Juicio a los represores Derechos Humanos

Fecha: Lunes, 7 Noviembre, 2011 - 19:29

Artista militante

Uno de los casos tratado en la última semana durante el juicio a 17 imputados por delitos de lesa humanidad, fue el de Mónica Moran, docente, actriz y poeta, secuestrada y asesinada por personal del Ejército en 1976

Además del carácter histórico por el hecho de juzgar a algunos de los responsables del genocidio cometido a partir de 1976, el juicio contra 17 represores que se está llevando a cabo en Bahía Blanca plantea otras cuestiones interesantes como, por ejemplo, la oportunidad de conocer a las víctimas.
Es decir, en cada audiencia se van tratando los casos por los cuales se acusan a los militares imputados y a raíz de ello van pasando los testigos que cuentan lo que saben de cada secuestro, desaparición o asesinato pero también van narrando diferentes características de quienes, lamentablemente, fueron asesinados o desaparecidos por los represores.
De esta manera, quien asiste al juicio puede saber qué hacían, qué pensaban, cómo eran, con qué soñaban, cuál era su compromiso y por qué decidieron involucrarse en un partido político, organización social, sindicato o grupo armado, cada una de las personas que, militantes o no, deseaban una realidad diferente, lo cual les costó su vida. Con todos estos datos, se puede ir armando una suerte de rompecabezas de los desaparecidos y asesinados, que también contiene carácter histórico ya que quedará en el registro de la ciudad, y se le devuelve, en parte, la identidad a la persona.
En la mañana del martes 1 de noviembre de 2011, se juzgó el caso que tuvo como víctima a Mónica Morán. Ella era artista, docente, actriz que formaba parte del grupo de Teatro Alianza, poeta y también conductora de obras de títeres, entre otros talentos que poseía. Pero Mónica además tenía un compromiso político, militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y fue por ese compromiso que fuerzas del Ejército la secuestraron y asesinaron.
En 1976, María Rosa Escudero trabajaba en teatro, fue cofundadora de Alianza y en ese ámbito conoció a Mónica Morán. Ante el tribunal, María Rosa relató que el 13 de junio de 1976 parte del grupo artístico, dos matrimonios y Mónica, se encontraban en una casa chorizo de Rondeau al 200. Allí estaban, en la última habitación, ensayando una obra para chicos, mientras Mónica permanecía en una pieza adyacente realizando sus títeres ya que iba a salir por el país para presentar obras.
Recordó Rosa que en un momento se abrió una puerta y apareció un hombre joven con un arma corta y cuatro personas también armadas. Hicieron tirar a todos al suelo y preguntaron por Mónica. Ésta apareció y dijo: “Yo soy Mónica Morán”.
Además, los secuestradores se llevaron abrigos, dinero, documentos y pelucas de la obra infantil: “Siempre deduje que además de asesinos eran delincuentes comunes”.
Dardo Aguirre estaba en el piso, levantó su cabeza preguntando qué pasaba y enseguida fue golpeado. Así fue como los represores se llevaron a Mónica Morán y huyeron, cree María Rosa, en dos autos.
Minutos después los compañeros de Mónica salieron a dar cuenta del hecho a todas las comisarías, sin embargo ninguna, y tampoco el Comando Radioeléctrico, quisieron tomar la denuncia argumentando que no se podían hacer cargo del hecho.
Luego, se dio aviso a la familia de Mónica y, cuenta María Rosa, el papá de la víctima dijo que no había que preocuparse debido a que el capellán del V Cuerpo conocía al cura de la iglesia San Luis Gonzaga, que lindaba con la vivienda de los Morán. Este capellán habría dicho que Mónica estaba bien y que iba a salir.
El 24 de junio de 1976, señaló la testigo, se informó por radio que había sido abatida, junto a otras tres personas, la “subversiva Mónica Morán” en calle Santiago Del Estero.
A sus compañeros de teatro no se les permitió acercarse al velatorio mientras que el lugar donde fue enterrada permaneció vigilado durante mucho tiempo: “Era una joven muy bella y muy frágil”, recordó María Rosa de Mónica de quien también dijo que era “muy blanca con sus ojos negros y sus cabellos oscuros”. María Rosa calificó a Mónica como “una gran poeta”.
En ese sentido, comentó que en 1987 realizaron en la misma Aula Magna donde hoy se desarrollan los juicios, una teatralización de los poemas de Mónica.
También testimonió que según contó Ernesto Malisia, fallecido fundador de la APDH de Bahía Blanca, cuando años después de lo ocurrido, se exhumó el cuerpo “ella estaba intacta”. La habían acribillado, se había desangrado de tal manera, destacó, que, según se dice, una persona que sufre eso mantiene su cuerpo intacto. También agregó que sus manos estaban ubicadas como cubriéndose la cara.
María Rosa desconocía si Mónica tenía militancia política pero apuntó que en aquella época en el grupo había un tal Néstor Hernández que decía que era de la SIDE y que trabajaba en Teléfonos del Estado.
Como sus dichos eran tan a boca de jarro y afirmaba que amaba el teatro al punto de ayudar en diferentes tareas, nunca se les ocurrió pensar que Hernández podía ser una especie de traidor. Después del hecho, Hernández nunca más fue al grupo y a partir de ello siempre quedó la sospecha de que fue él quien entregó a Mónica.
“Nunca entendimos por qué nos secuestraron a Mónica Morán”, destacó María Rosa quien al final de su declaración agregó: “Espero que mi testimonio haya servido y que Mónica Morán tenga la justicia que merece, es mi deseo profundo”.

Memoria de hermano
José Luis Morán es hermano de Mónica y declaró ante el tribunal que durante todo aquel año Mónica estuvo en Bahía Blanca, mientras que anteriormente había estado en Neuquén y Cutral-Có estudiando. Del secuestro de su hermana, se enteró esa misma noche por los amigos de Mónica y explicó que se hicieron gestiones para dar con su paradero a través de la iglesia y de su otro hermano, Daniel, quien desarrollaba tareas en la Marina “pero tengo entendido que nadie sabía nada”.
Recordó que Mónica estuvo aparentemente 15 días desaparecida hasta que se enteró por LU2 que había sido muerta en un enfrentamiento en Santiago del Estero y Nicaragua. José Luis no vio el cuerpo de Mónica pero sí lo hizo su hermano y, según declaró, tenía 42 impactos de bala.
José Luis testimonió que Mónica sabía que en la Universidad del Comahue habían desaparecidos amigos y que por eso tenía temor, pero que así y todo nunca quiso irse del país pese a que tuvo ofrecimientos para hacerlo: “Ella quería seguir con su idea, con sus ideales”.
La familia Morán fue otra a partir del 76. Sobre las torturas, sus padres se enteraron tiempo después mientras que su hermano Daniel tuvo que abandonar la Marina ya que se decía que “el hermano de un subversivo no podía estar en la fuerza”.
Fue el repudiable abogado defensor Eduardo San Emeterio quién le preguntó a José Luis por los ideales de su hermana: “Ayudar al prójimo, hacía muchas donaciones, obras de teatro, colaborando… Le gustaba la clase pobre, tenía una forma de ser… Ayudaba mucho a los que necesitaban… Yo la tengo en esa idea…”.

Compañera Mónica
Gladys Sepúlveda era militante del PRT y conoció a Mónica cuando ésta trabajó como administrativa en la Universidad del Comahue y frecuentaba un círculo de amistad en la propia universidad.
Gladys fue detenida en Cipolletti y después permaneció secuestrada en La Escuelita de Bahía Blanca. Un día oyó la voz de una mujer que reclamaba por sus lentes de contacto mientras después le tapan la voz y la insultan, se trataba de Mónica Morán. Fue Mónica quien le dice a Gladys y otras detenidas que se encontraban en Bahía Blanca, que escucharan la sirena de los barcos.
Tiempo después Gladys percibió que alguien forcejeaba presuntamente con Mónica. “Fue horrible”, relató Gladys ya que Mónica no volvió: “Yo me quedé shockeada de qué sería de ella”.
Cuando Gladys es trasladada al penal de Villa Floresta lee en el diario que Mónica Morán había sido abatida en un enfrentamiento.
Daniel Maidana también militó en el PRT y fue compañero de Mónica Morán. Al jurar decir la verdad frente a los jueces, Maidana lo hizo por sus creencias personales y por la memoria de los 30 mil desaparecidos.
En 1976, Daniel vivía en Cutral-Có y estudiaba en una escuela técnica de Plaza Huincul, ambas localidades de la provincia del Neuquén.
El 14 de junio del 76, en el marco de lo que se llamó operativo Cutral-Có fue detenido en la escuela en la que estudiaba para luego ser interrogado y torturado en una comisaría.
Luego de tres días en la cárcel de Neuquén, es llevado a La Escuelita de Bahía Blanca en avión en donde queda secuestrado quince días hasta que lo derivan nuevamente a su provincia.
Daniel recuerda a Santiago “Tío Cruciani” como su interrogador, quien un día le trajo a “Ángela” diciéndole que seguramente la conocía, Daniel en ese momento lo negó.
“Ángela” era una militante del PRT que había estado varios meses en la zona de Cutral-Có. Con el tiempo, Daniel supo que “Ángela” era Mónica Morán de quien no se enteró nada hasta muchos años después cuando se anoticia de su muerte por el supuesto enfrentamiento “justo en esos días en los cuales estuvimos cautivos”.
“Indudablemente, ella, una militante revolucionaria, estuvo siendo interrogada, torturada, maltratada y por su condición de militante y su compromiso con el partido y con otros compañeros, tomaron la decisión de fraguar este enfrentamiento y de ejecutarla sumariamente”, señaló Maidana.
En sus palabras finales, Daniel destacó la conducta revolucionaria, la conducta de vida, el compromiso con sus ideales y el valor de su compañera Mónica, quien nunca fue muerta en enfrentamiento y fue una víctima más de los torturadores y asesinos de Bahía Blanca.


Autor: Redacción EcoDias