Un llamado a la reflexión y a la memoria crítica Cultura

Fecha: Lunes, 3 Julio, 2006 - 00:00

Las huellas de la historia

Se reinauguró el Museo Histórico de Bahía Blanca en el subsuelo del Teatro Municipal. Es una muy buena noticia. Pero para algunos no lo fue tanto. Después de mucho tiempo cerrado y descuidado, el espacio destinado institucionalmente para recorrer la historia de Bahía Blanca se había convertido en un mero depósito de cosas viejas. La reapertura era necesaria. Las huellas de la historia se llama la muestra que abrió las puertas del museo y que nos da la oportunidad de pensar desde el presente todo lo que nos pasó, mirar las huellas y preguntarnos, ¿qué nos están queriendo decir?
Obviamente un lugar que problematiza nuestras raíces trajo consigo polémicas bastante absurdas y poco productivas.

“Uno de los sentidos de la reapertura es la recuperación de un espacio para el pensamiento democrático, particularmente traté de cambiarle el carácter al museo. Era un mueso muy tradicionalista, apegado a los poderes de la ciudad. Lo que yo propongo es reformular el relato histórico de la ciudad. La muestra está orientada a eso, a mostrar la contracara de la historia oficial, nos muestra la aparición de la violencia en la historia.
La historia de Bahía no comienza en 1928, comienza mucho antes. Esta muestra repone la presencia de las culturas aborígenes y muestra el grado de violencia que se ejerció sobre ellas”.
Guillermo David es el director del museo y es la voz que acompaña esta nota. El museo intenta construir un relato de la historia a través de los objetos, es importante pensar en esto. No trata a los objetos antiguos como fetiches muertos que adornan las vitrinas y las paredes. Los objetos son huellas vivas que nos dicen cosas y como tales nos introducen en un camino con muchos claroscuros, el camino de nuestra historia.
Lo que más polémica produjo fue el tratamiento que se le da a nuestro fundador alucinado Estomba, a Rosas, a Rivadavia y a las matanzas militares. Los grandes personajes no son esas figuras idealizadas de manual de escuela primaria, sino que muestran su verdadera cara. Felipe Pigna en su visita a Bahía Blanca dijo que uno no elige a sus fundadores y es verdad. No es poco patriota decir que Estomba ataba a los indios a la boca del cañón y disparaba: es simplemente cierto.
“Si vos ponés un cañón casualmente apuntando a la imagen de un Tehuelche indefenso, no es lo mismo que si ese cañón está puesto en un escenario de consagración con un papelito que diga este cañón estuvo en… como si los cañones no hubieran sido traídos para hacer masacres. Sucedió en dos oportunidades en Bahía Blanca, el famoso cañón traído por Estomba, que ahora forma parte del ceremonialismo de cierto grupo de gente que viene de la dictadura militar y en las fechas patrias lo hace explotar… Esos cañones no fueron traídos para que las mulas ejercitaran sus músculos, fueron traídos para una política de exterminio que se llevó a cabo de Estomba en adelante”, señala David.

Un recorrido posible, de los muchos que pueden hacerse, es el siguiente: cuando uno entra al museo se encuentra con unos ladrillos que pertenecieron a la comandancia de la Legión Agrícola Militar. Los italianos, entre otras cosas, fueron traídos para combatir al Indio; en 1859 la Legión Agrícola Militar repele el ataque de Capulcurá y es la que produce el asesinato de 200 indios y los queman en la plaza. Estos ladrillos son un testimonio de violencia, que aparece en los cimientos mismos de la Bahía Blanca moderna. En el centro de la sala principal, erguido sobre el contorno de la Fortaleza Protectora Argentina, aparece otro ladrillo, uno que perteneció al centro de detención clandestina, tortura y robo de bebes que se denominó “La Escuelita”. Este ladrillo nos muestra la violencia en nuestra historia más reciente.
Esto es una prueba de que objetos tan rústicos como dos ladrillos nos pueden decir mucho más. Para esto es necesario que exista la voluntad política e intelectual de repensar, problematizar y discutir algo tan delicado como nuestra historia.

Autor: Matías Matarazzo