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Fecha: Martes, 24 Julio, 2018 - 00:00

Los gritos de la moda

Fenómeno cultural, revolución creativa, imposición social, la moda tiene sus giros desde el origen del Virreinato del Río de la Plata, un estudio que enfoca usos, costumbres y contextos históricos entre 1789 y 1820.

“La moda comienza después de la Revolución Francesa, en el Río de la Plata se anotician a principios del siglo XX”, cuenta Abel Martínez Ocampo, integrante del Centro Municipal de Estudios Folklóricos, en diálogo con EcoDias. Las evidencias surgen de registros y documentos, y también se tuvieron en cuenta las pinturas realizadas por Emeric Essex Vidal, marino inglés que llegó a Buenos entre 1817 y 1822, y pintó escenas de Buenos Aires.

La influencia de las revoluciones
“La vestimenta neoclásica en el Río de la Plata” fue el nombre del estudio realizado por Martínez Ocampo y Miriam Cansinos, el mismo se convirtió en una charla abierta a todo público en el Museo y Archivo Histórico. “La evolución de la moda está dentro de un proceso largo que se desencadena con la Revolución Francesa, el cambio del vestir, se deja la opulencia cortesana, de grandes vestidos y de pelucas y se comienza a vestir más sencillamente, se dejan de lado los miriñaques. La Revolución Industrial trae todas las posibilidades de mayor variedad de telas, surge la fabricación en serie y deja a mano otros géneros, aunque no pasó inmediatamente que se produjo”. En nuestro país, impactaron las Invasiones Inglesas, que iniciaron tratativas para otro mercado, eso no se llevó a cabo, “se las ingeniaron para pasar telas y otros productos a través del contrabando entre Buenos Aires y los portugueses, algunos barcos que llegaban con bandera española pero que en cierta forma eran ingleses”.
Lo primero que llega a nuestros territorios son los vestidos con corte imperio, devenidos de los clásicos, “es el neoclasicismo, momento en el que se vuelve la mirada a Grecia y Roma, y hacia mediados del siglo XVIII se había descubierto las ruinas de Pompeya, estos acontecimientos llevan a crear una moda parecida a romanos y griegos”. Peinados altos y túnicas, los vestidos de las mujeres cambian su forma, llegan hasta debajo del busto y caen en una gran falda, “esto nos llega a principios del siglo XIX, y en lo que involucra la ropa de salón o ropa urbana”.

Para el campo
La vestimenta rural difiere con la urbana, “se mantiene el tradicionalismo español, con el detalle de realizarlo con el tipo de tela que se podía conseguir, generalmente liencillo o mucho más rústica, “si bien nuestra gente rural vestía al estilo español porque éramos colonia española hasta 1810 también se vestía con lo que podía y en base a que todo tenía que tener un uso funcional”. El vestido de las mujeres era de un lienzo enterizo y se ataba a la cintura un lazo, generalmente, tiento que constituía el sostén, muchas andaban descalzas, otras usaban botas de potro tal cual como los varones. Estos materiales estaban a la mano. “Los hombres usaron, al principio, un calzón, un pescador que caía por debajo de la rodilla, se implementó el chiripá en la modalidad de falda de mujer, se lo envolvían a la altura de la cintura. Para cuando Bahía Blanca fue fundada se usaba ya el chiripá entre las piernas”. También pronto llegaron las modificaciones a nuestra localidad, “las mujeres lucían chaqueta y falda, de diferentes colores, es decir, aparecen las dos piezas, incluso surge la enagua separada de la blusa”.
Las alpargatas llegan mucho después, con la inmigración vasca y francesa. “Entró en 1820 o 1830, no era una prenda adaptada y adoptada por el gaucho. A partir de1870 se tiene el dato de que este calzado empieza a reemplazar a la bota de potro”. También se tiene conocimiento que un inmigrante español abrió una fábrica de alpargatas en Buenos Aires, entonces se convierte en una prenda barata de adquirir. “La boina también es aportada por los vascos, y la faja ancha, la gente del Río de la Plata no desconocía esas prendas pero no las incorporaba en su forma de vestir”. Un dato curioso es que los gauchos solían colocarse aros, en ambas o en una oreja, estos tenían forma de argolla, también usaban el cabello largo y se lo trenzaban en una coleta.
Los estancieros vestían como los gauchos, con diferencias en los tipos de telas y con detalles distintivos como el terciopelo, monedas de plata, tiradores, un buen ejemplo es Juan Manuel de Rosas. “Lo hacían igual porque era la prenda de uso común, práctica”. Para quienes poseían campos pero residían en la ciudad, el panorama de la moda cambiaba, “como tenían capataz se vestían como la gente de la ciudad”.

Ropa de casa, ropa de salida
Una costumbre bastante frecuente, aún hoy, es utilizar prendas para la comodidad e intimidad de nuestros hogares y otras, para lucir, a la hora de las salidas o los trabajos. “Esto también ocurría, principalmente en la burguesía porteña, tenían un vestido para andar a la mañana, otro para la tarde y otro para la noche, no era el caso de las domésticas. Se imprimían folletines con vestidos de día y vestidos de noche; todo lo que fuese de día cubría cuello y brazos, se incluía una mantilla, porque estaba mal visto que las mujeres tuvieran el rostro tostado. Se creía que solo podían tenerlo las personas trabajadoras”. Por la noche, los vestidos dejaban escotes y mangas cortas para lucir más el cuerpo.
“Las mujeres no usaban modistas, confeccionaban su propia ropa incluso los zapatos, se reunían con hijas y domésticas y les enseñaban a bordar y coser, el trato de las señoras con sus empleadas era cercano”. Las mantillas fueron las protagonistas de los accesorios, no se incorporaron los sombreros ni las cofias, hábiles manos, hebillas y destreza permitían que estos rebocillos no se moviesen una vez colocados en la cabeza. El abanico era un elemento muy utilizado, “un instrumento que estaba implicado en el cortejo entre los más jóvenes, de acuerdo dónde se colocase se mandaba una señal al muchacho cortejante, en el manejo popular se decía que si se tocaba el hombro izquierdo con el abanico era señal de que no se podía acercar, y ponerlo por delante tapando hasta los ojos significaba interés”, describió Martínez Ocampo. Otros detalles eran las diademas, un tipo de coronita, sobre el pelo recogido, también la colocación de flores en los trenzados altos, también se lucían aros de perla o criollitos, argollas pequeñas. La mujer marcó los caminos de la moda, el varón no tuvo grandes cambios, “pantalón, saco o frac que puede alternan con el traje, no modifica nada, hacia fines del siglo XIX se define el traje tal cual como lo conocemos hoy”.

Autor: Redacción EcoDias