Violencia Instituciones

Fecha: Sábado, 21 Noviembre, 2009 - 00:00

Grupo Límite

La inquietud de ayudar a otras que atraviesan la misma situación, fue el motor que movilizó a una mujer, Irma Cisternas, para acercarse a la Delegación Noroeste, para formar un grupo de ayuda a víctimas de violencia doméstica.

La función del grupo es escuchar con sensibilidad a las víctimas de violencia, sin prejuzgar, además de orientarlas y derivarlas a centros especializados.
La frase que las acompaña es “Vos podés ser feliz. No aceptes el maltrato injusto y doloroso”.
 “El grupo nació en el 2004 a partir de la experiencia personal de violencia doméstica. Por eso me acerque a la Delegación Noroeste para trabajar con violencia en el barrio. Me comunicaron con el Servicio de Violencia Familiar de Bravard 31 y ahí empezamos a trabajar”, comenzó refiriendo Irma Cisternas.
Con el tiempo se acercaron otras mujeres enviadas por la Delegación con la misma problemática, el número de voluntarias se fue incrementando y se conformó el grupo -luego de la preparación teórica- para contener a quienes lo necesitan.
“En mi caso viví violencia durante mucho tiempo y sé lo que se sufre pidiendo ayuda, te mandan de un lado para el otro, de acá para allá. Cuando salí me di cuenta que había muchas mujeres que estaban en la misma situación que yo, entonces quise ayudar sobre todo en mi barrio, para que las que padecen la violencia se puedan acercar a un lugar más cercano”.
Cuenta Irma desde su experiencia que, si bien hay lugares de contención como El Nido, están en el centro, y la idea de tener este espacio es para que la mujer que necesita ayuda en forma urgente, en el momento que se decide, la tenga “a mano”.
“Allí recibimos a la mujer que se acerca a consultar y la escuchamos, la contenemos y la derivamos a los centros que sean necesarios, como la Comisaría de la Mujer, la Fiscalía, la Defensoría. Inclusive, si es necesario, la acompañamos”.
El objetivo de Límite es que las mujeres que sufren violencia sepan que desde el momento que se animan y toman la decisión, el grupo estará ahí con ellas para ayudarlas, para que no bajen los brazos, para que entiendan que no merecen pasar por esa situación.

Mal social
Desde el grupo han realizado talleres en el Servicio de Violencia Familiar de la comuna, de Bravard 31, y un curso de promotoras en prevención de la violencia familiar con operadoras en psicología. De todas maneras, admiten que necesitan profesionales para trabajar en conjunto.
“La mujer necesita ese tipo de ayuda. Lamentablemente, nosotros ahora le podemos brindar un tipo de ayuda hasta ahí, y no podemos hacer muchos más sin gente idónea.
Muchas veces las mujeres llegan pero dicen que las parejas les pegaron pero les pidieron perdón, o dicen que no lo va a volver a hacer”, comenta Irma marcando el círculo de la violencia, que empieza tal vez con un “no servís para nada”, después llega el pellizcón, el coscorrón, los empujones, los golpes.
Después viene el arrepentimiento, en el cual la mujer cree en el hombre porque “lo ama y porque cree que todo lo que él le dijo es cierto, esta etapa es una luna de miel. Si la mujer pasa esta etapa, volverá a sufrir violencia, porque la violencia es un círculo, y si el hombre violento lo hizo una vez, no dudará en repetirlo”. Si se perdona y se deja pasar el maltrato, se es parte del círculo. Buscar ayuda es el primer paso.

La experiencia de Irma
“Mi experiencia fue de dos matrimonios, el primero era violento psicológicamente, y el segundo me pegaba. Con el primero tuve seis hijos, pero siempre me fui quedando. Era como que yo me había casado porque quería y nadie me había obligado, entonces me la tenía que aguantar porque era mi problema y tenía que seguir adelante. También tuvo que ver con cómo me habían criado, mi educación de pupila en un colegio religioso, sentía que todo me lo merecía, porque estaba destinada a sufrir por mi elección”.
Con el correr del tiempo, Irma tomó la decisión de separarse y volvió a formar pareja. Con el segundo tuvo cuatro hijos. Y el sí era violento físicamente, sobre todo con los hijos de ella.
“En ese momento yo sentí que era normal porque era una persona que no era el padre de mis hijos y los estaba criando, y él me hizo creer que era la persona que me alimentaba a mí y a mis hijos, y que sin él no íbamos a poder subsistir ni arreglármela sola. Pensaba qué iba a hacer con tantos chicos y sola. La cabeza estaba preparada para creer las cosas malas: si te dicen que sos inútil lo aceptás; si te dicen que sos tonta, lo aceptás; si te dicen que no sabés hacer nada, lo aceptás; o sea, no servís para nada. Terminás creyendo que para lo único que servís es para traer hijos al mundo, y arréglatelas y cuídalos porque son tuyos, vos los tuviste y son tuyos nada más, así te dicen. Y todo esto vos misma te lo creés”.
El aislamiento de Irma se fue acrecentando hasta que un día acompañó a una amiga que sufría la violencia a una charla de El Nido.
Escuchando las historias de las demás, Irma entendió qué era lo que le estaba pasando a ella: “Fui a acompañar a una amiga y me di cuenta que yo era una víctima”, recordó.
“Me dije que tenía que salir, que no quería un futuro así para mí ni para mis hijos. Ahí comencé a buscar ayuda. Es horrible porque sólo uno sabe lo que le pasa, sabe qué se siente que no es nada, la autoestima no existe, te hacen creer que sos inútil y vos también lo afirmás”.
Cuando Irma decidió poner fin a la situación, tuvo que tener dos años y medio de custodia en la puerta de la casa: “Estaba presa yo, mientras el hombre violento se paseaba por el barrio. Sé lo que es turnarse para dormir a la noche por temor, sé lo que es ir de un lado a otro pidiendo ayuda, y sé del sufrimiento de la mujer que tiene que salir en el momento en que el marido no está… y es ese momento, es una escapada. Una mujer toma la decisión y la posibilidad de irse es cuestión de horas en el mejor de los casos, por eso tenemos que tener un lugar en el barrio para que esté a disposición de ellas para cuando lo necesiten”.
Por eso la accesibilidad al grupo, para sea rápido, para que la mujer pueda salir, pedir ayuda, porque en muchos casos es ahora o nunca, y si “vos llegás y te dicen vení mañana, capaz mañana es tarde. Porque muchas veces se te fueron las ganas, perdiste el coraje y volviste a caer en lo mismo”.
Natalia S., otra integrante del grupo, vivió situaciones de violencia de parte de la pareja de su mamá: “Yo quiero que mi experiencia sirva para que muchas chicas jóvenes que les pasó lo mismo no se lo guarden, que lo denuncien. Porque se puede salir, que van a tener ayuda de nuestra parte”.

El futuro
El grupo continúa con su labor, por ahora dentro de las instalaciones de la Delegación Noroeste, pero tienen un proyecto con el cual están trabajando.
“Nuestro sueño es tener un lugar propio en Noroeste para que estemos nosotros, para poder contener a las mujeres y contar con los profesionales que sea necesarios. Pero todo en un mismo lugar, para que no pase tiempo, para trabajar en red y en conjunto. Queremos tener nuestra propia casa con los profesionales para que la mujer tenga donde ir para poder denunciar”.
Una vez que se presenta la mujer, se la deriva a las instituciones que trabajan en el tema y se hace un seguimiento para saber en qué estado se encuentra, si fue bien atendida, si necesita algún tramite, o asesoramiento de abogados, para lo cual se realiza una consulta con la abogada del grupo.
Desde el grupo “queremos que sepan que se puede, que ahora se ve todo negro porque estamos en ese pozo encerradas pero que cuando se ve un poco de luz, todo cambia. Que se arriesgue a romper ese silencio, que denuncie y que se acerque al grupo, que la vamos a escuchar, que estamos para eso”.

¿Dónde?
El grupo recibe a quienes deseen acercarse los días martes y jueves de 8.30 a 10.30 hs. en Río Atuel 40, Delegación Noroeste de Bahía Blanca y el teléfono de contacto es 455-5535.

Autor: Redacción EcoDias