TEATRO LOCAL Cultura

Fecha: Martes, 18 Diciembre, 2018 - 00:00

Una manera de llegar a Arlt

Mariposa Monarca tuvo un año de lujo, estreno y funciones para un grupo teatral que se la juega en el escenario.

En una pensión de mala muerte, seis perdedores planean, desde la impunidad absoluta de su anonimato, hacer una revolución. Mariposa Monarca propone “un posible plan para dejar de ser gusano”, obra construida con cuentos de Roberto Arlt y poemas de Raúl Gonzalez Tuñón.
La obra es producción del grupo de teatro de Rocío Ameri, “surgió de las clases de teatro en Compañía de arte El Desarmadero, y varios de quienes componen hoy Mariposa Monarca salieron de ese primer taller que se sostuvo hasta ahora”. Los ejercicios teatrales propuestos en ese ámbito generaron “estas pequeñas criaturas”, que con vida propia giraron en los encuentros y “reclamaban una obra, a partir de la improvisación apareció una intención muy marcada por parte del grupo y por parte mía que los estaba dirigiendo a decir de una manera clara”. Los personajes que suben al escenario tienen mucha ambición de poder, en este punto de construcción, se impuso la necesidad de una textualidad. “Hace años hice un trabajo sobre Roberto Arlt y conozco su obra, y no podía dejar de pensar en ella cuando realizábamos la búsqueda, empecé a armar un collage que después se convirtió en nuestro guión”. En la selección aparecieron cuentos de Los Lanzallamas, Los 7 locos, Juguete Rabioso, Aguafuertes porteñas y una autobiografía del autor, después de este repaso literario, en una construcción artesanal se acabó en la idea central del texto teatral.
La acción se desarrolla en una casona venida abajo, donde residen estos seis personajes, que quieren hacer la revolución social. “Había una necesidad imperiosa de enmarcarla en un espacio más reducido donde pudiéramos trabajar con la escenografía que nos daba el propio lugar, entonces aparece la Casa del Pueblo”. En este lugar se realizó el proceso creativo y el montaje de obra que les llevó alrededor de un año y medio. Una de las innovaciones de la propuesta teatral es que se incluyeron seis dispositivos de imágenes, “en ellos vamos transmitiendo recortes que fueron seleccionados, jugamos con lo que los personajes son y lo que aparentan, y es ahí donde entran un poco los medios de comunicación”. El clima de la obra es denso y pesado, “tiene también muchos momentos donde el público puede descomprimir, encontramos a través de los personajes la veta más sarcástica o el humor llega para permitirnos esto”. El cinismo que enlaza y entrama a los personajes deja ver a Roberto Arlt en su esencia literaria.

Construir un personaje
Según la directora, actores y actrices se entregaron a la construcción de la obra de manera incondicional y sin prejuicios. “El personaje suele estar de antemano, está pujando por salir y cuando querés acordar sale”, apuntó, aunque la labor está condicionada a los recursos que se van armando en las clases.         Llegada desde los talleres teatrales, Mónica García se mostró dispuesta a los desafíos, “busqué desde mis zonas menos exploradas, y llegó Felicia, que creo que es la que me imaginé inconscientemente, no sabía cómo iba a ser, y apareció en la improvisación y en la lectura del guión”. Uno de los ejercicios realizados estuvo vinculado con hablar con amigos imaginarios, una forma de salirse de la realidad para después volver. “Felicia está totalmente lúcida, rompe con Hipólita, una mujer desclasada, y también rompe con la intelectualidad del escritor, que es propuesto también por Arlt, el escritor tiene que saber pero el vida y en la calle y en el conocimiento de uno mismo no lo vas a encontrar en los libros”. El alto compromiso de actrices y actores involucró mucha lectura de los autores involucrados, “era para empaparnos del mundo arltiano, porque el universo que propone, el clima que genera, fue una manera de apropiarse de un lenguaje muy particular”, sumó la directora. Sergio Rodríguez interpreta a Haffner llega al personaje después de mucho trabajo, “muy construido en los ensayos, intensos, de dos días a la semana con tres horas cada vez, o sea, que fue un gran laburo. Al principio, no empatizaba con el personaje, me costó mucho pero me di cuenta que es una hora y pico donde no soy yo, pienso como el personaje, y no sé por qué está pasando. En la última función terminé agotadísimo, la entrega energética que uno hace durante la función desde lo corporal, la respiración y siempre en ir redescubriendo los textos”. En una dinámica distinta, Rodríguez comenzó con la conexión con el grupo, con la directora, y luego fue a la lectura en sus letras y escucha. “Mi personaje es un matón de poca monta, tiene algo de lúdico y una gran oscuridad”, por lo tanto está habitado por una gran polaridad.
Los personajes están puestos a través de una lupa gigante y a su vez a través de otra lupa más grande que es la cámara y los televisores, “lo llamativo es que el público no se cuestiona en ningún momento lo aumentado de esa realidad, entra en el código que están proponiendo desde el tono actoral desde entrada”. El convivio se logra casi de inmediato, “creo que eso tiene que ver con qué verdad encaran el personaje”. Adultos y jóvenes componen el grupo teatral, “trabajamos en un tono de actuación muy subrayado y muy polarizado, surgiendo en cada personaje lo que es y lo que aparenta, todo el tiempo, continuamente y esto marca un ritmo en la obra y en la actuación”. Después de 17 funciones, quieren volver a intentarlo el año próximo, cuando retomarán las presentaciones.

APUNTANDO LOS TALENTOS
“Mariposa Monarca. Un posible plan para dejar de ser gusano" contó con las actuaciones de Jonatan Oliva, Sergio Rodríguez, Oscar Rial, Melisa Melinger, Silvia Sogni, Mónica García, bajo la dirección y dramaturgia de Rocío Ameri. La asistencia de dirección estuvo a cargo de Emilia Delfino. El diseño de iluminación fue realizado por Julián del Río, la iluminación Flor Luchetti, la idea y realización escenográfica de Walter Benedetti y la fotografía de Lucho Lapolla.

Autor: Redacción EcoDias