Primeras Jornadas Bahienses de Economía Social Bahía Blanca

Fecha: Sábado, 23 Septiembre, 2006 - 00:00

Luis Pipo Martínez

La Obra Kolpin -a la que pertenezco- es una asociación de laicos de la Iglesia Católica que trabaja en 6 provincias en Argentina. El objetivo es la promoción del desarrollo humano desde la misión pastoral social y tiene su origen en el padre Adolfo Kolpin que fue un sacerdote alemán que vivió en el siglo XVIII y que trabajó junto a los artesanos que quedaron excluidos en los inicios de la revolución industrial. Nosotros tomamos esa inspiración.
Estos últimos 20 años fuimos desarrollando y apoyando distintas iniciativas productivas en Rosario. Pero empezamos a darnos cuenta a finales de los 90 -con esa crisis terrible que vivimos- que muchos emprendimientos productivos estaban parados, con economías regionales desvastadas, y como emergente de la situación el problema de la comercialización.
Como metodología de trabajo nos hicimos cargo de esa necesidad, y empezamos de alguna manera voluntaria, espontánea, a vender productos, muebles de algarrobo por ejemplo, fabricados en Formosa y comercializados en Rosario. Empezamos a venderlos entre amigos, y ahí descubrimos que dentro de la comercialización había experiencia, que en el mundo desde hace ya 40 años se estaba planteando esa otra cuestión del comercio justo.
Y nos dimos cuenta que lo podíamos hacer, y encontramos gente sensible, vinculadas a la Iglesia y a organizaciones, que -ante la opción- se disponía a comprar nuestros productos y descubrimos nuestra idea de consumo serio y responsable.

Valoraciones
En el 2003 fuimos incorporando nuevos productos alimenticios y artesanías que fueron llegando de otros grupos. Así logramos, sobre todo con esas carpinterías que fueron las que habían originado el proyecto, que tengan una continuidad, que hayan mejorado sus ingresos, que eviten la famosa intermediación: la situación del pequeño productor no es que no sepa lo que tiene que hacer, sino que los precios que se pagan son miserables. Esto vale también para la yerba, que estamos trabajando en articulación con el Movimiento Agrario Misionero.
La primera conclusión fue saber que se pueden desarrollar mercados segmentados, un mercado basado en posibilidades responsables solidarias. Pero esto no se genera espontáneamente, sino que hay que trabajarlo y organizarlo, no es automático que los miembros de organizaciones compren los productos de la comunidad. Lo que pasa es todo lo contrario: el día a día hace que terminemos comprando en los locales comerciales de las cadenas de supermercados.
Como productores, nosotros a los consumidores que no están sólo dispuestos a comprar por solidaridad, les tenemos que dar lo mejor, porque sino estamos trabajando con una cierta visión de limosna, que es lo que no queremos.

El mercado y el hombre
Un objetivo planteado es recuperar el mercado con una visión humana, con una visión de relaciones entre las personas, recuperar el mercado como una institución humana que ha precedido al capitalismo y -como dicen algunos- lo va a exceder. El mercado en la antigüedad era un espacio de intercambio de mercadería pero también un espacio de ciudadanía.
Hoy hemos demonizado al mercado capitalista, con justa razón, pero la institución del mercado la tenemos que recuperar y resignificar, le tenemos que dar el sentido que nosotros queremos: un espacio de diálogo, de intercambio y encuentro entre productores y consumidores, una nueva forma de comercializar; no tiene que ser una cosa automática donde tenemos que ir detrás de la publicidad, de la mercadería, tenemos que reflexionar, y la feria y el trueque son los grandes maestros.
En esa línea de trabajo, de recuperar mercado, de crear mercados solidarios y democráticos, participamos en ferias y trabajamos con todas las organizaciones de la economía social tradicional que han quedado eximidas con la economía capitalista, a veces por desinterés, a veces porque no han tenido propuestas superadoras. Mutuales de sindicatos, cooperativas de consumo, y otras entidades organizadas por trabajadores, a quienes tenemos que comentarles la importancia que tiene ese consumo organizado para los emprendimientos productivos.
Por otro lado, estamos trabajando en una red de promotores del comercio justo y solidario en organizaciones sociales. Porque tenemos que transformar esta red social y darle valor económico: lo que pasa es que hay una comunicación entre organizaciones sin correlato económico, la gente después va a comprar a cualquier lado. Estamos trabajando en una organización de promotores que son militantes del comercio justo y solidario: van llevando la idea y trabajando en el plano cultural.
Además, estamos trabajando en recuperar parte de lo que es el mercado capitalista donde hay trabajadores con cierta mala prensa: los almacenes. Tenemos la imagen del almacenero que un poco se aprovecha de los precios porque nos fía con la libreta, pero en nuestra visión muchos almacenes son emprendimientos familiares, que sufren la concentración económica de los grandes supermercados, y ese puede ser un buen espacio para la comercialización de nuestros productos.

El mercado y la política
El mercado no es un hecho que se genera espontáneamente sino que es un hecho político, el mercado que tenemos es una correlación de fuerzas donde evidentemente los más grandes van ganando y van imponiendo sus reglas.
Esto tiene que ver con reflexionar la cuestión del mercado. Vivimos en una sociedad donde el consumo ocupa una parte importante de nuestras vidas, con mucha presión mediática, donde los destinatarios principales son los chicos, los jóvenes, y tenemos que competir con eso que va generando una idea de consumo muy particular.
En ese sentido nosotros nos podemos resignar a la crítica al consumo o plantearnos una batalla cultural, trabajando en campañas y eventos públicos.
Esta propuesta de comercio justo, en el marco de creación de otra economía, no trata únicamente de encontrar nichos de mercado, ni oportunidades de negocios: eso es insuficiente. Si nosotros no nos planteamos la construcción de otra economía, corremos el riesgo de lo que le pasó a la economía social tradicional de quedar eximidos de la economía capitalista y que los valores de la economía capitalista se nos vayan impregnando y que seamos apenas un subsistema dentro de la economía capitalista. Nosotros debemos demostrar que podemos tener una economía que se inspira en la calidad de vida de los trabajadores, en el cuidado del medio ambiente, en el cuidado de las generaciones futuras: debemos demostrar que esa economía funciona, que es práctica y eficiente.

Autor: Redacción EcoDias