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Acuérdate de mí
Categoría: Cine

Título original: Ricordati di me
Dirección: Gabriele Muccino
Guión: Gabriele Muccino, Marcello Daciano
Fotografía: Marcello Montarsi
Música: Paolo Buonvino
Origen: Italia, Francia, UK – 2003
Intérpretes: Fabrizio Bentivoglio, Monica Bellucci, Laura Morante, Silvio Muccino, Nicoletta Romanoff, Gabriele Lavia 
Calificación: Sólo apta para mayores de 13 años

Parejas en crisis, triángulos amorosos, familias que se desmoronan. Temas tan usados que han devenido en tópicos cinematográficos, y son -aunque se los ha abordado en otros géneros- los preferidos por el melodrama.
Con variaciones de estilo -y por supuesto de resultados artísticos-, que van desde la radiografía de una infidelidad que Truffaut presenta en La piel suave (1964) a la crispación angustiosa de
Escenas de la vida conyugal (1974) de Bergman. O los acercamientos más recientes del cine Indy “americano”, casi especializado en familias “disfuncionales”, como en Historias de familia (Noah Baumbach, 2005) o del cine europeo actual como Líbero (Kim Rossi Stuart, 2005).
En Acuérdate de mí el italiano Gabriele Muccino recorre el mismo territorio, enfocándose en la familia Ristuccia.
Carlo (
Fabrizio Bentivoglio) y Giulia (Laura Morante) llevan veinte años casados y hace rato que los ganó la rutina y la frustración de no haberse convertido en el escritor y la actriz que deseaban en la juventud.
Un clima frío, que parece haber influido en que su hija
Valentina (Nicoletta Romanoff) de 17 años, esté dispuesta a cualquier cosa por figurar en televisión y en que su hijo Paolo (Silvio Muccino) de 19, no le encuentre sentido a la vida. Hasta que Carlo intenta reencontrar el calor con Alessia (Monica Bellucci), una antigua novia, quebrando la ilusión de normalidad y dando comienzo a la crisis.
Un relato que no aporta nada nuevo al tema de la pareja, deriva entre lugares comunes, aún con el golpe bajo -digno de un culebrón- con que se intenta empujar la trama cerca del final. Pero no se llega al naufragio total, porque queriendo o sin querer, en varias escenas se expone un mal de la época: el de la dependencia de la imagen.
Los cuatro protagonistas -y varios personajes secundarios-  coinciden en una acuciante necesidad de aceptación ajena. Pasan mucho tiempo frente a los espejos y también buscan su reflejo en los demás para validarse. Algo evidente en el segmento de Valentina, que logra una disección interesantísima de la “cultura del casting”.
Por lo demás, sólo destacan las actuaciones de Laura Morante como la esposa desesperada y Monica Bellucci como la amante, infinitamente más creíble en su lengua materna que haciendo de “maggioratta” en ingles o francés.
Insomma: Muccino quiso repetir el éxito que consiguió en El último beso (2001), con resultado mediocre.

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2007-10-20 00:00:00
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