Juicio a los represores Derechos Humanos

Fecha: Lunes, 21 Noviembre, 2011 - 06:55

Víctimas y Testigos

Durante las audiencias del 15 y 16 de noviembre se sucedieron varios testimonios y también la inspección ocular al domicilio de calle Fitz Roy 137 donde fueran asesinados Daniel Hidalgo y Olga Souto.

De quienes asisten a narrar lo que percibieron en relación a los hechos que se están investigando, a brindar su testimonio, en el juicio histórico que se lleva a cabo en Av. Colón 80, algunos lo hacen como testigos de los hechos que se están juzgando y relatan lo que conocen para avanzar en las investigaciones y develamiento de la verdad. Otras tantas personas fueron víctimas de los delitos de lesa humanidad que se están juzgando. Estas últimas llegan frente al tribunal en calidad de víctimas y testigos. Esta particularidad hace que numerosos testimonios sean para muchas personas un revivir en este presente los hechos traumáticos sufridos hace ya 35 años.

Tacto
Si bien Élida Sifuentes, fue a testimoniar por la desaparición y secuestro de Mónica Moran, ella también fue víctima.
Comentó ella sobre su secuestro y cautiverio. Su paso por el Centro de Detención y Tortura de La Escuelita. Recordó nombres, alias, de ese lugar como Laucha y Lagarto, Tordo. Luego de pasar unos días allí la trasladan junto a Gladis Sepúlveda a la cárcel de Villa Floresta. Recordó que por haber estado vendada todo el tiempo, cuando le sacan las vendas no podía abrir los ojos. Recordó que en ocasión fue una persona vestida con guardapolvo blanco, y que a ella como a tantas otras mujeres, sin ninguna explicación las hicieron poner en fila y que una a una les realizó tacto vaginal. En la Unidad de Villa Floresta estuvo cerca de seis meses y de ahí la trasladan a Devoto en avión. Allí estuvo hasta el año 1981, y siguió con libertad vigilada

La cucheta de arriba
Testimonió también Mirna Aberasturi, amiga de Patricia Acevedo. Contó cómo en febrero de 1977 ingresaron a su casa en patota y le preguntaron por Patricia. Entre los gritos de la madre la secuestraron y la llevaron a un lugar (a La Escuelita) y que allí escucha en una radio que Patricia había sido “abatida” en calle Chiclana. Narró su secuestro en ese lugar, un cuarto, la cucheta de arriba que le hizo pensar que “que suerte que estoy arriba; la violación va a ser más incómoda”. Relató que escuchaba a más gente, que tenían prohibido hablar y ver, y que un día que iba al baño alguien, a quién no le reconoce la voz, le dice “Vasca, en qué te metiste, voy a ver que puedo hacer por vos”.
Recordó que cuando la iban a liberar les gritaban a los que se quedaban en el Centro de detención y tortura: “Lo que es ser viva: llega última y se va primero, ¿por qué? Por no ser montonera” y que también se lo hicieron repetir a ella.
Luego llegó el testimonio de quien es hoy el marido de Aberasturi, Carlos Hugo Kaul, que por entonces era su novio. Él relató cómo la madre de Mirna fue a pedir ayuda al cura Jorge Mayer y que éste, como era su costumbre poco cristiana, le contestó con su clásico “en algo andaría”, “por algo se la llevaron”.
Luego declaró el suboficial retirado Norberto Montenegro, marido de Susana Alicia Cereijo, quien también prestó declaración.

Fitz Roy 137
Luego fue el turno de vecinas del edificio donde fueran asesinados Daniel Hidalgo y Olga Souto. La escribana Edit Carmen Delgado contó que se escucharon movimientos de gente corriendo, tiros y gritos, dentro del edificio. Según ella el edificio aún conserva las huellas de esos tiros. Les habían avisado que no salieran, y a eso de las tres de la madrugada comenzó un incendio en el departamento donde fueron los asesinatos y evacuaron el edificio.
Otra testigo fue Isabel Cristina Souto, hermana de Olga Souto. Ella se encargó de comentar la vida de la familia al desaparecer su hermana embarazada, el tormento de los padres al buscar a un nieto que jamás nació, ya que la familia se entera 12 años después que Olga fue asesinada y enterrada con un nombre falso. A sus restos se le realizó una autopsia, tenía balas de grueso calibre y había sido acribillada desde muy corta distancia. Dijo que “nunca voy a entender esto, porque no puedo entender cómo piensan. Durante mucho tiempo esta historia en mi familia fue ocultada, recién ahora siento que algunos piensan distintos. Ellos tenían todo el poder legal para que, si habían hecho algo, la juzgaran”.

Colimbas y el Loco
Luego, entre otros, se sucedieron los testimonios de varios conscriptos que cumplieron su servicio en Bahía Blanca, en el V Cuerpo de Ejército a partir del año 76. Tal es el caso de Julián Félix, que ingresó en marzo de 1976 y su tarea era ser chofer del general Azpitarte. Recordó al subteniente Méndez, su jefe directo. Contó que le decían a Méndez “Tucho” o “El loco de la guerra”, que de noche se sabía que salían de civil a procedimientos.
Recordó el operativo en calle Fitz Roy 137, porque tuvo que llevar a Azpitarte a ver el departamento y el mismo Méndez le comentó que había participado y lo habían herido en la mano izquierda, que se tirotearon y que habían matado a dos personas. Le dijo que era un matrimonio joven y que la mujer estaba embarazada. Félix refirió pedirle a Méndez que no le contara, que era muy comprometedor, pero Méndez hablaba. Lo recordó con su carácter violento, agresivo, hasta altanero, como con necesidad de contar lo que hacía. Así le narró que habían ingresado al departamento de Fitz Roy, que en el dormitorio mató a la embarazada y el otro que ingresó con él mató al varón en el baño. Por ese entonces “El loco de la guerra” tenía 23 años; hoy con 58 años, Mario Carlos Antonio Méndez sigue una a una las audiencias en el sector de los imputados entre estampitas de San Expedito y pequeñas siestas que se da algunos días en el juicio.
Luego fue el turno del también ex conscripto Néstor Bonifaci, que en su testimonio fue bastante contradictorio con sus declaraciones anteriores. Los jueces le hicieron notar esto y le recordaron la figura del falso testimonio.
Otro conscripto fue Juan José Isacci, chofer y asistente del teniente coronel De La Serna, que recordó también a “El loco de la guerra” Méndez como un personaje no muy querido por los soldados por su personalidad y su gusto por hacer chistes con armas.
Ya el día 16 de noviembre, tomados unos testimonios en Av. Colón 80, el tribunal se trasladó a la calle Fitz Roy 137 a realizar la inspección ocular anunciada la semana anterior.

Durante esta semana las audiencias se realizarán los días martes 22, miércoles 23 y jueves 24.

Autor: Redacción EcoDias