LA CRITICA Cine

Fecha: Martes, 19 Febrero, 2019 - 00:00

WiFi Ralph

Han pasado varios años desde que el fortachón Ralph se cansara de ser temido y se revelará contra su condición de eterno villano de videogame y decidiera convertirse en héroe.
Ahora disfruta cada día y en particular de su amistad con Vanellope, pero la máquina del juego donde ella es una veloz piloto se rompe y en su pequeño mundo eso equivale a no tener hogar ni trabajo, por lo que ambos dejan su “Arcade” y se van a Internet para buscar el repuesto, comenzando una aventura tan divertida como llena de sobresaltos.
Esta animación es la secuela de Ralph, el demoledor (Rich Moore; USA- 2012), que tuvo el éxito comercial que suele tener una producción de Disney, aunque el guion estaba demasiado impregnado de nostalgia ochentera y gamer que los niños no captaban.
Pero WiFi Ralph contradice lo que se suele decir de las segundas partes y logró no solo sacudir la modorra estival de la salas de cine, sino convertirse en el primer estreno que pasa sobradamente el millón de espectadores en 2019. Porque tiene la calidad visual de los poderosos Walt Disney Animation Studios y donde la previa titubeaba acierta: una trama ágil con un objetivo claro y un ambiente común a adultos y chicos, ya que se bromea y se hace referencia a sitios y situaciones reconocibles al navegar por Internet.
La publicidad molesta, los videos de desafíos, los virus dan pie a divertidas escenas. También hay una reunión de princesas que sería imposible si no se contara con los derechos y no faltan alguna cancioncita y el típico mensaje edificante, que esta vez exalta la amistad y la capacidad de soltar en vez de controlar.
Aventura colorida y entretenida, en la que se extrañan las copias subtituladas, pero ofrece dos escenas a modo de yapa entre los créditos finales.

Título original: Ralph Breaks the Internet
Dirección: Rich Moore, Phil Johnston
Guión: Phil Johnston & Pamela Ribon
Fotografía: Nathan Warner
Música: Henry Jackman
Origen: USA - 2018
Calificación: Apta para todo público

Autor: Silvana Angelicchio