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De Rotterdam a La Pampa
Ida van Mastrigt, cónsul del Reino de los Países Bajos desde hace 40 años, narra la historia familiar en un libro que se inicia con el viaje en bicicleta de su padre hasta la visita de la reina Beatriz de Holanda a Tres Arroyos. “El trabajo me da mucho placer”, confiesa “mi salud es excelente y además, mientras me ande ésta -y se señala la cabeza- y me lleven éstas dos- y marca sus dos piernas”. La historia de Ida comienza en Indonesia, su lugar de nacimiento. “No me acuerdo nada”, afirma en la presentación que se concretó en el Museo y Archivo Histórico.
Categoría: Cultura

Ida van Mastrigt, cónsul del Reino de los Países Bajos desde hace 40 años,
narra la historia familiar en un libro que se inicia con el viaje en bicicleta
de su padre hasta la visita de la reina Beatriz de Holanda a Tres Arroyos.
“El trabajo me da mucho placer”, confiesa “mi salud es excelente y además,
mientras me ande ésta -y se señala la cabeza- y me lleven éstas dos- y marca
sus dos piernas”. La historia de Ida comienza en Indonesia, su lugar de
nacimiento. “No me acuerdo nada”, afirma en la presentación que se concretó en
el Museo y Archivo Histórico.

La obra fue escrita por Carlijn Visser, quien se remonta a los orígenes
mismos de la familia van Mastrigt, “mi padre emprendió un viaje en bicicleta en
el año 1937” rememora, desde Rotterdam a Batavia en Indonesia, “luego enferma
cuando llega a Singapur y debe quedar hospitalizado durante seis meses, tres
estuvo boca abajo y tres boca arriba, finalmente se salva”. La familia manda a
una amiga para que lo cuide y es de ella quien se enamora Marinus. “Después
cayó prisionero en un campo de concentración de Japón durante la Guerra
Mundial, al parecer después de eso mi madre no se portó bien y se divorcian. Mi
madre cuenta que al estar en el campo en Batavia se le hacía difícil la vida”.

Trashumante
Ida no cree en las casualidades, “no hay casualidades sino causalidades”,
por eso cuando encontró 3 kilos de cartas de la mano de su padre no se admiró,
en ellas encontró la historia de Marinus, su progenitor, hasta los días de su muerte.
Para ese momento, la cónsul había trabado amistad y trato con Visser, quien la
visitó en Tres Arroyos. Ida y su hermana nacieron en Batavia, sus padres se
habían casado en 1939, “fueron felices hasta que sobrevino la Segunda Guerra
Mundial, sobrevino la invasión de los japoneses”. Las versiones se dividen en
este punto, “mi madre cuenta una cosa y mi padre, otra, al parecer las fosas
comunes y la cantidad de muertos asustó a mi madre y por eso logra salvarnos mi
padre afirma que nos encontró en la calle, encontró un barco para que huyamos y
le encargó a un hombre que nos cuidara y nos subiera, mi hermana tenía 5 y yo 6
recién cumplidos. Deambulamos un mes por el barco”.
La llegada a Rotterdam no fue más sencilla, “nadie nos fue a buscar, había
miedo por las enfermedades, anduvimos en un colectivo todo el día, hasta la
noche mis abuelos paternos nos recibieron en la puerta a las 11 y media de la
noche, quien nos dejó dijo `chicas de Indonesia` y nos dejó como si fuéramos
dos paquetes”. En una estadía con los abuelos que duró 6 meses, el regreso de
padre prometía una vida mejor, “después de 2 años no se habituó a Holanda, que
es como una cajita de fósforos”. Consigue un contrato de trabajo como ingeniero
para venir a Argentina, lo cual concretó en diciembre de 1948, “nosotros nos
quedamos con los abuelos, pero habían criado 5 hijos así que consideraron que
teníamos que estar con nuestro padre”. Subieron a las niñas a un avión y el
destino fue este país, “en un mes se tramitaron pasaporte y vacunas”. Marinus
vivía en un hotel en Quilmes, “y se enteró que en Tres Arroyos había un colegio
holandés con un internado, directamente fuimos al internado, yo estuve 4 años y
medio y después me quedé en Tres Arroyos, fue la ciudad que me vio crecer”.

Aquí
El título original del libro es “Atardeceres Argentinos” y surgió como idea
en 2005. Con una complicidad compartida con Visser, la obra se publica en 2012
y se presenta en Ámsterdam, con la presencia de ex embajadores y tresarroyenses
radicados en Holanda.
“Cuando me enteré que venía la Reina de Holanda visité al embajador seis veces,
quería que vinieran a Tres Arroyos porque es la única colectividad y lo logré.
Propuse un programa por un día, pero me aprobaron nada más que 2 horas de
visita. Fue realmente muchísimo trabajo, la seguridad, las invitaciones, el
catering, la carpa, el viento y los sombreros, que son tan habituales en la
realeza. También había que atender a los periodistas. Fue inolvidable para los
tresarroyenses y emocionante para mí”.
Ida se convirtió en cónsul porque no había postulantes varones, a sus 40 años,
siendo madre de 4 hijos y estando casada, “vivimos muchos años en el campo,
después nuestros hijos se fueron y nos vinimos a la ciudad”, recuerda. “Cuando
me hicieron el ofrecimiento me puse a reforzar el idioma, a recordar mis días
en el internado. No manejo la escritura, pero para resolver los problemas que
se presentan levanto el teléfono o viajo a hablar con el embajador” afirma muy
resuelta, experimentada, alegre y lúcida asegura tener ganas de seguir
trabajando, “estoy en mi cargo, del cual ya me tendrían que jubilar, porque la
gente ha levantado firmas para que me quede, eso me da mucha felicidad y
orgullo, estoy muy agradecida”. El libro contiene el álbum familiar, la
reconstrucción de una vida que se desarrolló en diversos países y con distintas
suertes, “traté a mi madre de grande y finalmente murió cuando estaba en
Holanda”, cuenta. Ida ha sobrevivido a los embates de la vida y aún más se ha
inventado a sí misma en un rol diplomático, generosa a pesar de las tristezas,
defiende su tarea en el consulado y a sus representados.

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2017-07-18 00:00:00
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