PERSONALIDADES Cultura

Fecha: Martes, 3 Julio, 2018 - 00:00

Homenaje a Borges

María Kodama dio una charla a 32 años del fallecimiento de Jorge Luis Borges, escritor infinito de la literatura universal.

El auditorio de la Biblioteca Rivadavia se llenó de entusiastas, de lectores y de curiosos que querían escuchar a María Kodama, escritora, traductora y licenciada en Letras, también fue esposa de Borges. El encuentro giró alrededor de las anécdotas de viajes, escritura de libros y cuentos, el humor del escritor y los tiempos compartidos entre 1975 y 1986, año en el que el escritor falleció.
“Creo que más que entender la obra de Borges hay que sentirla, la primera vez que leí algo de Borges no sabía ni quién era y me dije qué es esto. Y quedé atrapada hasta el día de hoy, uno siente la belleza”, introdujo Kodama al ser interrogada sobre el primer contacto con la pluma del escritor, quien rondaba los 50 años, mientras que ella era una joven de 16 años.
En la charla se destacó el humor irónico del autor, en una clase donde se cortó la luz le contestó a un alumno, “tomé la precaución señor mío de ser ciego”, Kodama recuerda que lo conocía cuando ya estaba en esta condición, a la que llegó paulatinamente, al igual que su padre. “Jamás vive una queja o un por qué, lo tomaba natural, íbamos mucho al cine”. Algunos de los textos de Borges llegaron a la pantalla grande, “Hombre de la Esquina Rosada le gustó mucho, no así otros”, dijo sin realizar mayores comentarios.
Entre los encuentros memorables, el público asistente reclamó lo sucedido entre el escritor y Mick Jagger, una casualidad en Europa, “estábamos esperando que nos vengan a buscar para cenar y Jagger se acercó y se arrodilló al lado de la mesa y se dirige a Borges:Maestro, lo admiro, he leído su obra; Borges le preguntó quién era y contestó Mick Jagger, Borges se tira un poco hacia atrás y le dice: ¿usted es uno de Los Rollings Stones?”, el cantante se admira por el reconocimiento, “sí conozco toda su obra gracias a María y me encanta”. El rock estuvo presente en su vida tanto como los cuentos de orilleros, los laberintos, los espejos. Los festejos de cumpleaños tenían su toque personal, “le parecía que el happy birthday era sumamente tonto, así que pedía que pongamos The Wall cuando traían la torta, y sigo haciéndolo”.
Kodama cuenta con alegría estos momentos, el viaje a Egipto y la noche en el desierto, las conversaciones sobre la realidad política y social, la cotidianeidad compartida entre lecturas y escrituras. También confiesa que no tiene televisión, por eso no está al tanto de lo que se dice en los medios de comunicación sobre el autor.

Premios y partidas
La literatura de Borges fue reconocida con diversos premios, entre ellos el Miguel Cervantes, sin embargo el Nobel de Literatura le fue adverso, “él se divertía mucho con eso, y decía que si lo nombraban se convertiría en un número más, en cambio así, soy único, al que nunca le dieron el premio”.
Jorge Luis Borges se sabe muy enfermo, y decide ir a encontrarse con el destino de la muerte en Ginebra. “Me preguntó que me parecía su decisión y le contesté que él podía decidirlo, si usted quiere quedarse o si usted quiere irse, nos quedamos o nos vamos, y recordó que a Ricardo Balbín,le sacaron fotos en terapia intensiva, casi desnudo lleno de tubos. Le dije que quería que eligiera en libertad, no con miedo”. Finalmente, muere en la ciudad suiza y es enterrado en Plainpalais, la lápida fue creada por la propia Kodama, quien eligió un verso de un poema que era a gusto con el escritor. “La Batalla de Maldon”, poema anglosajón que recuerda un conflicto bélico de 991, donde se dirimen fuerzas este pueblo y los vikingos; la tumba rescata la frase: “y que no temieran”. Del otro lado, la tumba luce un barco vikingo, la representación de la eternidad, el viaje final y otra frase que proviene de unos relatos del siglo XIII, “él toma la espada de Gram y la coloca entre ellos, desenvainada”, este texto fue incluido en uno propio, Ulrica, en alusión al amor, y al estado de fragilidad en el que nos pone.
Fuera de toda suposición, los últimos días de Borges estuvieron rodeados de proyectos y entusiasmos, aún tenía deseos de seguir aprendiendo, una de sus grandes pasiones, los idiomas. “Cuando vivíamos en Ginebra, y él ya estaba muy enfermo buscamos un profesor de japonés, habíamos estado en ese país y él estaba fascinado. Había un instituto donde se enseñaban lenguas extranjeras, pero los profesores no podían dar clases particulares. Un día buscando en un diario encuentro que había un profesor oriundo de Alejandría, daba cursos de árabe. Le digo a Borges y entonces él, entusiasmado, me dice llamémoslo. No me di cuenta que eran las 10 de la noche, en Ginebra son como las 4 de la mañana acá. Llamo, me atiende un señor, con la voz cortada”. Logra convencer al profesor que se acerque al hotel donde se hospedaban y lo hace subir a la habitación, sin anticiparle la presencia de Borges. Ante el hallazgo, el profesor se sorprende. “Me tendría que haber avisado que le tenía que enseñar al Maestro”, acotó emocionado; Kodama le contestó, “se necesita una cuota de locura para que este encuentro se produjera”.
La noche cerró con un video donde la voz y la imagen de Jorge Luis Borges resonaban en: “yo vivo, yo me dejo vivir para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y solo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro”. Horas en que los asistentes fueron esos otros, donde Borges sobrevive.

Autor: Redacción EcoDias