Para ver y considerar Cine

Fecha: Lunes, 7 Marzo, 2011 - 17:37

La silla vacía

El director iraní Jafar Panahi en el momento más difícil de su carrera y su vida.

La cinematografía de Irán se ganó un lugar en la consideración internacional en los años noventa, con los films de directores como Abbas Kiarostami, Bahman Ghobadi, Mohsen y Samira Mahkmalbaf y Jafar Panahi, entre otros.
Directores que no hacen estrictamente cine político, pero al contar historias cotidianas desnudan la situación de su país y asumen el riesgo de filmar en un contexto autoritario.
El gobierno controla los medios, cualquier tipo de actividad creativa es vigilada y la mayor parte de los films iraníes son prohibidas en su territorio y sólo pueden verse en pantallas extranjeras.
Jafar Panahi -colaborador y amigo de Kiarostami- se consagró con El espejo (1997), sobre una niñita que busca a su mamá y El círculo (2000), que mostraba el sojuzgamiento tanto familiar como social de la mujer en Irán, un tema que a él le interesa tanto irrita al régimen.
Irritación que pasó de advertencias y prohibiciones a un arresto de varios días en marzo de 2010, provocando protestas de sus colegas de todo el mundo hasta que el director pudo salir bajo fianza.
Le impidieron viajar y el 20 de diciembre de 2011 -en principio no se aclararon los cargos, pero finalmente se lo acusó de hacer propaganda contra el régimen- se lo sentenció a seis años de cárcel -igual que su colega Mohammad Rasoulof- y a ¡veinte! de prohibición para filmar, dar entrevistas, dejar el país o tener actividad política.
Internacionalmente se hicieron manifestaciones de repudio y pedidos de justicia, pero la acción más conmovedora hasta el momento tuvo lugar hace pocos días en la apertura de la 61ra. Edición del Festival de Cine de Berlín, con la inclusión in absentia de Panahi en el jurado y poniendo en primer plano su silla vacía mientras Isabella Rosellini -presidente del jurado- leía una carta abierta del director.
Un texto conmovedor -se puede leer en inglés o en parsi en la web de la Berlinale- que finaliza de esta manera: “De ahora en más y por los próximos veinte años, estoy obligado a permanecer en silencio. Estoy obligado a dejar de ver, estoy obligado a dejar de pensar, estoy obligado a dejar de filmar.
Me someto a la realidad de la cautividad y los captores. Pero buscaré la manifestación de mis sueños en los films de mis colegas, esperando encontrar en ellos aquello de lo que me han privado”.


Autor: Silvana Angelicchi