PARA VER Y CONSIDERAR Cine

Fecha: Martes, 7 Mayo, 2019 - 00:00

La vida después

Ricky Gervais se luce como protagonista, guionista, director y productor de una comedia muy negra.

Casi es un lugar común que los comediantes quieran probar o probarse que pueden hacer drama o algo similar.
Steve Carrell sale de sus recurrentes bufonadas y se sumerge en una tragedia familiar en Siempre serás mi hijo (Felix van Groeningen; 2018) o Jim Carrey, recogiendo elogios en la primera temporada de la serie Kidding (2018) como el padre que trata de juntar los pedazos de su vida después de la muerte de unos de sus gemelos, son solo dos de tantos ejemplos recientes.
Y ahora podemos ver Ricky Gervais After Life.
El comediante británico siempre ha tenido un estilo de humor ácido y flemático, que salió de las fronteras de su país gracias al éxito de la serie The Office (2003) y vuelve al formato episódico como el periodista de un diario pequeño, que pierde a su mujer a causa de un cáncer.
Así que en el primero de los seis episodios encontramos a Tony no sólo deprimido, sino vivo a regañadientes y con un plan: no esconder su infelicidad y decir todo lo que pase por la cabeza.
Un comportamiento chocante, que da pie a muchas situaciones graciosas y a otras definitivamente crueles, tanto para quienes lo rodean como para los espectadores.
Como factótum de este ciclo Gervais se reservó el protagónico, pero ha sido generoso como guionista y que se ha rodeado a su personaje de secundarios disfrutables y queribles, como el fotógrafo bonachón -Tony Way-, el cuñado siempre preocupado -Tom Basden-, la enfermera que cuida de su padre -Ashley Jensen- y muchos otros.
Cada emisión ronda una media hora que se siente corta y hacen altamente maratoneable al conjunto, producido para y disponible en Netflix, que se estrenó a mediados de marzo último con tan buena repercusión que ya en abril se confirmó la segunda temporada.
Vuelta que los que ya han visto la serie -web- agradecen y esperan con ansias.

Autor: Silvana Angelicchio