Biblioteca Bartolomé Mitre Instituciones

Fecha: Sábado, 24 Junio, 2006 - 00:00

Un tesoro en Villa Mitre

La Biblioteca Bartolomé Mitre, ubicada en Washington 224, una de las calles más significativas del barrio, nació el 10 de abril de 1922. En esa época no funcionaba en Washington, adonde se mudó en 1934, sino en calle Falucho.
“Un grupo de gente de esa época, vio la necesidad de tener un espacio para los chicos de la zona, ya que esa época trasladarse al centro se hacía más difícil”, nos cuenta Adriana Ruano, una de las bibliotecarias, que llegó por una suplencia de 3 meses y ya lleva 13 años.
El primer presidente de la Biblioteca B. Mitre fue Román Cantalutti, un reconocido vecino de la zona que trabajó en la recepción de aquellas primeras donaciones del barrio.

Antigua y popular
Es importante destacar que esta entidad es una de las bibliotecas populares más antiguas de la ciudad: su número de reconocimiento de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP) es el 44. Además forman parte del Consejo Municipal, la Dirección Provincial y la Asociación de Bibliotecas Populares del Sur de la Provincia de Buenos Aires.
“Tratamos de mantener actualizado el material bibliográfico, que es difícil porque los libros están carísimos. Nosotros tenemos muchas escuelas del sector. Acá las docentes nos traen el listado de libros que van a usar durante el año y poco a poco vamos comprándolos, porque si compramos un solo libro lo tenemos que poner únicamente de consulta y hay socios que quieren llevárselo a su casa. Se hace difícil duplicar el material”, señala Adriana.
El aporte de cada socio es valorado. Actualmente en el orden de 700 personas pagan regularmente su cuota de $ 4. Tienen, por otra parte, un simbólico “castigo” para aquellos que se demoran en la devolución de los libros, y esta recaudación la destinan a comprar más libros.

El tesoro
En total cuentan con 32.367 volúmenes. Por su condición de popular los temas son variados: libros de texto para escuelas, literatura, diccionarios, enciclopedias, algunas revistas, recortes de diarios, textos bajados de Internet archivados en biblioratos y algunas joyitas como libros que datan de principios de 1900.
“El primer libro que ingresó por donación a la biblioteca es una novela llamada ‘La nariz de un notario’, de Edmund About, y el último fue una enciclopedia adquirida por compra”, nos cuenta la bibliotecaria.
Los sectores dentro de la biblioteca están divididos en sala de lectura, depósito de libros, aula de inglés, videoteca con más de 600 cintas, salón multiuso, cocina con fogones, sector de fotocopiadora y sala de computación. Entre las carencias, Adriana enumera la hemeroteca, una sala de lectura silenciosa para separar a los niños que hacen sus tareas de los mayores y una sala infantil específica, todo por cuestiones de espacio. Este último punto lo “resuelven” estableciendo que la estantería infantil sea la única abierta a los pequeños lectores, a fin de que los chicos se relacionen con los libros, “que tengan contacto con ellos y busquen que es lo que quiere leer”.

Espacio abierto
En épocas de clase, muchos chicos se reúnen en la Biblioteca, ya sea para sacar libros, consultarlos o para hacer los deberes. La sala se transforma entonces en un aula bulliciosa, variada en edades, llena de vida. Con todo, se mantiene un grupo de socios adultos de muchos años que asisten a leer el diario o retirar novelas. Y también otro grupo que asiste casi diariamente, el del geriátrico vecino: cada mañana se los ve en la sala de lectura con el diario o el libro entre las manos.
Como en la mayoría de las bibliotecas populares se dictan cursos gratuitos. En este caso se está llevando a cabo un curso de telar mapuche además de los ya conocidos por el barrio, como inglés, gimnasia, computación, yoga, manualidades y apoyo psicopedagógico.
Si al terminar de leer esta nota, todavía no se decidió, hágale caso a Adriana que invita a todos los vecinos de Villa Mitre en especial a asociarse a la Biblioteca Bartolomé Mitre a fin de acompañar el crecimiento de esta reconocida institución.

Autor: Redacción EcoDias