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Un solo grito de dolor
Categoría: Cine

Faltaban pocos minutos para las cinco de la tarde del martes 12 cuando el suelo en Puerto Príncipe y aledaños comenzó a sacudirse como una gigantesca alfombra. Edificios y endebles viviendas cayeron en medio de gritos y expresiones de angustia. En pocos minutos se instaló el horror, el miedo, el desconcierto. Haití, el territorio más empobrecido y abandonado de América Latina, se convirtió en un gemido colectivo. Una parte importante de sus casi 10 millones de habitantes perdió sus pocas pertenencias.
No se sabe cuántos cientos de miles de haitianos han muerto o han resultado gravemente heridos. Cuando la Naturaleza golpea a la pobreza, los daños y el dolor se multiplican. Y no es una frase sin fundamento. El corresponsal del diario “El País” de España publicaba el martes pasado una nota que titulaba “los ricos salen casi indemnes” y añadía en el subtítulo que “los habitantes del distrito privilegiado de Puerto Príncipe escapan del terremoto sin un rasguño”. Explicaba que el lujoso hotel Ibo Lelé, en el acaudalado distrito de Pétion Ville, no tiene ningún daño, que su almacén está completo y los clientes no han padecido inconveniente ni carencia alguna. Añadía que en la zona no hay casi ningún edificio afectado. El barrio está en una colina y evidentemente las construcciones, los recursos y las infraestructuras, nada tienen que ver con las de las míseras barriadas de Puerto Príncipe, ni siquiera con los edificios de la capital haitiana.

Pena sobre pena
La parte de la isla de La Española que hoy forma Haití fue primero colonia española y luego francesa hasta 1804, en la que una rebelión de esclavos derrotó a las tropas de Napoleón. Ese territorio del Caribe fue “el centro de la colonia azucarera más rica del mundo, proporcionándole a Francia un cuarto de su riqueza a fines del siglo XVIII”, recordó la revista The Economist en su último número. El fenómeno se debió en gran medida a los 700.000 esclavos africanos que fueron llevados allí y que constituyeron la base de la actual población.
Hoy casi
6 millones de haitianos sobreviven con menos de un dólar al día. La renta anual per cápita es de 430 euros al año. Es la herencia de un pasado colonial, el pago de una “indemnización” a Francia durante 50 años bajo la infame amenaza de un bloqueo naval.
Ya en el siglo XX, la dolorosa historia haitiana recoge dos ocupaciones militares norteamericanas y más tarde las crueles dictaduras de los Duvalier. El país tiene una superficie forestada de sólo el 2%. La voracidad de las transnacionales y las necesidades básicas de los pobladores terminaron con los árboles, convirtiendo a esa parte de la isla en un páramo. En el 2008 Haití sufrió dos huracanes. Ahora, como acorde final de una trágica partitura, un terremoto que aniquila vidas y termina por destruir lo poco construido. La miseria se convierte en nada. Para que Haití sobreviva a su grave terremoto hará falta mucho más que una ayuda coyuntural.

Solidaridad y oportunismo
La colosal dimensión de la tragedia ha convocado la solidaridad internacional. Generosa y auténtica en el sentimiento de los pueblos, pero dudosa y calculadora a nivel de gobiernos. Transcurrida una semana de la catástrofe, cientos de miles de haitianos siguen a la intemperie, la mayoría de ellos sin alimentos ni agua. Decenas de miles están con lesiones importantes, fracturas o heridas abiertas.
El débil sistema sanitario se desplomó, al igual que los tres hospitales de Puerto Príncipe. Médicos y enfermeros en forma autónoma trataron de paliar el déficit. Los cubanos que desde hace años tienen tres hospitales y mantienen unos 400 médicos en Haití, se han prodigado para mitigar las necesidades de atención de las víctimas. Se han practicado cientos de amputaciones prácticamente a la intemperie y muchos de ellos sin contar con anestesia.
Estados Unidos se hizo cargo del aeropuerto en la capital, pero su gestión ha provocado ya incidentes diplomáticos y el enojo de organizaciones gubernamentales. Francia, Venezuela y Brasil, al menos, han reclamado por el comportamiento de las tropas norteamericanas. A su regreso de Puerto Príncipe, el secretario de estado francés para la Cooperación afirmó: “Se trata de ayudar a Haití, no de ocupar Haití”, haciendo referencia al despliegue de diez mil soldados norteamericanos. Al cierre de esta crónica el panorama seguía siendo caótico y había gran lentitud y crecientes dificultades para distribuir la urgente ayuda en alimentos y asistencia sanitaria para los cientos de miles de afectados.

Por Carlos Iaquinandi, Agencia SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa. www.serpal.info

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2010-01-23 00:00:00
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