Interés general

Fecha: Martes, 23 Junio, 2020 - 00:00

Postales de la cuarentena

POSTAL 1
Armonía natural

El exterior me sorprende. Siempre desde adentro, claro, porque hace meses que no salgo de casa. Es increíble que suceda esto justo ahora, pero les aseguro: ¡escucho su música!
Descubro melodías que llegan a mí como si todo el afuera se tratara de una orquesta. No hace falta ser entendido en el tema para disfrutar los acordes de la naturaleza. Sus vientos agudos, sus tormentas graves, sus pausas sibilantes, sus mixtas sinfonías de animales en libertad me apartan de una realidad angustiante.
Y así, maravillosamente, se van sumando instrumentos que dan ritmo a la cotidianeidad de la calle. Distingo, a veces, la percusión producida por puertas y ventanas vecinas, pasos inquietos, obras lejanas.
Sin embargo, aunque hay notas que flotan en el aire que no alcanzo a descifrar de dónde vienen, aprendí a interpretar el sonido de cables que surcan los cielos; sus infinitas vibraciones varían según la distancia de postes y el peso que soportan de las aves.
Todo, puertas adentro desde mi encierro forzoso.
Algún día volverá la supuesta normalidad, o tal vez no. Mientras tanto, espero y me dejo sorprender por el diario concierto natural, en calma, a pesar de las circunstancias.

Leticia Marconi, de Punta Alta.


POSTAL 2
Me dijo: “Pancha no vamos a poder salir por un tiempo, estamos en cuarentena” No entendí nada, pero cuando no salimos a pasear en el auto empecé a darme cuenta de que eso no era bueno.
Salí a la plaza y mis amigos no estaban. Ni un cuatro patas. Ahí tomé conciencia de que la cosa venía “deenserio”.
Los dos pies se ríen pero sin ganas; están todo el día en la silla, con la computadora. La escucho: “hoy tengo Zoom con…” “a la noche videoconferencia con…”.
No vienen visitas como antes. Las chicas del té, no vienen. Extraño las charlas, las masitas que me dan mientras toman café.
Salgo a hacer pis y vuelvo rápido, no sea cosa “de que me agarre el bicho”. Por suerte tengo la ventana para chusmear y ladrarle a los pocos que pasan, pero no es lo mismo. A mí me gusta estar en la vereda, respirarrrrr aire puro. Ni autos pasan para correr a las ruedas. Me aburro, me aburro y no soy burro. ¡Soy perra!

Pancha en cuarentena


POSTAL 3
La cuarentena puso en la superficie muchas situaciones estructurales que no terminaban de visibilizarse porque eran parte de un sistema cínico. Con esto me refiero a un capitalismo compulsivo e injusto aunque necesario por lo que voy a explicar.
En primer lugar, creo que en Argentina han sido muy evidentes la informalidad y la poca cultura de cuidado hacia la 3era y 4ta edad que eran corrientes pero se volvieron dramáticas. En segundo lugar, he llegado a la conclusión que se puede "vivir" con lo mínimo como almacenes y farmacias que, de paso, nos llevan a conocer mejor nuestro barrio. Esto a su vez me interesa porque tiene que ver con la geografía y con cómo se distribuyen los hospitales, bancos y demases en un centro o en una metrópoli que, de a poco, tendrá que empezar a perder dinastía.
Por otro lado, la sesentena expuso lo social, la necesidad de discutir el exceso de hogar y sus nocivas consecuencias: para algunos la soledad empezó a sobrepesar y para otros es tiempo de un divorcio (además de aspectos más críticos como la violencia intrafamiliar). Ahí está también la necesidad del capitalismo que es una cuestión ambivalente porque aunque no lo necesitamos deseamos salir a comer o ir a un bar con amigos, porque no lo necesitamos pero anhelamos ese viaje a El Caribe. Al fin y al cabo, está bueno el hogar pero mucho mejor la libertad de elegirlo.
Finalmente creo que he revalorizado la dinámica lenta, la inutilidad de las excusas, el valor de las tecnologías pero mucho más aun de lo presencial de una clase, una charla o el sexo.

José Larreche

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