prematuramente.
Fueron trasladados a la cárcel de Villa Floresta, incluyendo la esposa al salir
del hospital. En alguna oportunidad los llevaron a declarar ante los
secretarios Hugo Mario Sierra y Gloria Girotti, posteriormente fue trasladado a
Sierra Chica, Rawson y la Unidad Penal 9 de La Plata desde donde sale en el año
´81 con libertad vigilada. Fue sobreseído y se exilió.
Por su parte, Corbellini relata que hasta antes del asesinato del “Negrito”
García, el 22 de septiembre de 1974, no identificaban muy bien de donde
provenían las patotas parapoliciales. A partir de allí, fueron vinculados
específicamente a la gente del diputado Ponce. Narró el multitudinario cortejo
fúnebre de García, llevaron a mano y caminando el cajón del militante desde el
barrio Noroeste hasta el cementerio, cruzando toda la ciudad.

Terror en UTN
Sosa aportó que toda la ciudadanía conocía el accionar delictivo de la
patota. Es designado en la UTN el
abogado Garofoli y Mendéz, “en contra de la opinión de todo el estudiantado, y
a los poquitos días de asumir se hace presente toda la patota sindical que
comandaba el diputado Rodolfo Ponce. La patota estaba compuesta por unas ocho
personas que veíamos en la universidad y la comandaba el Moncho Argibay con el
hijo y como figura preponderante estaba Sañudo, detrás de él se ubicaba
Aceituno y los demás secuaces”.
A pesar de recibir amenazas, solo después del asesinato de Watu toman
conciencia de lo que era capaz la banda criminal. “A Garofoli y a Mendez los
conocíamos y no los creíamos con la capacidad política y combativa de haber
traído matones, yo creo que los designaron y después se los impusieron, porque
como abogados eran mediocres, sin capacidad de conducción. Ahí había otra mano
que llevaba adelante todo y que no aparecía, con el tiempo pudimos saber que el
que llevaba la voz cantante era el Dr. Montezanti.”
Al relatar el episodio de la Toma de la UTN por parte de la patota armada,
vuelve a identificar a los Argibay, Sañudo y Aceituno como quienes los
invitaban a entrar, con gestos y ostentando las armas y a una persona de traje,
de diferente aspecto, que sería Montezanti.

El horror a los 12 años
Brindaron su testimonio María Helena Alduvino y Rodolfo Gini (h) los días 1
y 2 de octubre. La declaración de María Helena Alduvino estuvo centrada en el
secuestro de su hermano Fernando Alduvino, ocurrido en Thompson al 200, en la
madrugada del 21 de marzo de 1975.
Rodolfo Gini tenía 12 años cuando su padre fue secuestrado, el 2 de diciembre
de 1974. Los protagonistas fueron cinco hombres con ametralladoras automáticas,
que al retirarse de la casa escribieron con aerosol todas las paredes y muebles
con la leyenda A.A.A.

Segunda jornada
El regreso a la fase 3 por la pandemia de Coronavirus, obligó a que las
declaraciones sean totalmente virtuales. Aportaron sus testimonios Walter
Calamita, José Lolli y Benjamín Stochetti.
Calamita coincidió con su hermano en el relato de su secuestro. Subrayó lo
sucedido en el motín en la Unidad Penitenciaria, lugar donde una mujer dio a
luz a su bebé, asistida solamente por otras mujeres detenidas. Integrantes del
Servicio Penitenciario llevaron al niño envuelto en frazadas y a las pocas
horas le anunciaron que había fallecido. Esta es la situación que genera el
motín por parte de todas las personas presas políticas.
José Lolli declaró en torno al asesinato de Carlos Davit, víctima de esta causa
con quien compartía pensión en calle Irigoyen al 200 de Bahía Blanca y estuvo
presente la noche de su secuestro el 19 de noviembre de 1975. El joven era
pampeano, oriundo de Guatraché, tenía 26 años y estudiaba Ciencias Económicas y
militaba en la Juventud Universitaria Peronista, horas más tarde de su
secuestro su cuerpo acribillado fue colgado de un puente camino a Punta Alta,
que actualmente lleva su nombre.

Curas para el tercer mundo
Benjamín Stochetti, docente y cura declaró por el asesinato del cura del
Juan XXIII, Carlos Dorñac, ya que se hallaba presente en la casa salesiana de
Gorriti al 100, la noche que ocurrió el episodio el 21 de marzo de 1975.
Relata cómo esa noche cerca de las 2 y media de la mañana “se sintieron explosiones
y sentí que me golpeaban la puerta, me di cuenta que era el padre Benito
Santeccia, le pedí que no hablara”. Trepó un árbol y vio a tres hombres jóvenes
con armas, “probablemente metralletas”. Logró volver con algunos curas del Don
Bosco y “encontramos enseguida el cuerpo tirado ya fallecido con un charco
grande de sangre que era el Padre Carlos.” Además de asesinar al salesiano,
tiraron bombas molotov y quemaron el lugar.
Es posible visualizar las jornadas del juicio en el canal de youtube Audiovisuales
UNS.

Fuente: H.I.J.O.S. Bahía Blanca

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2020-10-20 00:00:00
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