Interés general

Fecha: Miércoles, 27 Mayo, 2020 - 00:00

Postales de la cuarentena

Postal 1

Ayer fue el cumpleaños de mí cuñada Lucía, otro cumple más de los encuarentenados. No puedo decir que el festejo haya sido mejor o peor que los que celebramos en tiempos normales. Simplemente ha sido distinto. 
Lo hemos festejado a lo grande: Video llamada grupal donde compartimos las mesas con torta y cosas dulces incluidas. Imagino que en ese aspecto, ha sido bueno para mi suegra que esta vez no tuvo que lavar tantos platos ni preparar tanta comida.
Luego de comer, la cumpleañera sopló las velas y nos sacamos las típicas fotos familiares, esas donde casi por costumbre se sectoriza a la familia para posar con la torta y el agasajado. 
Finalmente bailamos y simulamos un rato estar en la disco, incluso, dejamos un tik tok para recordar nuestro boliche familiar.
La pasamos muy bien y nos divertimos un montón. Lo que importaba era que estábamos todos juntos, y ese cariño que nos tenemos como familia logró romper las distancias físicas. 
Quizás no estábamos en la misma casa, pero estuvimos en el mismo tiempo y espacio.

Melisa Santanafessa


Postal 2
Las aves no son lo mío. 
No se me malentienda, las respeto como seres vivos que son, pero ni siquiera el saberlas herederas de los dinosaurios las ha hecho más interesantes a mis ojos. 
Al menos hasta la pandemia y socia la cuarentena, cuando mirar al cielo se convirtió en una necesidad para recolectar vitamina D e intentar proyectarse fuera del espacio acotado del patio y hacerlo significa ver aves volando: palomas, benteveos burlones, gorriones pardos, aguiluchos rapaces y muchas gaviotas derrochando voces raucas. 
Alguna vez una profesora insistió en que el curso leyera “Juan Salvador Gaviota” de Richard Bach y aplicadamente lo hice, pero me impresionaron mejor el par de libros que dedicó a la pasión por los aviones que lo llevó a vivir de lo que cobraba pasear en su biplano a pasajeros debutantes.
Sin embargo, seguir la trayectoria de las gaviotas hizo chisporrotear una sinapsis que unió el recuerdo de aquella lectura desganada con los giros y suspensiones en ese aire que las sostiene como la palma de una mano invisible. 
¡Planean! Lo hacen por placer, sin otro propósito que surfear las corrientes cálidas; lo que me maravilló y también me dio algo de envida porque no están sujetas a barbijos ni aislamientos y sí, me gustaron. Bastante. 

Silvana Angelicchio


Postal 3
Llegué de Buenos Aires el 11 de marzo junto a mi hija recién operada. A los pocos días era mi cumpleaños, y mi mamá que vive en Córdoba, me sorprendió con su llegada a Bahía. Todo esto ocurrió unos días antes de que se declarase la cuarentena.
Nunca pensé tener tanto tiempo a mi mamá conmigo en mi casa. Ella siempre viene pero nunca se había quedado tanto tiempo.
Los primeros días mientras yo acomodaba los placares, ella preparaba los almuerzos, y así nos íbamos ayudando. No podíamos salir a pasear esta vez, ni ir de compras juntas.
Llegado un fin de semana, la empecé a notar triste. Para levantarle el ánimo y siendo que a las dos nos gusta tejer, encargamos lana de forma on line y nos la trajeron a mi casa.
Desde entonces, todas las tardes nos sentamos a tejer y a charlar, sacamos puntos y nos divertimos un montón.

María Elsa

Autor: