MIRADAS Cine

Fecha: Martes, 2 Octubre, 2018 - 00:00

Soleados

Un puñado de títulos cinematográficos para recibir a la estación que se tiene por la más bella del año.

Definitivamente las buenas películas son para cualquier época del año o deberían serlo, pero al llegar septiembre y los primeros anuncios de la primavera en los días algo más largos y tibios hay un impulso hacia la claridad y un deseo de dejar atrás las oscuridades del invierno.
Como espectadores eso se traslada a lo queremos encontrar en las pantallas cercanas de smartphones, tablets o televisores, algo que sin ser pasatista sea más amable que la realidad cotidiana.
No se trata de ese cine con temática acorde, que suele asociarse con la efervescencia de las hormonas juveniles y títulos como el argentino Fiebre de primavera (Enrique Carreras; 1965) -con medio “Club del Clan” en el reparto- o el playero Spring Break (Sean S. Cunningham; 1983) -que por estos pagos se distribuyó como Primavera en la piel- bastante obvios en general, aunque algunos se rescaten a fuerza de nostalgia.
La categoría de film primaveral debería incluir a aquellos que tienen la capacidad trasuntar un par de horas en “la vereda del sol” o que muestran la renovación del ciclo vital.
Como ejemplo arbitrario, cinco títulos presentados no en orden jerárquico sino cronológico y relativamente fáciles de encontrar tanto en las viejas programaciones de cable o ediciones en DVD, como en los cada vez más populares servicios de streaming en línea:
Emma (Douglas McGrath; UK, USA- 1996), sobre la chica del título que con apenas veinte años se lanza a armar y desarmar parejas a su alrededor como si fuera una experimentada casamentera y provoca malentendidos y conflictos varios.
Una entre las tantísimas versiones de la novela homónima de Jane Austen, pero que además de ofrecer una ambientación muy cuidada y una inspirada y jovencísima Gwynette Paltrow en uno de sus primeros protagónicos, transmite la sutil chispa irónica de la escritora para reflejar a la sociedad rural inglesa del siglo XIX de la que era parte y víctima como todas las mujeres de esa época.
Tienes un email (Nora Ephron; USA- 1998), casi cualquiera de las comedias de Nora Ephron tiene un aura primaveral y podría entrar en esta lista y de verdad se la extraña porque sabía cómo hacerlas.
Brillan en particular las protagonizadas por Meg Ryan y si bien Cuando Harry conoció a Sally (1989) o Sintonía de amor (1993) servirían a los efectos de probarlo, esta tiene el plus de Tom Hanks en modo galán; a New York antes del atentado del 9/11 y a Internet jugando uno de sus primeros roles destacados.
En realidad es la segunda versión cinematográfica de una obra teatral con trama epistolar, donde dos desconocidos se enamoran a través de un intercambio de cartas que la tecnología cercana al nuevo milenio convirtió en correos electrónicos,
Amelie (Jean-Pierre Jeunet; Francia, Alemania- 2001), una comedia fantasiosa sobre una suerte de heroína tímida -interpretada por Audrey Tautou- que busca crear armonía a su alrededor y es recompensada con una cierta armonía en la propia.
Concebida con los colores fuertes y los toques fantásticos que caracterizan el estilo de su director, que hasta logró convertir a los duendes de jardín en algo simpático.
Cuento de primavera (Éric Rohmer; Francia-1990), primera entrega de la deliciosa tetralogía conocida como Cuentos de las cuatro estaciones de Rohmer.
La típica trama enredosa y los mismos personajes queribles que caracterizan la obra del director francés, desarrollada en un aparentemente tranquilo fin de semana en el campo al que no le faltarán un par de pequeñas intrigas.
Y por último Una pastelería en Tokio (Naomi Kawase; Japón, Francia, Alemania- 2015), una tierna comedia melodramática con algunos de sus mejores planos dedicados a los sakura o cerezos en flor, el símbolo de la belleza y la fugacidad de la existencia al que la sociedad nipona dedica festivales y celebraciones multitudinarias.
Una de las pocas realizaciones de la premiadísima directora japonesa, que se estrenó comercialmente en el país, aunque lo hiciera recién en agosto de este año y apenas se distribuyera fuera de la ciudad de Buenos Aires.
Sus protagonistas excluyentes son tres solitarios.
El amargado vendedor de dorayakis -un pastelito relleno con mermelada de poroto aduki muy apreciado en todo oriente- que hace lo que puede para llevar adelante su pequeño puesto; la ancianita que prueba uno, lo critica con amabilidad y propone enseñarle los secretos de la golosina y la estudiante de secundario que busca el amparo de su compañía.
Al principio el hombre se niega, pero finalmente le da una oportunidad y queda asombrado por la maestría y el sabor que logra la anciana -irrepetible Kirin Kiki- armando una suerte de sociedad amistosa, hasta que algo sale a la luz para romper el encanto, aunque al final deje una lección de supervivencia y amor.

Autor: Silvana Angelicchio