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Fecha: Martes, 17 Abril, 2018 - 00:00

Historias del estuario

El museo Ferrowhite dio espacio al campamento donde se presentó "Isla invisible", el proyecto de residencias en las islas de la Bahía Blanca, iniciado a fines del año pasado.

“Las costas de la bahía fueron un lugar de riesgo para las embarcaciones, muchas de ellas quedaban encalladas en los bancos arenas, algunos las abandonarían para cobrar el seguro y muchos otros luchaban para salir de ellos”, cuenta Silvana Cinti, historiadora local y autora de “Las islas de la bahía Blanca”. Rescata las palabras de un subprefecto, “cuando Bahía Blanca incorpore el mar va a ser plenamente una ciudad”.
Un fogón es la oportunidad para compartir relatos, hacer de la memoria un ejercicio que nos cuente quiénes somos los habitantes de un lugar. La ocasión se concretó en Ferrowhite Museo Taller, el domingo 18 de marzo, dentro de las actividades de presentación de la residencia artística “La isla invisible”, dirigida por Agustín Rodríguez. El paisaje de la Rambla de Arrieta, bajo la influencia del atardecer, y los asiduos y los curiosos visitantes alrededor de una fogata, a la vieja usanza de encuentros que propician el relato de historias. “El ambiente donde estamos es un humedal, un nombre baste novedoso en el área del conocimiento, el humedal que no está relacionado solo con humedad sino como un bioma con cuerpo de agua. Es importante que saber que todas las costas son humedales, como la Laguna Chasicó”, aportó Cinti.
Las islas del estuario son Bermejo, Wood, Embudo, Ariadna y Trinidad, recibieron sus nombres según datan los registros en 1520, “cuando por exploraciones marítimas llega a estas costas la nave Victoria, una de las cinco embarcaciones de la expedición de Magallanes, el derrotero de viaje realizó muchas culadas, por eso le ponen el nombre de Trinidad, y que han sido registradas bajo la característica de archipiélagos. Es una red intrincada de canales, nos referimos como accidente costero bahía con canales de marea. En algunos sectores, esos canales es el camino de navegación que han sido nombrados por los pescadores artesanales de acuerdo a sus aventuras y la suerte que en ellos han corrido”. Cinti aporta que el Instituto Geográfico Militar utilizaba nomenclatura sencilla para ubicar las embarcaciones, debido a que los pescadores no estaban alfabetizados, por lo tanto estas señalizaciones les permitían hablar de latitud y longitud, “había marcas denominadas dentro del eje de la x con letras y en el eje de la y con números, de esta forma podían avisar dónde se habían quedado varados o para ubicarlos, y lograr entenderse”.
Respecto a las modificaciones que han sufrido las islas, la docente asegura que han sido totalmente alteradas, tanto los archipiélagos como las costas. “Hay registros desde 1860, en 1912 había una importante explotación agrícola ganadera. En 1940 comienza a haber industrias tanto en la isla Ariadna como en Bermejo, era la época del cazón. Con el propósito de su explotación, una empresa norteamericana había instalado frigoríficos desde Mar del Plata a Rawson, en toda la costa, proveía de tambores parafinados y todos los pescadores se dedicaron a la pesca de esta especie, daba unos réditos muy importantes y se había descubierto que el hígado del cazón producía una vitamina que era muy importante para los aviadores de la Segunda Guerra Mundial. Lo procesaban en América y el insumo provenía de acá. Esta actividad se pagaba muy bien. Todo esto tuvo éxito hasta que se descubre la vitamina sintética, entonces la empresa se fue del país. Quedó en su lugar una cooperativa, hasta que finalmente cayó totalmente la industria. A la isla Bermejo, los cazones eran transportados, había piletones, se procesaba el hígado y el cazón era vendido”. La parte agrícola ganadera también modificó mucho las islas, principalmente en las plantas tales zapa crespa, palo azul, todas muy pequeñas, adaptadas para no perder humedad, “y se alteró con tamariscos, eucaliptos, mucha vegetación diversa, también la explotación ganadera produjo cambios, había mucha ganadería ovina, desde ovejas para consumo como Merino, también había cerdos”.
Más cerca en el tiempo, por decreto en 2011 se declara la isla del Puerto o también conocida como la Isla de la Gaviota Cangrejera. “En la cartografía siempre existió, sin embargo, entre 1989 a 1992 se proyecta el dragado de este puerto, de Puerto Belgrano, Coronel Rosales y hasta Cuatreros para poder permitir que buques de gran envergadura ingresen por el canal principal, se contrata a una empresa holandesa, que tiene una subcontratista rusa, con trépanos de 2.500 toneladas, fueron los que realizaron el dragado a la altura de las boyas más internas. La draga realiza una tarea impresionante, es posible ver en imágenes cómo va tomando del sustrato, escupe barro y agua y luego se espera que se sedimente. El material se depositaba en la Isla del Puerto, por lo tanto, cuenta con 5 metros sobre el nivel del mar, después de ese accionar. En ese momento, no se pensó en la nidificación de las gaviotas y se destruyó la mayor parte, también se afectó las planicies de marea, donde queda uno de sus principales alimentos, el cangrejo cavador”.

Misterios
Los habitantes de las islas son parte fundamental de la historia local, guardan misterios y secretos, que en muchos casos no están documentados, “algunas historias se pueden contar y otras no, porque no están registradas, no hay testimonios o las personas descendientes no quieren confirmar”, describe. En el año 1998, se retira la última familia que residía en la isla Ariadna, que había sido arrendada por interés turístico, “invitaban a los pescadores para hacer la cruzada del tiburón, salían de pesca, se sacaban piezas de 240 kilos y costó mucho crear conciencia de hacer una pesca con devolución de piezas”. También cuenta la historia, que sí está registrada con imágenes, la visita frecuente del presidente Carlos Saúl Menem y sus allegados.
¿Hubo contrabando en estas islas?, preguntó un insidioso, “sí, hay muchas historias sobre el contrabando”, desafió Cinti. Una está documentada en el año 1962, fue un contrabando muy importante de cigarrillos, que se resguardó en la isla Bermejo, “nunca hubo ningún procesado, sí se vio a la Prefectura Naval Argentina controlando los galpones, porque la isla no tiene agua dulce, sí cuenta con aljibe armado con ladrillos encofrados, depósitos que se tapaban con lonas”. Al parecer, al ser descubierto el escondite en un acuífero, Gendarmería y contrabandistas se tirotearon, mientras que los primeros se alejaron del lugar.
Testigos declararon que durante una sudestada se pudieron ver electrodomésticos y bebidas alcohólicas en el sector de Ombucta, “hay testimonios pero no declaraciones, por lo tanto no hemos podido escribir sobre esto pero ya varias personas están en conocimiento de esta historia”. La muerte y el terror se hacen esperar en las narraciones, “en la isla Wood se encontraron cuerpos humanos, hay más de 10 testimonios que declararon que la persona que habitaba la isla contrataba gente para que trabajara en la isla, eran personas que no tenían familia y cuando terminaban el trabajo los acompañaba hasta la costa, los mataba y los enterraba, esto se hacía para no pagarles. Se habrían conservado los cráneos, y el resto de los cuerpos se degradaban, esta historia data de 1910”.
Como dicen desde el Ferrowhite:
“Ninguna de las islas de la bahía es invisible. Figuran en mapas y cartas de navegación desde hace siglos. Sin embargo, resulta difícil establecer a qué prestamos atención en ellas y a qué somos ciegos, cuáles son los intereses que, de manera abierta o solapada, tabican nuestra mirada. A contrapelo de aquellos discursos que pretenden asignarle una identidad y un destino unívocos, "Isla invisible" invita a re imaginar nuestra relación con este territorio, a ampliar el margen de lo que podemos ver, decir y hacer en ese lugar incierto”.

Autor: Redacción EcoDias