A 10 años del escuelazo Locales

Fecha: Lunes, 5 Septiembre, 2011 - 17:59

Guardapolvos desobedientes

Más de 10 mil personas participaron de cuatro horas de caminata en el año 2001, mientras la bandera argentina ganó las calles sostenida por padres, alumnos, docentes y no docentes en defensa de la Escuela Pública. A una década de una movilización histórica, Raúl López, Enrique Gandolfo, Dante Patrignani y Mónica Oliver analizan el significado político que tuvo y sigue teniendo el Escuelazo. 

Carteles y notas periodísticas ganan las paredes de las instalaciones de SUTEBA. Frente a los afiches y titulares, Gandolfo y López miran las fotos e identifican a los compañeros de la marcha. Patacones, riesgo país y ajuste se repiten en los recortes, en un lenguaje que hoy nos extraña. 

Causa justa 
Antes que comience el panel de debate, Alicia Beatriz Cifuentes, una madre, lee “Justicia” en memoria de Carlos Fuentealba, docente asesinado por la policía en la provincia de Neuquén el 4 de abril de 2007. 
El titular de Suteba local, Raúl López, encabeza la charla asegurando que “cuando la causa es justa, noble y honesta representa la puerta del cambio. La posibilidad de participación del año 2001 no fue sindical, fue de las bases. Nos dimos cuenta que podíamos cambiar algo, que los docentes de Bahía Blanca podían cambiar la historia”. Para repasar aquellos momentos históricos agrega “no puedo separar lo que fue el Escuelazo del Argentinazo de diciembre de 2001. Nunca vimos una movilización de esas características”. 
Mónica Oliver se desempeñaba como directora de la Escuela Primaria Básica N° 78. Ella recuerda tres hitos en defensa de la escuela pública: “El año 1988 con la Marcha Blanca, 40 días de huelga. Cuando se acató la conciliación obligatoria, se sintió que era un balde de agua fría, fue tal el aplastamiento generalizado que recién en 1995 empezaron nuevamente las protestas. Muchísimos quedaron cautivados por el lenguaje izquierdoso y progresista de la Ley Federal de Educación. Teníamos un muñeco que llevábamos a todas las marchas, andaba por ahí, lo habíamos hecho cojo, para representar los alcances de la ley. Vivimos el menemismo con una sociedad que se deshacía, sin solidaridad, surgieron los choques entre escuela primaria y secundaria, fue una manera de comenzar a destruir la educación pública”.
Según Oliver en 2001 explota la situación, y se generan diversos debates en el seno de la escuela: “hay que ser obediente o desobediente, neutrales o no, se perjudica o se favorece a los niños. Se puso en discusión el mandato del docente como empleado público. También se debatió el rol de los padres, como amenaza o aporte”, cuestiones que hasta el momento estaban naturalizadas. En un momento de crisis laboral “éramos vistos como privilegiados. Por suerte, el derecho a la educación pública estaba impregnado en el pueblo. El Escuelazo puso de manifiesto el anacronismo entre lo que se supone que es la escuela y lo que es en realidad”.
 

Estallidos 
Como integrante de Padres Autoconvocados, Dante Patrignani también participó de la movilización. Hoy contextualiza los acontecimientos en el momento en que las universidades dictaban la reconversión de maestros en profesores. “El proyecto del menemismo se incrustó en la universidad, donde también ganó el neoliberalismo. Ahora se la culpa a ella del fracaso de los alumnos, se olvidan quiénes fueron los autores de esas medidas”. 
Patrignani en su doble condición de padre y docente afirma que “se llegó al absurdo, de calificar a los padres de puros e impuros, si éramos padres y docentes se nos limitaba la participación”. El titular de ADUNS significa al Escuelazo como una experiencia de lucha que quedó grabada en el colectivo social. 
Lo más llamativo de aquella lucha fue el “sentimiento de que todos estábamos del mismo lado, signo que no se olvida. Hasta el momento los que se comportaban de manera pasiva o conservadora de pronto irrumpieron al mismo tiempo, fue inesperado incluso para ellos mismos. Corría un aire de libertad, de decisión, la gente sintió que tenía un rol que jugar y lo jugó”, aseveró Enrique Gandolfo, titular de CTA Regional Bahía Blanca-Dorrego.
El Escuelazo se encuadró como una huelga - una herramienta sindical- pero “lo que daba vida al movimiento no era el sindicato, no queda ceñido a las decisiones y los delegados, fue de gran contenido democrático, hacia adentro del sindicato y hacia fuera, se hizo evidente un sentimiento muy fuerte de defensa de la escuela pública”, lo que se vulneraban eran los derechos de los chicos “y eso no se podía dejar pasar”. Gandolfo destacó el sentimiento antiimperialista, frente a Cavallo y el Fondo Monetario Internacional discutiendo la deuda externa; los movimientos que se integraban y articulaban desde distintos sectores a razón del alto porcentaje de desocupados, finalmente, un observable agotamiento del ascendiente de los partidos mayoritarios sobre las minorías. Además, se evidenció la burocracia sindical, “que menoscaba la participación de la gente, que empezaba a transar con el gobierno”. 

Huracán 
El debate continúa entre los presentes, Analía Lusarreta reflexiona: “Recuerdo que tuve que agarrar la bicicleta porque no nos pagaban hasta el 15 ó 16 del mes, entonces, no tenía dinero para ir en colectivo a la escuela, sabíamos que los padres de los alumnos estaban peor”. 
Arturo “Tato” Corte agrega que hubo tres momentos de participación del vecino anónimo: uno fue la Guerra de Malvinas, “yo sabía lo que pensaban mis vecinos, lo que sentían”. En 1988, que “nos reunimos en la plaza para apoyar la huelga” y el Escuelazo “con la participación de los estudiantes, que se informaban mediante las leyes que leían, discutían sobre la deuda externa, también sintieron indignación a la hora del levantamiento”. Esas experiencias en Bahía Blanca fueron increíbles según Corte, “la escuela significaba un lugar de pertenencia, era lo único que quedaba”. 
En ejercicio de la memoria, fue una lucha que vertió “peleas, discusiones y tensiones sobre la escuela y sus actores”. Cuando las acciones y adhesiones decayeron, “nos pusimos Indignados”, aporta Mónica Oliver. La Educación Pública encontró en el Escuelazo una brisa que aún llega como un huracán.


Autor: Redacción EcoDias