OPINIÓN Política

Fecha: Martes, 19 Junio, 2018 - 00:00

La pesada herencia a recibir

El jueves 7 de junio de 2018 pasará a la historia económica como el día en que se anunció un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional -no firmado a esa fecha porque aún requería del acuerdo del Directorio del mismo- de 50 mil millones de dólares, con 3 años de gracia para su devolución y para ser utilizado como reaseguro para el pago de la deuda externa ya contraída. Para el gobierno fue una buena noticia, porque “calmaba” a los mercados, pero para la mayoría de los argentinos será recordado como el día en que se anunciaba un brutal cambio en sus condiciones de vida.
El oficialismo comenzó con la cantinela de que no había otro camino (claro, para la concepción neoliberal de la economía, no hay otro que asegurar las condiciones de vida de las clases más acomodadas), que no se puede vivir gastando más de lo que se tiene, queriendo convencernos de que hay que disminuir el gasto público, que era lo se quería hacer gradualmente, y que ahora se sigue el mismo camino pero más aceleradamente, mostrando como decisión propia aquello que nos imponen desde afuera.
Que no nos confundan: llegamos a un prestamista de última instancia como es el Fondo Monetario Internacional no porque ahora estamos insertos en el mundo y ahora nos quieren ayudar, sino porque la política económica de este gobierno nos llevó ahí por distintas medidas:
Desarmaron los controles en la compra de moneda extranjera;
Eliminaron los tiempos mínimos de permanencia de los capitales especulativos;
Permitieron que los exportadores no tengan que vender los dólares de sus ventas en el corto plazo sino cuando quisieran;
Abrieron las importaciones para que los “adinerados” pudieran comprar los productos de su canasta familiar afuera, como vehículos de alta gama o electrónica inteligente;
Eliminaron retenciones a quienes poseen altos ingresos por exportaciones, tanto a los comercializadores de granos, a los de carne, a la minería y a quienes tienen una posición concentrada en la industria;
Mantuvieron el dólar barato mediante el endeudamiento público externo;
Llevaron la deuda externa en dólares a niveles superiores al 75% del producto bruto interno (de cada 100 pesos que producimos en bienes y servicios anualmente en el país debemos 75, lo que se aproxima a un estado de insolvencia creciente);
Favorecieron la fuga de capitales al permitir que:
Las empresas extranjeras pudieran remitir dividendos al exterior (cuando antes tenían que capitalizar, o sea, invertirlas en la propia empresa);
El turismo al exterior creciera en forma sideral, demandando esos “dólares baratos”;
Los intereses de la deuda externa superaran al monto en dólares que se pagaban en concepto de subsidios a los servicios públicos a principios de la gestión Cambiemos;
Toda esta fiesta de financiamiento externo benefició a los sectores altos de la sociedad, en los que se alistan varios ministros de este gobierno que son millonarios y tienen su patrimonio fuera del país en paraísos off shore, y ahora, cuando ya no se cuenta con los dólares suficientes para que ese sector siga de fiesta, se pide un sacrificio a los sectores que no vivieron de prestado en este tiempo y que representan a la mayoría de los asalariados que gastan la totalidad de sus ingresos en el mercado interno básicamente en alimentos, servicios públicos, transporte, vivienda y otros bienes que tienen bajo contenido importado.
Y como sobre llovido mojado, el ajuste que se viene sobre el Estado y sus trabajadores en su conjunto, la obra pública, los ya “achicados” subsidios a las tarifas públicas, el sistema previsional y la política social, educativa y de salud, entre los que se conocen, está acompañado de un condicionamiento del FMI de flotación del dólar, que hará que la divisa aumente y se traslade a precios un porcentaje del mismo, por lo que la inflación seguirá creciendo, el poder adquisitivo del salario bajará -sumado las paritas a la baja-, la recesión económica está a la vuelta de la esquina y el aumento del desempleo y la pobreza será una realidad acuciante. En este contexto, las metas de inflación fijadas por el FMI para el año 2019 del 17%, sólo se entiende con una aún más escalofriante recesión de la economía porque hasta los controles de precios están desactivados y las tarifas de los servicios públicos, de los combustibles y de los alimentos de primera necesidad se encuentran dolarizados.
Combo perfecto que deberá ser comprendido por la mayor parte de los argentinos de a pie, presentándose un gran desafío no sólo para la oposición, sino también para los militantes y la población en general, entre la que cumplen un rol importante los docentes, quienes tendrán que explicar una y otra vez a sus alumnos, los padres y la comunidad educativa en su conjunto, qué es lo que pasa y qué es lo que puede pasar, porque los medios de comunicación en general presentarán un panorama de ilusión económica alejado de la realidad porque necesitan mantener el estado de cosas. Aunque la historia les ha demostrado que al final la realidad será inocultable, cuando las manifestaciones sociales se repitan peleando en las calles aquellas reivindicaciones que el gobierno les niega y cercena con las políticas que ejecuta.

11 de junio de 2018

Autor: Por Walter Rezzuti