Opinión

Fecha: Martes, 11 Diciembre, 2018 - 00:00

La realidad sigue después del G-20 y del superclásico

Llegamos a diciembre, último mes de un año no electoral, signado por la situación económica en la que se agravaron todos los índices posibles: la inflación que, proyectada, rondará el 48% anual; la desocupación de 2 dígitos cercana al 15% en el conurbano; la pobreza superando el tercio de la población; el ¿aumento? salarial de los trabajadores cercano al 30% para el 2018 (lo que habla de una pérdida histórica en democracia de más de 15 puntos en el poder adquisitivo); los jubilados estrenando fórmula de movilidad nueva que los deja en 20 puntos debajo de la inflación; el consumo en profunda picada; las tasas de interés por las nubes; las tarifas de los servicios públicos que no paran de aumentar tornándose impagables; el combustible en su precio récord, y las inversiones, bien gracias.
Lo único que sigue su rumbo exitoso para quienes la practican, es la timba financiera, otro punto neurálgico de la economía que no se sabe cuándo tomará sus ganancias y se retirará del mercado, con lo que eso genera sobre el tipo de cambio, los aumentos de precios y el deterioro social. Más aún el año próximo, con un proceso electoral que suele agravar este tipo de situaciones.
Y en el medio de todo, el G-20 con sismo incluido, en donde Argentina procuró extender la posibilidad de nuevos fondos frescos vía EEUU y China. Es que el programa de déficit cero -que sólo han impulsado 8 países en el mundo desde 1998 y que no es intentado por nadie actualmente salvo por nosotros-, al que se le suma base monetaria cero -para completarla, se le ha prometido al FMI no emitir dinero para no expandir la base monetaria- que tiene el sólo propósito de pagar la deuda que hemos asumido con los acreedores internacionales en dólares, está haciendo agua por todos lados. No se ha utilizado deuda para crecimiento y desarrollo económico, todo lo contrario, más bien para fuga de capitales, en donde cumple un rol más que importante la especulación financiera. La disminución enorme de la Inversión Pública, ya está produciendo un achicamiento de los recursos estatales vía actividad económica, al consumarse una profunda recesión en los sectores industriales, comerciales, de la construcción e importantes sectores de servicios. Esta situación, agravada por las altas tasas de interés para evitar la corrida al dólar, que imposibilitan la toma de créditos para la producción, se suma a la baja en el consumo por la falta de poder adquisitivo de los salarios y la alta inflación, al aumento de la desocupación y el crecimiento de la pobreza, lo que trae como consecuencia un escenario complicado en la medida que se espiralicen todas estas variables económicas juntas. Por eso, la necesidad del gobierno nacional de obtener nuevos recursos de deuda, porque está la posibilidad de no poder pagar los intereses de la actual y ni los de las letras financieras que semana a semana se van renovando desde el Banco Central y que tienen la finalidad de frenar la inflación y la corrida al dólar.
Y cómo era de esperar, sobre llovido, mojado: cantidad de argentinos apasionados del fútbol tienen que presenciar cómo la final americana tiene que hacerse en el Viejo Continente, con público local y visitante, eso sí, pero con la imposibilidad que ello acarrea para miles que, incluso teniendo la entrada para el partido original, no pueden presenciar este espectáculo histórico que pone a dos clásicos rivales grandes frente a frente en una final soñado, hecho para nada frecuente.
En fin, pasó el G-20, se viene el superclásico, y después, seguramente, surgirán nuevos temas para distraernos un poco de la realidad económica despiadada que nos trae este diciembre, simbólico por lo que representan las navidades para la gran mayoría del pueblo argentino. Seguramente el circo pasará por los temas judiciales, las operaciones mediáticas y la instalación de temas urticantes en las redes sociales que nos alejen de lo cotidiano. Va a ser complicado poner toda la esperanza de la mejora en el -ahora- segundo trimestre del año próximo, cuando la situación social ya es acuciante hoy y la situación política comienza a complicarse en un año electoral. El gobierno sabe que es un combo difícil de superar cuando entran en eclosión en forma conjunta las variables económicas, sociales y políticas: las dos primeras ya están sucediendo, la tercera viene llegando más temprano que tarde, por lo que en su lógica de camino único sólo está el pedir más deuda para sostener los pagos de los intereses de la ya contraída y evitar así el peor de los escenarios previo a una contienda electoral.
Por lo pronto, en la provincia de Buenos Aires le ofrecieron cerrar la paritaria a los docentes con un 32% y un bono de $ 7.000 por única vez, por persona que detente un cargo. Y en un cronograma que comienza el lunes 10 con el aguinaldo y sigue el jueves 20 con el bono, como para intentar paliar algo con tan poco. Claro que dignidad queda en sectores que siguen luchando por sus derechos y que no conciben llamar aumento a una propuesta que ni siquiera emparda la inflación, por lo que el rechazo a esta propuesta no se hizo esperar.
Y en Bahía Blanca se quiere licitar la provisión de internet para 80 escuelas del distrito (¡bienvenido!) que siguen enseñando, administrando y gestionando sin el vital elemento, o, en el mejor de los casos, con el mismo solventado por la cooperadora, padres y docentes, en fin, la comunidad organizada que sigue supliendo al Estado en sus responsabilidades. Todo un síntoma de nuestros tiempos que choca con la proyección educativa de la robótica y las nuevas tecnologías en la currícula del año próximo, por una educación del futuro para los trabajos del futuro, que quieren implementarse desde las más altas esferas gubernamentales sin los recursos necesarios por la deprimida inversión pública de los presupuestos provinciales.
Van quedando pocos resquicios para esconder una realidad acuciante para millones de argentinos que no llegan a fin de mes y están requiriendo de la solidaridad del resto de la sociedad, porque no es de esperar que la respuesta venga del mismo sector que contribuyó a generar esta situación en una más que importante proporción. Y, contra todo pronóstico neoliberal, sigue siendo la hora de la política, que nos permita sacarnos del atolladero en que nos encontramos, apostando al desarrollo, al crecimiento, al trabajo de las y los argentinos con distribución equitativa de los ingresos, que permita cubrir las necesidades más básicas de cada familia.

Bahía Blanca, 2 de diciembre de 2018

Autor: Por Walter Rezzuti