Opinión

Fecha: Martes, 18 Julio, 2017 - 00:00

Saber esperar opinando

Las aguas del río en que te bañaste y aun las gotas las tienes en tu piel, si vuelves a entrar, ya no son las mismas aguas que las de tu primer baño están a cientos o kilómetros de distancia.
Lo mismo pasa en la política, lo que dijiste ayer, fue superado por los nuevos acontecimientos y, si querés estar a la altura de lo que está pasando tenés que cambiar.
Lo que acontece diariamente es mucho más de lo que estás pensando.
Todos estamos pensando en el país (Argentina), quienes son los candidatos que se presentan.
Para mí no es cuestión de candidatos sino de lo que van a hacer (pónganle el nombre que quieran).
Lo que hace este gobierno, no se lo puede llamar gobierno o política.
Lo que hacen es transferir la economía del país, cambiarla de manos y distribuirla entre ellos.
Representan intereses de una derecha en el más alto nivel de demencia política.
Le cabe la expresión de “capitalismo salvaje”.
Mariategui (marxista peruano), ya nos hablaba por los años 35/36 de una clase social burguesa orgullosa de si misma, refiriéndose a la Argentina.
El plan (si es que lo tiene el gobierno), es apoderarse del país, es volver a reducirlo y que el estado sea solo portavoz de los grandes intereses que están acumulando.
Cuando hablamos de “ciencias económicas”, los gobiernos y sus personajes no cuentan.
La ciencia económica se basa en el conocimiento, la radiografía del país.
La ecografía, el análisis y la tomografía computada, aquí y hoy nada de eso sucede.
La Argentina prospero en la medida que preparo al país dotándolo de tecnología e industrialización.
El termino valor agregado a nuestra producción salía al encuentro de una necesidad, somos un país muy extenso y con una población entre 40/45 millones de habitantes, de perfil agrícola y exportador.
Abandonar la industrialización y todo lo que ello significa (comercios-pymes) y pretender que vivamos solamente de la producción agropecuaria, en las condiciones del mundo en que vivimos y sus permanentes cambios, es un suicidio.
Se cierran fábricas, crece la desocupación y la pobreza, se venden como nunca maquinarias agrícolas de gran nivel tecnológico.
Con lo cual estoy de acuerdo, si el campo en que nací, producía allá por los años 1930/35 como máximo 7/8 bolsas con 65/67 kilos de trigo por hectárea y hoy ese campo produce unos 2 mil a 2.500 kilos, logro de los adelantos genéticos y la industrialización de las tareas agrícolas.
Es para tomarlo en cuenta.
Hacerlo a costo de la pérdida de la industrialización del país, es poco convincente comercialmente. Y una aberración científica.
Lo que intenta hacer este gobierno no tiene porvenir y esta destinado al fracaso.
Se lo oí decir a Cristina (como presidenta): “Con un ojo miro lo que pasa en el país, con el otro, miro lo que pasa en el exterior”.

Autor: Por Aron Berstein