Opinión

Fecha: Martes, 7 Agosto, 2018 - 00:00

Macri, el parque japonés y el nuevo Mesías

La vida en solfa (Macri) “sos un bandido por que anoche te vieron en el parque japonés” (recordando la letra de un viejo tango).
Me lo pregunté muchas veces: ¿Por qué los judíos desde tiempos inmemoriales esperan un Mesías? ¿No les alcanzaba con Moisés y los 10 mandamientos?
¿No será que Macri pretende ser el Mesías del capitalismo mundial, quiere demostrarlo y para dar un ejemplo de cómo hacerlo destruyó la Argentina?
Por eso vino la virgen santa del capitalismo que tiene su gran templo en el FMI.
¿No se da cuenta Macri que pronto el muro de los lamentos del capitalismo estará en el FMI?
Los pueblos de la tierra esperan un Mesías mundial, tanto se ha demorado y nos hemos alejado tanto de Dios que han decidido volver a tomar las cosas en sus manos y convertirse ellos mismos y cada uno de nosotros en dios.
Hace 50 años en la redacción de “La Nueva Provincia”, pregunté el concepto que tenían sobre la situación del país y el comportamiento del pueblo, me respondió uno de ellos: Ese pueblo está anestesiado. Yo diría “un mundo anestesiado”.
Diferimos en cuanto a las causas.
El concepto suyo sobre país y destino me dio la impresión que se asemejaba a la madre que le hace chas chas en la cola (el hombre) porque se porta mal.
Contrastaba con el pensamiento que yo tenía que vivíamos en una dictadura del capitalismo disfrazado de democracia, y que se necesitaba otra dictadura -de los pueblos- para derrocarla.
Y en mi fantasiosa y quijotesca mente, me pregunto si no estamos llegando a eso.
No sé si el pueblo argentino soportará al Mesías del capitalismo Macri, y esperaremos las próximas elecciones.
Tampoco sé por cuanto tiempo el capitalismo seguirá imponiéndose, viéndolo caer a pedazos.
Los nuevos dioses -o sea los pueblos- crearán un nuevo mundo. Y tendremos un nuevo Mesías, y como pueblos nos convertiremos en nuestros propios dioses.
A veces me pregunto si no es el mismo Dios que nos deja librados a nuestro infierno en la tierra, para que aprendamos a gobernarnos como pueblos nosotros mismos.
Escribo sentado al lado del calefactor, tenemos días muy fríos en este invierno, a través de los vidrios del ventanal veo una inmensa enredadera que está llena de flores.
Me reconcilio conmigo mismo y mi conciencia, viendo las flores que nacen en pleno invierno y me hacen pensar que aún en las peores condiciones el hombre pueda despertar de su letargo y ser él mismo Mesías y Dios.
Y que tengamos gobiernos populares en cada país.
Lograremos la dictadura democrática de los pueblos que se impondrá contra la dictadura del capitalismo, y éste por ahora vaya a llorar al muro de los lamentos en Jerusalén y hasta tanto tengan el suyo propio cuando se destruya el del FMI.

Autor: Por Aron Berstein