Derechos Humanos Opinión

Fecha: Sábado, 11 Noviembre, 2006 - 00:00

Justicia ya!! (parte I)

La sociedad argentina vive actualmente rehén de dos conceptos, manipulados por diversos actores interesados: la seguridad y la justicia son explicadas parcial, falaz, o interesadamente, según el poder que las exprese o necesite hacerlo así.
El poder político y muchos jueces, se debaten entre no hacer nada y corruptelas que generan injusticias insoportables. Las empresas periodísticas, y muchos periodistas, instalan visiones caóticas al respecto con análisis sostenidos en sensaciones. Sin embargo, en general dejan fuera cuestiones centrales que permitirían entender cuán amplio es el concepto de seguridad y justicia.
Esta cuestión adquiere dimensiones preocupantes, en un país arrasado y violentado en lo social como el nuestro. Los jóvenes victimizados por la droga, el crimen, o la delincuencia de todo tipo, son condenados a priori victimizándolos nuevamente, y se exige mano dura o baja de imputabilidad para penarlos. Veamos sino el promedio de edad en las cárceles e instituciones represivas de menores. Respuesta de una sociedad supuestamente responsable, frente a las consecuencias de haber mirado hacia otro lado durante años y años.
Los llamados Foros de Seguridad tienen objetivos nunca practicados en la participación vecinal. Todo es jueces y policías, reprimir y casi nada construir. Ni pensar en mejorar al más castigado socialmente, ni considerar su recuperación. Las metodologías de imposición de algún sector con poder social, por encima del más débil, siempre está presente. El circular de unos pocos, o los padres limpiando una escuela, posicionándose por encima del verdadero y pleno ejercicio de derechos humanos básicos como el trabajo y la educación para todos. El Estado que no resuelve, mientras su rol y responsabilidad constitucional, irrenunciable e ineludible, es promover, proteger y defender nuestros derechos.
Todos estamos en el mismo barco y hay que reconstruirlo. Abandonar definitivamente, después de treinta años, el individualismo atroz del neoliberalismo que aún circula en la creencia de muchos, como un virus que transmiten a sus hijos irresponsablemente. La solidaridad y el compromiso, ausentes mayoritariamente desde lo humano, es indispensable para esa tarea. Participación no es hacer lo que uno quiere porque sí o porque se cree ser dueño de la verdad. Compartir y consensuar es el verdadero valor, pero siempre desde una visión humana del otro. Despojarnos rápidamente de los rasgos y hábitos autoritarios, represivos e intolerantes para mirar a todos, incluidos quienes delinquen, como seres humanos. Que se cumpla con la ley y se condene de acuerdo a ella, sin los privilegiados de siempre, debe impedir que se navegue entre justicia por mano propia o pena de muerte.
Hoy, en pleno proceso jurídico de enjuiciamiento a los genocidas de la dictadura, aquellos crímenes parecen para muchos ser parte de otra realidad y no de esta misma. La metodología a utilizar para eliminar al marginado socialmente, sigue teniendo sustento en aquellas concepciones que han mutado a otras formas aparentemente mejores. Guardan su esencia letal y fatal socialmente. Es necesario recuperar el amplio concepto de Justicia Social. Porque la dictadura está presente en términos socio-culturales, que es donde ha hecho más daño, donde todavía poquísimo hemos mejorado y la mayoría poco ha hecho.

Eduardo A. Hidalgo es secretario general de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Bahía Blanca

Autor: Eduardo A. Hidalgo