Interés general

Fecha: Martes, 9 Junio, 2020 - 00:00

Postales de la cuarentena

POSTAL 1
De este lado del vidrio, en casa, venimos poniendo patas para arriba eso de “espacios comunes” y “áreas restringidas”. Habilitamos puestos de peaje en escalera y pasillos. Tránsito de hora pico en sectores cercanos al distribuidor de wifi y a la heladera. La mesa larga del comedor, dividida en parcelas de trabajo. Los horarios, con cronometrías dispares. No es que seamos muchos. Somos los de siempre, pero con el encanto doméstico de la convergencia.
Del lado de afuera, la vida está en pausa. Un rodaje en suspensión de verdes superpuestos donde el silencio tiene volumen. La ventana se transforma en un monoambiente, con anchura de libertad y vista al paraíso. Me siento a leer con el sol de lleno en el escote. Primero, dejo ir los ojos con cierta autonomía: saltan del panel vidriado a la hoja. Después, calladita, voy deslizando de a una mis extremidades adentro del libro. A codazos, me hago espacio entre los personajes. El silencio también es un follaje, un lugar poblado de voces donde me quedo. En el distanciamiento social conmigo misma, entiendo que eso del afuera y del adentro es un conjuro, y que la vida es una franquicia.

María Andrea González

POSTAL 2
La rutina de Miguel lo mantenía bastante tiempo fuera de su casa, por lo que nunca le dedicaba tiempo a la cocina. Optaba por preparar algo rápido o ir hasta la rotisería de la esquina y comprarse algo.
Con la cuarentena, las cosas cambiaron y Miguel decidió amigarse con la cocina. Estaba antojado de algo y pensó “bueno, me toca a mí”. Busco una receta por internet, verificó que tuviera todo y se puso manos a la obra.
Miguel no controló cuanto tiempo tardo, estaba absorto pelando, cortando, mezclando y otras cosas que se hacen al cocinar. Finalmente sacó la fuente del horno y se dispuso a almorzar su primera tortilla de papas hecha por él mismo.
No tenía el mismo sabor que la tortilla de la rotisería, pero ¿saben qué? Para Miguel esta riquísima, era la primera vez que le dedicaba tanto tiempo a cocinar y estaba muy contento con haber superado ese desafío y descubrir algo que no sabía de sí mismo: le gustaba cocinar.
Desde ese momento, Miguel empezó a buscar nuevas recetas, todo lo que quisiera comer, desde una ensalada hasta una milanesa, y a llevarlas a la práctica, tomándose su tiempo para disfrutar de cada sabor y de cada olor en su cocina.

Martín Pedernera

POSTAL 3
Mi hija está en su último año de secundaria y es un año fuera de la común ya que toma clases por Zoom.
La pasada mañana, la profesora de arte les preguntó sobre qué manualidades sabían hacer en el curso y mi hija, un poquito chamuyera, respondió que sabía bordar. Entonces, la profesora preguntó si se animaba a bordar algo para la próxima clase, y mi Luli dijo que sí.
Automáticamente, salió rápido de su dormitorio y pidió a su abuela Esther que le enseñara a bordar.
Fue hermoso ver a mi madre enseñar con amor el arte de bordar y a mi hija a mi hija aprendiendo tan concentrada y feliz.

María Mola

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