BIBLIOTECA RIVADAVIA Instituciones

Fecha: Martes, 1 Diciembre, 2015 - 00:00

Préstamo automatizado

La Biblioteca Popular Rivadavia estrenó el sistema de préstamo automatizado para todos los sectores de la institución. Gonzalo Faramiñán y Norma Bisignano contaron a EcoDias el trabajo de implementación, la preparación del personal y el logro alcanzado en beneficio de la lectura.

"El proceso comenzó hace muchos años, en el 2004, cuando se empezó a trabajar en otro de los módulos de software que acabamos de implementar ahora que se refiere a la carga de libros y a la visualización de un católogo público. Lo que terminamos de implementar en estos días fue el módulo software que se llama CaMPI, que se refiere a la circulación de libros, permite hacer las reservas, los préstamos, todas las transacciones que se hacen tradicionalmente con tarjetas en papel, ahora se hacen en registros electrónicos, lo cual implicó integrar el padrón de socios. Teníamos informatizado la carga bibliográfica de los libros, el software del sistema de circulación es unir los socios que están cargados en otro sistema con los libros que ya están cargados de antes, así se genera el préstamo", explica Faramiñan, empleado de la biblioteca e impulsor de su puesta en marcha.

Adiós

"Ya sacamos fotos a la caja de fichas que vamos a descartar. Cajas y cajas de tarjetas que sacamos, para quienes entienden las bondades de la automatización, el no uso de papel ya es importantísimo, el tiempo que implicaba recuperar el cartón, forrarlos, sellarlos, muchas horas de personal dedicadas a eso, tipeando, el sistema hace absolutamente todo" reflexiona Norma Bisignano, directora de la biblioteca. "Al tener toda la circulación automatizada tenés un control preciso de cuántos libros están circulando, qué socio tiene cada libro, las reservas, los préstamos, cuántos libros hay en encuadernación. Lo que se hacía en forma manual e incluso aquellas que se hacía imposible de hacer manualmente porque implica muchísimo trabajo, ahora al estar automatizado es mucho más fácil" agrega Faramiñan.
El logro es un trabajo grupal e interinstitucional, ya que contó con la tarea de catalogación en códio de barra, a cargo de Fermín Ramírez, mientras atendía sala juvenil y fue quien se animó a tomar el libro con el código 001 hasta los 150 mil volúmenes de la biblioteca. Gonzalo Faramiñán se fascinó con la informatización y logró capacitarse con el personal de la Biblioteca Central de la Universidad Nacional del Sur. Lucas Ruppel se sumó en esta última etapa.
"Un subsidio de la Biblioteca Nacional de Maestros nos permitió comprar una impresora térmica de códigos de barra, que no es necesario para la implementación del sistema, pero es mucho más cómodo y mejor. Además, es una máquina llamada máquina que no tiene costo, porque es cara la compra pero después los insumos son muy baratos, imprime térmicamente como un fax, no consume tinta, se compran unos rollos de cera y eso dura muchísimo tiempo. Con esto se imprimen los códigos de barra". Capacitación, trabajo compartido, capacidad de espera y el logro de la automatización del préstamo como objetivo logrado.

Pruebas

"Empezamos con la experiencia piloto con la Biblioteca Pedagógica de la Biblioteca Nacional de Maestros, después con la sala infantil y la juvenil, y lo que a mí más me preocupaba- porque yo no sabía cómo se generaba un código de barra- que teníamos que poner el código de barra a 150 mil volúmenes", cuenta Bisignano. "Sí, el acervo de la Biblioteca Pedagógica es de 700 libros, muy chico para testear el software, entonces decidimos implementar desde un comienzo toda la sala infantil y la sala juvenil, que tiene muchísima más circulación. En el primer momento mantuvimos un préstamo simultáneo entre el sistema tradicional de tarjetas y el software, para tener un respaldo físico por si fallaba algo. Anduvo todo bien. Estuvimos dos meses testeando cosas que van surgiendo en el uso y la intensidad de la cantidad de transacciones y el tamaño de las bases, que no tienen nada que ver en circulación en relación con un ambiente de testeo. Estuvimos una semana con un préstamo simultáneo en el sector general en la última semana de octubre, para que las personas que atienden el sector general se familiaricen con el software y ya después, el lunes 3 de noviembre largamos el sistema para todos los sectores", confiesa Faramiñán.
A la hora de los números la precisión es fundamental, tanto para la biblioteca como otras entidades que otorgan subsidios para proyectos institucionales. "Hay organismos que a la hora de otorgar subsidios piden declaraciones juradas o hay que demostrar y explicar la importancia de la biblioteca, las razones e impacto que puede tener ese subsidio en la ejecución de un determinado proyecto. Hemos sido cada vez más rigurosos, más estrictos con las estadísticas, para saber el movimiento real y el interés de los usuarios. De eso se encargaba una empleada diariamente, ahora lo hace el sistema" aporta Bisignano. "El módulo de circulación cuenta con varios módulos internos, uno está dedicado a Informes y estadísticas que es fundamental para cualquier biblioteca", completa Faramiñán.
Al sistema se le dieron instrucciones que están hace muchísimos años por el Consejo Directivo de la institución. "Los códigos de barra son importantes porque a la hora de hacer el préstamo hay dos inconvenientes, uno es el tiempo porque si hay que tipear el número corrés el riesgo de hacerlo mal, estarías prestando otro libro al socio".
La tarea de colocación de códigos de barra implicó a todo el personal, se realizaban planillas de circulación interna para que cada uno de los sectores estuviese informado acerca del estado de la obra escrita, por lo tanto, tiempo, paciencia y más trabajo fueron las recetas a seguir para que la biblioteca permaneciera activa y abierta a la comunidad.
"Tuvimos la guía y el asesoramiento de la Biblioteca Central de la Universidad, la primera vez que ví una base de Isis fue con Ricardo Piri, Fernando Martínez y Víctor Ferracutti, la gente del área de sistema, que con una paciencia absoluta me explicaron que era una base bibliográfica, porque yo nunca había trabajado en esto" confiesa Faramiñán. La institución universitaria asesoró la actividad, la capacitación y la compra de equipos. Otro de los involucrados en el proyecto fue Claudio Fuhr, que fue el primer informático involucrado desde la Biblioteca Rivadavia, quien concursó y se fue al Instituto Balseiro, también colaboró Fernando Gómez, quien diseño "el catalis", la base de datos. "Ha sido un aporte importante de profesionales de la Universidad para nosotros", agregó la directora.

Autor: Redacción EcoDias