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Sin salida
Categoría: Cine

Cine de terror no apto para hipersensibles o fóbicos.

Sería una exageración asignarle la categoría de subgénero al encierro, pero el temor a quedar incomunicado o atrapado es tan primario y difundido que suele ser un ingrediente importante, una atmósfera y en ciertos casos el centro de la trama de muchos thrillers o films de terror.
Ver un personaje perseguido, enclaustrado o en una situación límite es angustiante y un maestro en crear estas atmósferas fue Hitchcock, que en su clásico 8 a la deriva (1944) presentaba un grupo de náufragos que debe decidir a quien tirar por la borda para seguir a flote.
Aunque lo más común, ambientar en un lugar cerrado, como la mazmorra de El pozo y el Péndulo (Roger Corman, 1961), basado en el escalofriante cuento de Poe, o las cárceles, que siempre han sido un “buen” espacio dramático. Especialmente si se muestra el confinamiento en solitario como en Papillon (Franklin J. Shaffner, 1973).
Los submarinos son tópicos de la estrechez y el peligro, con Das Boot (Wolfgang Petersen; 1981) y su grupo de marinos atrapados en el fondo del mar como uno de sus mejores exponentes.
Las aparentemente inocentes cabinas telefónicas tienen los suyo en tono de comedia en La cabina (Antonio Mercero, 1972) o de drama en Enlace mortal (Joel Schumacher, 2002).
Casas asediadas como en La habitación del pánico (David Fincher, 2002) o malignas al estilo de 13 fantasmas (Steve Beck, 2001) o El resplandor (Stanley Kubrick, 1980).
Las profundidades de cuevas, cavernas y minas, que además de filmes como El descenso (Neil Marshall, 2005) tendrán próximamente la versión filmada de la odisea vivida por los mineros chilenos de Copiapó, y la de un joven montañista en 127 horas (Danny Boyle, 2011).
Y el crudelísimo síndrome de cautiverio, una condición física caracterizada por parálisis total y falta de habla, reflejada en La escafandra y la mariposa (Julian Schnabel, 2007).
Pero el miedo más atávico es a ser sepultado vivo y fue aprovechado en Entierro prematuro (Roger Corman, 1962), Doble riesgo (Bruce Beresford, 1999), Millenium 2 (Daniel Alfredson, 2009) o Kill Bill II (Quentin Tarantino, 2004), entre otros filmes.
Hasta el cine nacional tiene un particular y metafórico ejemplo en el drama Piedra Libre (1976), de Leopoldo Torre Nilsson.
Y el film claustrofóbico por excelencia sería Enterrado (Rodrigo Cortez, 2010), cuya metraje trascurre totalmente en un cajón a varios metros bajo tierra.
Toda una invitación a contener el aliento y desconfiar de las cerraduras.

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2010-11-05 00:00:00
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