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Mágicos objetos
Visitar un día de semana el Museo Taller siempre es llegar en buen momento: el tiempo del mate y la reflexión.
Categoría: Cultura

Valijas, llaves y tornillos de diversos tamaños, reloj de
sereno tipo bandolera, máquinas de escribir, canastos, bancos y escritorios,
sillas, radios, equipo de transmisión, lámparas, el saco de un guardia de la
estación son algunos de los 4.000 objetos que el Museo Taller preserva en un
depósito vidriado. “Es el mejor conservado del país, arriesgo a decir que de
Latinoamérica”, dice Reynaldo Merlino, su director.
El depósito de objetos fue el semillero de la actual institución, que logró un
subsidio de la Fundación Antorchas para constituirse como espacio propio, ya
que hasta el momento funcionaba junto al archivo de documentos y el área de
conservación del Museo del Puerto de Ingeniero White. En el año 2004 se instalaron
con la colección del mundo ferroviario y portuario. “La donación fue realizada
por un grupo de ferroviarios
particulares quienes pusieron a resguardo de la Municipalidad de Bahía Blanca
estas herramientas consideradas por los nuevos concesionarios privados del
ferrocarril y el puerto como material de desecho”, informa la página
electrónica.

Mate va, mate viene
Visitar un día de semana el Museo Taller siempre es llegar en buen momento:
el tiempo del mate y la reflexión. Roberto Orzali, Pedro Caballero, Nicolás
Testoni, Reynaldo Merlino, Emilce Aitira y Ana Miravalles despliegan materiales
y relatos. “La voz de los trabajadores en el archivo fónico, la documentación
de los ferrocarriles, los materiales de las dinastías de ferroviarios, todo ha
sido digitalizado”, anuncia Nicolás Testoni.
A la hora de las clasificaciones surgen distintas versiones. Es evidente la
existencia de un patrimonio tangible: herramientas, útiles y equipamiento de
herrero, soldador, calderero, fundidor, carpintero, estopero, maquinista, foguista, cambista, guarda, señalero, catango,
relevante, peón, farolero, mensajero, telegrafista, llamador, guardabarreras,
guardatrenes, en cada objeto se halla implícita la memoria de un oficio, con
conocimientos y habilidades específicas y modos establecidos de transmitir la
experiencia. Y en este punto, hablaríamos de un patrimonio intangible que toma
forma en los relatos, en los testimonios de estos obreros, entrevistados en su
mayoría por la profesora Miravalles.
Merlino agrega “hay un patrimonio natural, acá afuera nomás”. Conocida como la
ría, el estuario de Ingeniero White sigue siendo un tema de discusión y una
puja de territorios entre empresas, vecinos y gobiernos municipal y provincial.
Los dilemas entre un estilo de vida de pesca artesanal a un modelo de
reconversión y la elección palpable de los capitales multinacionales
industrializados. El pueblo y el puerto cambian sus paisajes, aunque nos interrogamos
si cambia la cabeza de quienes se ven involucrados.

Asumirnos
El patrimonio lo podemos pensar como el conjunto
de bienes que tienen un valor original desde la historia, el arte, la ciencia, la
cultura, bienes que son dignos de ser conservados, conocidos y también de ser
reflexionados por la población.
Ferrowhite muestra, al igual que tantos otros museos, colecciones que
reciben sentido de acuerdo a los relatos y aportes
de los propios trabajadores que las han usado a lo largo de su vida laboral,
incluso porque muchas han sido fabricadas por ellos. Provenientes de los
Talleres Noroeste,
Taller Maldonado, Taller Spurr, el Galpón de Locomotoras Ingeniero White, las
estaciones, oficinas administrativas y terminales portuarias pertenecientes al
Ferrocarril del Sud- desde 1884 hasta 1948-, el Ferrocarril Bahía Blanca al
Noroeste, el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico y el Ferrocarril Nacional
General Roca.

“Escucharlos no es un acto de nostalgia, es asumir
que la misma historia nos ayuda a comprender”, repasa Testoni.

La muestra
montada en el Taller está atravesada por la
Máquina de Hacer Patria, el Granero del
Mundo, la Máquina Carnero, el Aparato Nacionalizador, el Aparato Obrero, la
Grúa Financiera, la Bomba de Evaporación y Vaciamiento y el Argentinizador de
Acción Manual. Estas máquinas de cartón pintado simbolizan 120 años de historia
ferroportuaria y constituyen el capital inventado, para explicar procesos
complejos y políticas gubernamentales que atravesaron a la comunidad local.
“Flying fish” como libro o como puesta en escena como obra documental, el
Archivo Caballero en el blog, las fotografías de Rodolfo Díaz, “Los ferrocarriles
en Bahía Blanca 1884-1948” de Héctor Guerreiro, el buque maqueta de Roberto
Conte, son las más recientes adquisiciones. Aunque quién puede olvidarse de la
Casa del Espía, la Rambla de Arrieta y hasta el propio taller sede.
Con voz inquietante, Testoni y Miravalles cuentan que tienen mucho apuro por
rescatar más testimonios a la historia de los Talleres Noroeste, prontos a ser
desguazados. Frente a su desaparición se hace necesario reconocer su estructura
y tener cabal conocimiento de su aporte a la unidad ferroviaria y portuaria
local y regional.

Legados en cuestión
Reynaldo Merlino se atreve a más: “Hay un patrimonio vivo, son ellos”,
señalando a Orzali y Caballero. “Y también todos aquellos que aportan cotidianamente
al museo”. Para cambiar la cabeza, a lo largo de estos primeros seis meses se
proyectaron debates de fondo en una peluquería montada por Titi Sedrani, con
vecinos y entendidos como invitados se pusieron en discusión las relaciones
entre industria y comunidad, los escapes de cloro y amoníaco del año 2000 y
hasta se habló del auge de las peluquerías en los años dorados del puerto. Seguramente,
pensar en patrimonio es asociarlo al pasado, en cambio, el patrimonio vivo lo
alimenta, lo revive, lo transforma, lo transporta, lo convierte en hoy.

El Castillo
Declarada monumento histórico nacional, la Usina General San Martín fue
proyectada en 1929 para utilización de las Empresas Eléctricas de Bahía Blanca,
como planta termoeléctrica. Fue imaginada por el arquitecto J. Molinari, jefe
de la compañía Ítalo Argentina de Electricidad. “Los trabajos estuvieron a
cargo de la empresa alemana Geopé y para construirlo allí hubo que ganarle
tierras al mar. Dado que el solar era un lodazal hasta donde las mareas llegaban,
sus cimientos tuvieron que ser erigidos sobre pilotes de hormigón que se
hundían en el barro hasta encontrar suelo pedregoso”, se lee en “Arquitectura Ferroportuaria
en Bahía Blanca entre 1880- 1930”, de José María Zingoni.
Terminada en 1932, adquirida por el Estado Nacional en 1948, desguazada entre
1997 y 2000, todavía hoy permanece cerrada en espera de las inversiones que la
refaccionen para reutilizarla en el marco de fines culturales.
Desde lejos, si caminamos por el Puente La Niña, se asoma inconfundible el
Castillo. Se reconoce con este nombre, para imponerse en la memoria de todos
gracias a la escultura de “San Jorge y el dragón”, del italiano Troiano
Troiani. La arquitectura de la revolución industrial sigue siendo un
contrapunto entre elevadores, rieles y embarcaciones.

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2011-07-25 20:59:00
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