Ludopatía Salud

Fecha: Sábado, 7 Marzo, 2009 - 00:00

Jugarse la salud

La adicción a los juegos de apuestas tiene amplia difusión. La publicidad al juego es constante y la fantasía de obtener dinero a través de apuestas, concursos en programas de televisión, es alimentada sin tregua.
Ya mencionamos en nuestras ediciones anteriores que, solamente en juegos legales en la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma, se juegan 70 mil millones de pesos al año. Juegos en los que muchas veces la apuesta es a diario la propia vida.

Las apuestas son tan antiguas como el dinero mismo. Sin embargo, la ludopatía -adicción al juego- se establece como enfermedad en 1994 debido a la mayor frecuencia en cuanto a comportamientos compulsivos respecto al juego.
Es una patología que tiene un comienzo gradual hasta que luego se desarrolla una fuerte compulsión a jugar. La persona empieza, primero, a esconder que juega; luego, a afectar su vida de relación laboral y social en tanto que obtiene dinero para seguir jugando de formas irregulares o contrarias a su estilo de vida. Esa obtención de plata puede ser mediante estafas realizadas en el seno familiar o contrayendo préstamos a través de instituciones que se dedican a eso.
Entonces, explica el licenciado en Psicología, Hugo Kern (Mat. Prov. 0014), integrante de la Unidad del Centro de Prevenciones a nivel municipal, “el juego empieza a generar dificultades que el sujeto cree que se van a solucionar jugando, con lo cual la situación obviamente empeora generando una cantidad de desajustes a nivel psíquico, estados de depresión graves, ansiedades, lo que se llama ataques de pánico y enfermedades psiquiátricas francas que son producto del estrés que genera el mismo juego”.
Después del alcoholismo es la segunda adicción de importancia en la ciudad, dice Kern, asegurando que se trata de un punto absolutamente patológico porque es de las adicciones que en un corto período de tiempo genera gran deterioro de la vida de relación y de la vida familiar: “Aquellas familias que tienen una persona jugadora compulsiva saben lo que es el drama. Es como cualquier otra adicción, el problema es que lo importante en la adicción al juego es obtener más dinero para seguir jugando, y esto es mucho más factible para que la persona se meta en situaciones problemáticas que van generando un deterioro de la vida de relación”. Al ver las consecuencias, se va generando en la persona un sentimiento de culpa ligado a esos comportamientos imparables que siguen provocando más deterioro.

Trasfondo económico
“En las adicciones hay que tener en cuenta que hay un fenómeno humano, social y un trasfondo económico, porque sino no se explica cuál es el auge, cómo surge y por qué crece tanto”.
El 4% de la población adulta tiene conductas de juego compulsivas, y según una encuesta hecha en Bahía Blanca en 2005, el 35% de los entrevistados y entrevistadas posee algún familiar con estos problemas. Los números hablan de que la adicción existe pero incentivada sin tapujos por un sistema armado para jugar: “Una vez que se instala la patología es un sufrimiento a nivel familiar e individual muy grande, el 70% de los jugadores compulsivos piensa en suicidarse, por el mismo sistema ya que dejar de jugar es muy difícil para la persona. Somos una sociedad que incentiva, que alienta este tipo de comportamientos y esto se ve muy claro en lo difícil que es para alguien dejar de jugar”.
Hay personas que tienen la tendencia a desarrollar conductas adictivas pero en el caso del juego no sólo está esa cuestión individual sino que existe un aprendizaje social, una propuesta y distintos mecanismos que hacen que la persona vaya perdiendo los parámetros: “Hay dos etapas, la primera en la que se da cuenta que tiene un problema pero recién en una segunda etapa se da cuenta que el problema está relacionado con el dinero. El problema del juego es que tiene problemas de dinero por el juego, lo soluciona sacando un préstamo para jugar, ganar dinero y así solucionar el problema que generó el mismo juego, se arma todo un circuito, es una cadena. La persona dice que tiene problemas por falta de plata entonces juega pero lo que no dice es que tiene problemas porque juega”.
A nivel psíquico se generan una cantidad de mecanismos psicológicos de auto engaño, se piensa que se puede tener un control al jugar cosa que no sucede: “Hay un mito acerca de la suerte del principiante y la persona dice que ganó cuando en realidad si se analiza objetivamente cuando la persona se curó se da cuenta que nunca ganó sino que siempre perdió. O ganó algo pero puso un montón para ganar ese algo, en proporción no ganó”.
Mujeres y jóvenes
La población más sensible al juego, dice Kern, son las mujeres, en general mujeres solas: “Las mujeres viven más años que los hombres pero quizás con peores condiciones de vida y condiciones sociales bastante complejas. Las mujeres solas encuentran así un lugar de contención, de esparcimiento o donde no estar solas, lo encuentran en la sala de juegos pero jugando”.
Tal vez el machismo social hace que las mujeres sean mucho mas vulnerables a estas situaciones lo cual concluye en una diferencia de género. Socialmente, explica el licenciado, no está bien visto que una mujer concurra a un bar a tomar, sin embargo el hombre tiene una especie de permiso social para eso: “En el juego pasa lo mismo, entonces la situación de la mujer es más encubierta pero cuando se destapa es un problema de un alcance enorme por el efecto que tiene a nivel familiar por ejemplo”.
El juego abarca todas las clases sociales pero hay sectores más vulnerables. Uno ya nombrado como el de mujeres solas sin apoyo familiar, con conflictos de largo tiempo sin resolver, son un grupo muy vulnerable. Y también está el sector de los jóvenes: “Culturalmente tienen cierta defensa, tienen otros intereses en la vida pero se está produciendo una incorporación de personas jóvenes en los últimos años, estudiantes universitarios con comportamientos compulsivos de juego. Es un fenómeno nuevo en el sentido de que no hace tanto tiempo que existe esta posibilidad de acceder a jugar”.

Tratamiento y salida
“Este año iniciamos nuevamente con los talleres de grupos para personas. Nos han dado buen resultado, lo que hacemos es dar charlas con personas recuperadas, explicamos como se desarrolla la patología, con familiares, se hace un primer grupo de encuentro y luego se hace un grupo semanal de trabajo. No hacemos grupo de autoayuda sino de reflexión porque para autoayuda necesitás gente que tenga bastante tipo de recuperación y preferimos que la persona modifique sus cosas y siga con su vida, que no quede enganchada en el hecho de ser un ex jugador: lo importante es que pueda cambiar y solucionar los problemas, y sobre todo aprender a vivir y pensar de una manera distinta, lo cual es todo un tema”.
Dice Kern que la salida existe pero para eso tiene que haber un trabajo de la persona y su familia que por lo común hace todo lo que no debe hacerse: pagar las deudas, cubrirlo, reprocharle, pelear, etc.: “Lo primero que hay que hacer es pedir ayuda, pasa que se llega acá después de haber hecho todo eso. Tiene que haber un acuerdo entre la familia respecto a lo que se va a hacer, lleva mucho tiempo ese proceso y esto va generando una conciencia de culpa, un deterioro a nivel familiar que después complica toda la solución, realmente es muy complejo”.

Autor: Redacción EcoDias