Opinión

Fecha: Miércoles, 23 Noviembre, 2016 - 00:00

Tremendas explicaciones

¿Las más de 100.000 suspensiones en los primeros diez meses del año son una buena noticia? ¿Habrá estado suspendido alguna vez el Ministro de Producción Francisco Cabrera, dueño de esta consideración? ¿Puede pensarse que alguien al que se le dijo “estás suspendido por 30 días por falta de trabajo” conciba que ha recibido una buena noticia, porque no lo está echando y porque la empresa tiene esperanzas en que la situación económica mejorará, según la explicación del ministro? Empresas líderes emblemáticas de los rubros alimentos y artículos del hogar, están utilizando a los empleados como variable de ajuste para bajar sus costos de producción. Lo único que falta es que tenga la misma interpretación de buena noticia para los más de 150.000 despidos de trabajadores registrados, con alguna explicación como “no eran trabajos competitivos” o “ahora van a poder insertarse en puestos de trabajo genuino” o cualquier otra que pueda sorprendernos por su tremenda desconsideración hacia los trabajadores.
Las cifras revelan el impacto que tiene sobre la dinámica laboral la reducción de la obra pública, la minimización del rol contracíclico del Estado, los menores niveles de consumo ante la caída del salario real, la retracción en la inversión privada, la caída de las ventas externas hacia Brasil, las menores exportaciones de productos de las economías regionales y el aluvión de bienes de consumo importados facilitado por el desmantelamiento del esquema de administración comercial.
Cuando supuestamente ya deberían apreciarse los beneficios de la devaluación, la quita de retenciones -entre otras cosas, reguladoras de los precios internos y distribuidoras de riqueza-, la desregulación financiera y los aumentos de tarifas de servicios públicos que “sinceraron” la economía, de acuerdo a la versión y a las promesas oficiales, nos encontramos que el año cierra con una inflación rondando el 42% anual, un déficit fiscal en casi el doble del año pasado, un aumento en los montos de los subsidios a las empresas de servicios públicos del 30% promedio -¿invertirán?- de la mano de un tarifazo superior al del Cordobazo, una deuda externa en el 56% del PBI -aumentó en valores absolutos más que en toda la Dictadura-, “brotes verdes” en al agro y el sistema financiero -con la timba financiera a full y pagos mensuales enormes por los intereses que genera-, caída en la producción, en el consumo y en el poder adquisitivo del salario.
Y el gobierno nacional se enfrasca en explicar que hubo que hacer esto para estar mejor -en el tercer semestre, ahora, aunque los datos lo están pasando para el quinto-, que ya se está dominando el rumbo de la economía, pero lo cierto es que: 
la deuda externa en dólares aumenta;
el déficit fiscal aumenta;

la inflación aumentó más de 15 puntos;
la pobreza se situó en 6 puntos arriba de la del 2015;
la desocupación alcanzó los 2 dígitos;
el poder adquisitivo del salario disminuyó más de 10 puntos en términos reales;
el consumo se retrae;
la producción nacional cae con motivo de un combo explosivo: achicamiento del mercado interno, aumento de los costos operativos, la apertura de las importaciones y la situación de los países compradores.
la tasa de interés doméstica sigue alta, haciendo imposible la obtención de créditos para la producción;
las inversiones no llegan y están supeditadas a los resultados electorales y la aparición de nuevas leyes que: bajen los costos laborales e impositivos y pongan freno a la denominada “industria del juicio”, y para colmo, el triunfo de Trump hace avisorar un aumento de la tasa de interés norteamericana, lo que encarecería la deuda externa, los capitales se verían atraídos y disminuiría el precio internacional de los commodities argentinos;
el FMI vuelve a participar en el diseño y la aplicación de políticas económicas, condición establecida en la toma de deuda externa.
El discurso es que “queremos un Estado al servicio de la gente”, una economía “con crecimiento y desarrollo inclusivo” y “trabajo genuino de calidad” y “con empresas competitivas” con el método del diálogo y la transparencia como caballitos de batalla pero las políticas económicas siguen siendo de beneficio para las actividades primarias de exportación y el sistema financiero, con proyectos tendientes a crear las condiciones para asegurar rentabilidad de los futuros inversores, pata fundamental de este proyecto, generador de vaya a saber qué tipo de trabajo virtual que algún día aparecerá según el análisis voluntarioso de esta gente. Siguen buscando el generador de trabajo afuera y no a la vuelta de cada esquina, de cada ciudad y pueblo argentino. Y no sólo que no aparece, sino que, al ser motor del endeudamiento, es factor de ajuste salvaje futuro.
Mientras tanto, un sector importante de la población sigue apoyando, aún en contra de sus propios intereses, con un análisis con poco basamento histórico-político-social-económico, creyendo en una esperanzadora expresión de deseos más que en una visión real del rumbo que en este año ha tomado el país, o por tener una mirada más anti que otra cosa. El año próximo será una ocasión para decidir si esto se sigue profundizando o si se le pone freno, pasando a comprender y a ponerle el cuerpo a la lucha que en la calle se está dando por la calidad de vida de la mayoría de los argentinos. Porque si se han destruido leyes reconocedoras de derechos sin mayoría parlamentaria, ni pensar qué harán con mayor poder legislativo.

Domingo 13 de noviembre de 2016

Autor: Por Walter Rezzuti