Sexto encuentro de Murgas Cultura

Fecha: Lunes, 21 Noviembre, 2011 - 06:57

La alegría a los saltos por Bahía

Una veintena de murgas se presentaron el fin de semana en el 6° Encuentro Nacional: grupos locales, regionales y nacionales intercambiaron cantos y colores durante todo el día al son del bombo y los trapos. 

“Soy murguero sin el bombo y la levita yo me muero, por la rumba y los tres saltos me enloquezco, sólo vivo soy feliz en carnaval”, canta Karen y sus compañeras en el escenario, mientras abajo contestan “a la abuela de corazón le dedico este murgón”.
El Centro Murga Vía Libre organizó el evento como una oportunidad de congregar a grupos que trabajan en la diversidad de barrios y comunidades, además, con el trabajo anual cumplido para toda la comunidad murguera. Los Reyes del Movimiento y Los Magos de Saavedra, Los Estrellados Porteños de Mataderos, Los Revoltosos de Saladillo, Los Desquiciados de La Luna de la ciudad de Las Flores, Por Siempre Murgueros de Castelar, Los Caprichosos de San Telmo, Los Ilustres del Carnaval y Murgueros del Oeste de Santiago del Estero, Los Amantes de la Noche de Cutralcó, Gambeteando la Violeta de Carhué fueron los centros nacionales que bailaron en el anfiteatro de Empleados de comercio. Además, desde la ciudad de Punta Alta llegaron los jóvenes y pequeños de La Abuela, y así se conjugaron trajes con Los Mocosos, Portadores de Alegría, La Periférica, La Cucharón, Los Pibes del Mirador, Los Diablitos de la Cortada, Los Alegres del Patiecito y Los Mimosos del Moresino como locales.
 

Con propiedad 
Propias de los carnavales, las murgas son propuestas culturales, expresiones populares, espacios de creación y recreación y de unidad entre la familia, el barrio y la comunidad. Los grupos se conforman en un promedio de quince miembros, que interactúan entre sí sin distinciones de ningún tipo. Los artistas arman fiesta, con bombos, platillos, silbatos y trompetas. Estandartes y banderas con ritmos y matices distinguen sus temas y versos que contagian. 
En sus orígenes, “las noches de carnaval nacieron a partir de que los esclavos se juntaban en secreto, escapándose de su encierro para bailar y parodiar a sus amos. Ellos se reunían alrededor del fuego, con el torso agachado al ritmo de tamboriles, contorsionaban sus cuerpos, saltaban y bailaban sin cesar, dando patadas al aire a pesar de las cadenas en sus pies, parodiando los latigazos que recibían, y reivindicando el anhelo de la liberación del negro rompiendo las cadenas. Este baile es el que después fue llamado la ‘matanza’ en el ritual de la ‘rumba’ en la murga rioplatense”, cuentan los integrantes de la Murga Los Kilmes en su web. “En esas noches los esclavos usaban las levitas y galeras que sus amos habían descartado, algunos robaban estos trajes y los daban vuelta dejando el forro del saco hacia afuera, ¿por qué? Porque ellos transpiraban al bailar y el interior del saco se mojaba, entonces al terminar, volvían a dar vuelta el traje para secar la parte exterior, de esa forma sus amos no se daban cuenta. Por eso en la murga se utiliza el raso en los trajes, como una forma de reivindicar el ritual de los esclavos en su anhelo de libertad”. 
La burla y la ironía son los elementos de la protesta social que se propone en el tablado barrial. Ingenio, picardía, autenticidad e identidad trabajan con este sentir como una autocaricatura de la sociedad. Mediante la mímica, la pantomima, el movimiento, el contraste, la informalidad en escena y lo grotesco se distinguen de otras manifestaciones. En nuestro país, la dictadura militar suprimió por decreto los feriados de carnaval, recuperados este año por iniciativa de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, a 28 años de democracia. 

Socios de la alegría 
Valorados como puestas corales, musicales y teatrales, se mezclan candombe y ritmos afroamericanos, con palmas del público. Un asistente moja el suelo con agua, presintiendo la polvareda. Los trajes se agitan nerviosamente, se acomodan, dos chicos coordinan movimientos simultáneos. Inscritos en una fantasía y el corso, la banda murguera junto al coro alientan a los bailarines más pequeños a saltar y a sacudir los cuerpecillos. Y el espectáculo comienza con la música, en una caminata elegante se concentran frente al tablado para sacar lo mejor de sí. Unos jóvenes suben al escenario y recitan una canción. Un padre se cruza un niño de dos años en el pecho, vestidos al tono, se mueven y tararean: “con una gota de sudor y los susurros de mi corazón, quiero decirles nada más ser murguero no tiene igual”. Los asistentes se entregan a gritos y batucadas, la emoción gana el teatro al aire libre, una joven que patea el aire, en un intento más de libertad va a volar hacia el mayor anhelo humano la alegría. Sombreros, sombrillas, banderas, pañuelos, también aparecen una bruja o un maestro de ceremonias. Almas incondicionales del rey del Carnaval, los Murgueros están armados con su voz, entre los adolescentes, un niño sonríe y al público le roba el corazón.

Autor: Redacción EcoDias