PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO Locales

Fecha: Martes, 31 Julio, 2018 - 00:00

Todavía hay un castillo

Fue una usina eléctrica, hoy es un edificio curioso a la orilla de la ría que atrae paseantes y admiradores, también una deuda pendiente de recuperación.

Qué historias cuenta este castillo, es una buena pregunta para reconocer la existencia de este edificio de atractivo arquitectónico. Construido en 1932 por
Ítalo Guiseppe Molinari, tiene la presencia de un castillo medieval, el trabajo de diseño fue realizado por el arquitecto a pedido de la Compañía General de Obras Públicas, y bajo este estilo realizó otros trabajos de construcción, uno muy destacado y actualmente conocido como la Usina del Arte, en La Boca.

¡Se hizo la luz!
“Se concede a la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad la autorización para producir, introducir, transportar, distribuir y vender energía eléctrica destinada al alumbrado público y particular, fuerza motriz, tracción y cualesquiera otros usos y aplicaciones de la misma en el territorio del Municipio, para uso dentro y fuera del Partido de Bahía Blanca y el uso de todas las calles, caminos, plazas y puentes públicos para la colocación de postes, cables y demás dispositivos y aparatos que se necesiten para la explotación de ese servicio”. Este es el texto de la ordenanza que habilitó un nuevo suministro de energía para la ciudad. La ex usina Gral. San Martín no fue la primera en realizar la tarea en nuestra ciudad, durante la década de 1920, las empresas ferroviarias inglesas generaban la electricidad para abastecer a las empresas portuarias, dos de ellas se encontraba instalada, por supuesto, en Ingeniero White y funcionaron a partir de 1902 y 1908, otra en Brickman y Donado, habilitada en 1907 y en Loma Paraguaya, a partir de 1910, en este último caso surgió el aporte al alumbrado público y la provisión a algunos domicilios.En 1924, cuando la empresa Ferrocarril Sud adquirió los bienes del Ferrocarril Bahía Blanca al Noroeste, concentró sus actividades en el transporte ferroviario y en las exportaciones portuarias, abandonando los servicios urbanos de electricidad, gas y transporte tranviario que gestionaba a través de empresas subsidiarias”, cuentan los archivos de Ferrowhite Museo Taller.
La Compañía Ítalo Argentina de Electricidad se instaló en la ciudad, y mantendría una concesión mínima de 20 años, con términos máximos de 50 años. En 1929, la Empresa Eléctrica Bahía Blanca, filial local, compró un terreno de más de 13 metros cuadrados en la costa de la ría. La empresa de construcción había comenzado con el relleno del lugar, donde se colocaron 700 pilotes de hormigón, ganando terreno al mar. La usina bajo el nombre Gral. San Martín suministró energía a elevadores, muelles y “también para que encendieran cada una de las lamparitas, las heladeras, las planchas, las radios y los televisores que fueron poblando los hogares de Ingeniero White, de Bahía Blanca, e incluso, de varias localidades de la región”. Generó 15 mil kilovatios, cantidad que triplicaba la capacidad de la usina de Loma Paraguaya, por eso se la llamaba la “súper usina”, su puesta en marcha fue el antecedente de un monopolio de 16 años.

¡Al mango!
“Un repaso a las memorias de la empresa, permite advertir que, si bien con tendencia a la baja, el gran cliente de la usina durante sus primeros diez años de existencia continuó siendo el propio ferrocarril inglés, que mantenía bajo su dominio el manejo de muelles y elevadores”, por lo tanto, aún no se atendía a la población con lo suministrado.
El 15 de noviembre de 1948, el ministro Raúl Mercante, encargado de Obras Públicas preside el acto de toma de posesión de la usina, la expropiación llegó con indemnización para el grupo inversor. “A
partir de ese momento, el castillo pasó a depender de la Dirección de Energía y Mecánica de la provincia de Buenos Aires (DEMBA) y su nombre ‘Ingeniero White’ fue reemplazado por el de ‘Gral. San Martín’”, rezan los archivos. La población ya ascendía a más de 100 mil habitantes, por lo tanto, las demandas eléctricas crecían, y la usina pasó a tener un papel preponderante para los ciudadanos, ya que pasó a producir un servicio para la vida doméstica. En 1954, el edificio logra su máxima entrega de electricidad, por lo tanto, incorpora una nueva turbina de 15 mil kilovatios. Lo que llegó después fue la ampliación, involucró ocho años de planificación y concreción, en 1962 se inauguraron tres calderas, dos turbinas, se habilitaron laboratorios de agua y aceite y el taller regional de reparaciones, sede actual de Ferrowhite Museo Taller.
Sobre fines de 1960, los habitantes que obtenían el servicio eran 430 mil, más de 17 localidades involucradas, las exigencias crecían aún más, cualquier inconveniente dejaba sin energía durante horas a muchas localidades.
“A pesar de las mejoras y ampliaciones, los problemas de abastecimiento no desaparecieron. Por eso, y ante la perspectiva de la creación de un polo petroquímico que, evidentemente, incrementaría el consumo energético, a principios de la década de 1970 se empezó a considerar la posibilidad de construir una nueva central”. Dos proyectos fueron evaluados, uno era la instalación de una usina nuclear y otro, la creación de una central térmica, que aprovecharía el carbón producido en Río Turbio. Eran tiempos de dictadura, en 1978 se confeccionaron los pliegos para la instalación de la usina Comandante Luis Piedra Buena, hecho que se logró en 1988.
La aparición de una significó el cierre de la primera, el 28 de diciembre se apagó la gran usina. Varias idas y vueltas, dieron esperanzas de reactivación, hasta que en 1999 comienza el desguace y remate de las maquinarias y herramientas. El desprolijo proceso dejó al lugar sumergido en asbesto, contaminado y abandonado. En el año 2002 es declarado “Monumento Histórico Nacional”, según el artículo 2 de la ley 25.580, el destino de la sede es convertirse en “un establecimiento de un polo cultural, donde se expresen todas las manifestaciones del arte nacional promoviendo así el desarrollo social y cultural del lugar y su zona de influencia”. Posteriormente, es declarado “Monumento histórico y bien incorporado al Patrimonio Cultural de la Provincia de Buenos Aires” por la ley provincial 12.932”. Sin embargo, aún espera que se hagan realidad su recuperación y resignificación.

GUARDIANES
El taller de mantenimiento y sus galpones anexos fueron conservados y se convirtieron en sede del Museo Taller Ferrowhite, inaugurado en 2004. La residencia del jefe de planta también fue rescatada, y se convirtió en La Casa del Espía, café y espacio de muestra. También se logra la instalación de guardaparques “Puerto de Ingeniero White” de la Reserva Natural Provincial de Uso Múltiple “Bahía Blanca, Bahía Falsa, Bahía Verde”, en una de las casas de bombas. Trabajadores y trabajadoras del Museo ponen manos a la obra y limpian el terreno próximo a la usina para construir la Rambla de Arrieta, espacio de recreación, observación de la fauna y la flora marítima y el movimiento portuario. Con el aporte de la Universidad Nacional del Sur, se aisló un sector de la ex usina, 200 metros cuadrados de una sala que se encuentra comprometida con la actividad del Taller Prende, trabajos de serigrafía para pequeños, jóvenes y adultos.

UN LIBRO CURIOSO
Nicolás Ángel Caputo escribió “El Castillo de la Energía”, publicación que resguarda la historia de la ex usina General San Martín desde la mirada de uno de sus trabajadores.

Autor: Redacción EcoDias