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Sonrisa en cinemascope
Categoría: Cine

Breve racconto de la carrera cinematográfica del mítico Zorzal Criollo.

Sí, sí, todos estamos de acuerdo en que las efemérides argentinas parecen una página de obituarios. Pero sea por necrofilia, espíritu trágico, influencia masona o lo que fuere, a Carlos Gardel se lo recuerda principalmente en el aniversario de su muerte sucedida el 24 de junio de 1935.
Y dando por hecho que junio es “el” mes gardeliano, una buena manera de unirse a los homenajes es repasar su meteórica carrera en cine.
Curiosamente y a pesar de que cada día canta mejor, debutó en Flor de durazno (Francisco Defilipis Novoa, 1917), un film silente en el que se nos hubiera hecho difícil reconocerlo porque era un mocetón algo entrado en carnes.
En 1930 y en plena fama, rueda en Argentina una decena de cortos que se proyectaban como variedad. Verdaderos precursores del video clip en los que interpretaba un tema y conversaba con uno de sus compositores u otro artista.
Entre 1931 y 1935 protagonizó una seguidilla de ficciones rodadas en Francia y Estados Unidos, algo que prueba el alcance internacional de su figura y que no era sólo una voz bonita.
Films con argumentos muy sencillos y mayormente melodramáticos, en los que Gardel actuaba con cierta soltura y cantaba varios temas.
Según anécdotas de quienes asistieron a las primeras exhibiciones, cada tango provocaba un delirio y el público exigía al proyectorista que rebobinara “la cinta” y repitiera el segmento varias veces.
A excepción del primer film Luces de Buenos Aires (Adelqui Millar, 1931), que tenía elenco argentino, no estuvo secundado por actores destacados y las producciones estadounidenses mezclaban varios acentos “latinos”.
Los más destacados y repetidos en retrospectivas son: Melodía de arrabal (Luis Gasnier, 1932), Cuesta abajo (Luís Gasnier, 1934), El día que me quieras (John Reinhardt, 1935) y Tango Bar (John Reinhardt, 1935), estas dos últimas estrenadas póstumamente en Buenos Aires.
Y cuatro menos difundidas: Espérame (Luís Gasnier, 1932), La casa es seria (Jaquelux, 1932), El tango en Broadway (Luís Gasnier, 1934) y Cazadores de estrellas (Norman Taurog y Theodore Reed, 1935).
Imágenes en blanco y negro, que perpetúan una gran voz, pero sobre todo un mito popular.

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2009-06-20 00:00:00
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