La crítica Cine

Fecha: Sábado, 23 Septiembre, 2006 - 00:00

Pregúntale al viento

Título original: Ask the Dust
Guión y dirección: Robert Towne
Fotografía: Caleb Deschanel
Música: Héctor Pereira, Ramin Djabadi
Origen: USA - 2006
Intérpretes: Salma Hayek, Colin Farrell, Donald Sutherland, Idina Menzel
Calificación: Sólo apta para mayores de 13 años, con reservas

La narrativa siempre ha aportado argumentos al cine, pero hay films como este, que podrían ser calificados como específicamente “literarios”, por describir específicamente el proceso de creación de cierto texto.
En Pregúntale al viento el director californiano Robert Towne se da el gusto de trasladar a la pantalla la novela homónima de John Fante, autor que admira profundamente y que llegó a conocer unos años antes de su muerte.
Towne es uno de los mejores guionistas de la industria cinematográfica estadounidense -bastaría nombrar su libro de Chinatown (Roman Polansky; 1974) para probarlo- donde por estos días son una raza casi extinta.
Aborda casi todos los géneros, destaca como script doctor -arregla los bodrios que escriben sus colegas- y de cuando en cuando despunta el vicio de dirigir.
Fante, por su parte, fue un cuentista y novelista que destacó en la primera mitad del siglo veinte, especialmente con la serie sobre su alter ego Arturo Bandini, de la que Pregúntale al viento forma parte, incluyendo todos sus temas recurrentes: la pobreza, lo que significa ser ítalo-norteamericano, y las relaciones disfuncionales.
El proyecto pasó por muchas manos, y el guión de Towne rebotó más de una década por todos los estudios, hasta que pudo conseguir producción.
Comienza con el joven aspirante a escritor Arturo Bandini, mudándose a Los Ángeles al principio de la década del ‘30, en busca del sol y las experiencias que le permitan plasmar la “Gran Novela Americana”. Pronto debe el alquiler de la pensión, y rebusca en los bolsillos para pagarse una taza de café.
Por fortuna el café lo sirve la bella Camila -evocación de Camille (George Cukor; 1937)-, una chica mexicana que como él busca avanzar en la vida. Pero la evidente atracción mutua no alcanza para borrar los prejuicios y malentendidos que los separan.
Quienes creen en el destino, dirían que Towne no debió contradecirlo e insistir en realizar este film, porque toda su experiencia y empeño no dieron el fruto deseado. Tiene la ambientación correcta, Hayek y Farrell son tan atractivos como se pudiera desear, el guión se apega al texto original, pero al conjunto le falta algo.
Ese algo indefinible -que hubiera hecho creíble la angustia de los protagonistas por no conseguir lo que ambicionan-, su pasión, y la sorpresa de encararse con la muerte. Están los gestos y las palabras, pero el espectador no cree casi nada, y hasta se aburre un poco, en especial con la redundante voz en off del protagonista.
Rescatable: apenas los secundarios de Sutherland como el viejo y alcohólico Hellfrick, e Idina Menzel como la sufriente Vera Rifkin.
A veces el todo puede ser más que las suma de las partes, y a veces menos.

Autor: Silvana Angelicchio