MIRADAS Cine

Fecha: Martes, 9 Mayo, 2017 - 15:47

Rivales

Una cuidada producción televisiva estadounidense recupera la enemistad de alto vuelo entre dos divas.

Rivales o Feud, ya que se la exhibe con su título original en inglés, es una de esas series definidas como “de antología”, porque no siguen la trayectoria o los avatares de los mismos personajes o ambientes y en cambio ofrecen un marco temático para desarrollar diferentes tramas en cada nueva temporada.
Una propuesta que ha dado bastante resultado creativo y económico en el pasado -menudeaban a mediados del siglo XX- y últimamente han vuelto con fuerza, como lo demuestra American Crime Story, donde se vuelve sobre sonados casos policiales de Estados Unidos y el año pasado en su tercera temporada recibió varios premios con la versión ficcionada del juicio de O. J. Simpson y en la cuarta se apresta para hacerlo con el escandalo Clinton- Lewinsky.
Por su parte, Feud tiene a Ryan Murphy como creador y director, es producida por el canal de cable FX, se lanzó en marzo, se la difunde en Fox Premium y esta primera temporada de ocho capítulos está dedicada a la rivalidad emperrada y cinéfila entre las actrices Bette Davis y Joan Crawford.
Dos estrellas del Star System de Hollywood muy diferentes en su estilo interpretativo y el alcance de sus talentos, que solían competir por los mismos roles.
No se llevaban bien por eso, por celos artísticos y por pequeños encontronazos viscerales, pero también porque su animadversión era fogoneada por ciertos productores y por la prensa, cuando les convenía manejarlas a su antojo o necesitaban titulares vendedores.
Podemos ver a una Bette Davis en todo su esplendor a cargo de Susan Sarandon. Un verdadero hallazgo, no porque no se sepa que la actriz es capaz de interpretar cualquier rol, sino porque quien ha tenido la suerte de ver films de La Davis aprecia que -con ayuda de maquillaje que acentúa lo grande de sus ojos, el peinado y el vestuario justo- haya sabido captar su gestualidad, los matices de su voz ronca de fumadora y su personalidad fuerte.
La contraparte la da acertadamente Jessica Lange como Joan Crawford, otro tipo de actriz menos talentosa que Davis pero más bella, por lo que una encarnaba a las vampiresas mientras la otra a las excéntricas de gran carácter.
No se trata de una biografía y el ciclo aborda el particular momento de sus carreras y sus vidas -a principio de la década del 60- cuando entradas en la cincuentena les era difícil conseguir trabajo y veían decaer sus famas y sus cuentas bancarias.
En 1961 el director Robert Aldrich -lucido Alfred Molina- las convence de coprotagonizar un film de terror de bajo presupuesto titulado ¿Qué pasó con Baby Jane? (1962), a sabiendas de su rivalidad y contando con la publicidad extra. A lo que las dos mujeres accedieron, temiendo que pudiera ser su último papel y sin dejar de hostilizar tanto o más que las hermanas que interpretaban y creando una leyenda alrededor de ese rodaje.
Hoy se lo considera un clásico el terror psicológico, pero en esos años ese film era casi un despropósito, porque los estudios en general no estaban interesados en el proyecto y no creían qué “dos vejestorios” pudieran llevar público a las salas, aunque finalmente Jack Warner -magníficamente interpretado por Stanley Tucci- accedió distribuirlo y fue un éxito.
El cast o elenco de la serie es su mayor valor de producción, aunque no el único: la reconstrucción de época es estupenda y el guion pudo haber sido más conciso, pero atrapa reflejando lo que en definitiva es un chisme contado de manera deliciosa a aquellos que disfrutan de los entretelones del cine.
Se puede puntualizar que con realizaciones cómo está la televisión -siempre sujeta a críticas mientras va perdiendo incidencia ante el avance del streaming y otros modos de acceso a materiales audiovisuales- revela que puede ser vehículo de algo atractivo e inteligente por igual.
Y aunque se menten hechos de hace medio siglo también echa luz sobre el presente, porque muchos diálogos reflejan que en aquellos años las mujeres de la industria eran menospreciadas, se menoscabada su poder, se las manipulaba, se les pagaba menos que a sus colegas masculinos y el acceso a la dirección les era vedado; cosas por las que siguen protestando.
Para no perderse ninguno de los capítulos -aunque los cinco primeros sean los más jugosos- y el final casi onírico.
Para leer la novela homónima de Henry Farrell en que se basó el film y volver a ¿Qué pasó con Baby Jane? (1962) -del que se reproducen algunas escenas- y las filmografías de Davis, Crawford y Aldrich.
Y disfrutar de este viejo chisme glorificado y las buenas actuaciones, sobre todo porque ya se ha anunciado que la segunda temporada de Feud estará dedicada a la casi demasiado meneada rivalidad entre el Príncipe Carlos y Lady Di.

Autor: Silvana Angelicchio