Opinión

Fecha: Martes, 4 Junio, 2019 - 00:00

Por una guerra diplomática

La estrategia del capitalismo liderado por Estados Unidos, es de guerra permanente, no a escala mundial sino agrediendo a países.
Irak, luego Libia, después Siria, Afganistán, lleva unos 15 a 17 años en guerra.
Hoy Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia.
Anoche escuché al propio presidente Trump decir que si Irán quiere lucha, la tendrá.
Salió un libro en Estados Unidos en el que se describe a partir de 1941 la participación e injerencia en las guerras propiciadas por Estados Unidos.
En junio se reunirán China y Estados Unidos, sus presidentes. Son dos mundos distintos, el imperialismo como última fase del capitalismo mantiene vigencia pero está llegando a su final, cumplió su ciclo histórico.
Como viejo revolucionario (hoy con 93 años, ciego y sordo) acuden a mi memoria las posiciones de Lenin cuando firmó la paz con Alemania en Best-Litovsk y el pensamiento de Trotski de que la Revolución de Octubre de 1917 en la Rusia de los Zares debía proseguir abarcando a todos los países.
Los chinos parten del concepto de que el mundo (la tierra), está dividido en países ricos y países pobres.
Los chinos se ubican en la categoría de país emergente, e implantaron en su país un sistema socialista diferente al de la URSS.
Esta no encontró (ideológicamente) cómo resolver su destino después de la segunda guerra mundial, no encontró la salida económica y terminó desintegrándose, eso costó a la humanidad millones de vidas.
El mundo hoy vive al borde de un precipicio. La humanidad -o sea los pueblos que componemos y habitamos esta tierra- debe decidir qué tipo, modelo, sistema regirá los destinos del futuro.
Casi la totalidad de los pueblos considera que estamos en los límites de un sistema que ya no está en condiciones de asegurar la vida del hombre y la naturaleza.
Se fracturó el mundo, el sistema actual en el que vivimos nos mantiene en crisis permanente, aun en los países más ricos y desarrollados.
Friedrich Engels, íntimo colaborador de Marx, escribió el libro “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado”. Para entrar en un nuevo mundo, o un orden económico mundial de nuevo tipo, se deben modificar los tres conceptos que dieron origen al libro.
El capitalismo para sobrevivir entró en la etapa de destrucción del mundo.
La alternativa que se le presenta al hombre como especie, recorre parte del mundo, se llama China. Cuando la relación de fuerzas se incline en teoría y práctica hacia China, no quedará espacio para dudas.
Y todo indica que vamos en ese camino.
Me pregunto si ante tantos cambios -que ya se están dirimiendo en el campo político-, lograremos un nuevo mundo, si éste será dirigido con rigurosidad científica.
Llegar a acuerdos de conveniencia política y beneficio para algunos no tiene sentido.
Estoy plenamente de acuerdo en que debe cambiar el mundo.
Hay motivos más que suficientes para que todos lo admitamos.
En el proceso de la vida del hombre, entramos en su parte crucial.
Este como “ser humano” no alcanzó todavía a desarrollarse.
El capitalismo en su etapa final ha desvirtuado todo concepto humano: el destino del hombre no es lo que estamos viviendo.
Sigmund Freud, promotor de la psiquiatría moderna, lo resumió con estas palabras: “No veo en la creación nada que me haga ver la felicidad del hombre”.

Autor: Por Aron Berstein