AGRAVAMIENTO DE LAS CONDICIONES ECONÓMICAS Nacionales

Fecha: Miércoles, 30 Enero, 2019 - 00:00

Evaluación

A fin de año surge en uno la necesidad de hacer algún tipo de evaluación, en la línea que he venido reflexionando a lo largo del 2018: la Economía Política. Esta vez, tengo deseos de hacerlo desde las familias a las que más las afectan las consecuencias de las políticas de los gobiernos.
Ha sido el 2018 un año que lo comenzamos con la promesa de una inflación entre el 8 y el 12% -con la aprobación en diciembre del Presupuesto Nacional-, para pasar a pronosticarse en un 15% anual, en aquella fatídica conferencia de prensa del 28-12-2017 en la que el Banco Central dejó de lado su autonomía institucional para ser intervenido por la acción política.
Por aquellos días, el dólar cotizaba a $ 18,90 en el Banco de la Nación Argentina, y en mis encuentros con familias trabajadoras con las cuales he compartido históricamente las acciones de mi militancia social, sentía que todavía había una esperanza a la que aferrarse, lógica de quienes no quieren hundirse aún más en el nefasto ciclo de pérdida del poder adquisitivo del salario con achicamiento generalizado en la cobertura de necesidades básicas.
En definitiva, existía la expectativa de mejorar la situación económica familiar.
Era el momento en que el presidente decía el último día de aquél Año Nuevo que comenzaba que “logramos que este fin de año nos encuentre mejor que el año pasado y estoy seguro de que el próximo (2018) va a ser aún mejor. Eso nos va a confirmar que esto que empezamos juntos va bien, que el esfuerzo vale la pena y que estamos construyendo esa Argentina que siempre quisimos” (Diario Los Andes, Mensaje de Fin de Año, 31-12-2017).
¿Por qué no creerle?
Más aún, a los diez minutos de comenzar el 2018 compartió un audio en Facebook en el cual expresaba: “Pensé mucho en estos días que vivimos, en estos últimos meses, en este último año. Siento que fue positivo. Echamos bases para seguir creciendo y en el 2018 vamos a volver a crecer sobre bases sólidas porque lo más sólido que tenemos es que nos hemos ido conociendo, nos decimos la verdad. Lo hacemos juntos poniendo cada uno su granito de arena porque esto es entre todos, no uno solo, dando lo mejor de sí cada uno y sintiéndonos felices de ser protagonistas, felices de construir entre todos, de cambiar la historia, de ser los que cambiamos la Argentina para siempre. Haciendo obras, transformaciones, cambios, sin miedos porque cambiar es crecer".
Y finalizó: "Vayamos juntos por un gran 2018 para seguir creciendo juntos. Un abrazo muy grande".
Pero la Economía nos trajo números catastróficos para finales del 2018. Para muestra, basta señalar estos diez:
1. La inflación orilló el 48% y en alimentos, servicios públicos y transporte, superó el 60%.
2. El dólar trepó de 18,90 a 39,50 (un 109%).
3. Los jubilados perdieron 20 puntos de poder adquisitivo, lo que representa casi 2 jubilaciones mínimas.
4. Salvo honrosas excepciones, todos los trabajadores registrados bajo convenio perdieron entre 15 y 18 puntos de salario real. Ninguno la empardó.
5. La desocupación se transformó en una cifra de dos dígitos.
6. 1 de cada 3 argentinos es pobre y la mitad de los niños son pobres.
7. La actividad económica cayó 9 meses seguidos.
8. La industria perdió más de 130 mil trabajadores.
9. Se cerraron más de 10 mil micros y pequeñas empresas (a razón de 10 por día).
10. La deuda externa pasó a ser del 95% del Producto Bruto Interno, es decir que pasamos a deber un año de la producción total de bienes y servicios.

Y podrían seguir los números…
Lo que muchas veces se duda es cómo la macroeconomía afecta a la microeconomía, porque parece que van por distintos caminos, como que es algo -la primera- de los grandes actores económicos y no de los sujetos de carne y hueso que están al lado nuestro.
Volvamos a mis encuentros con familias trabajadoras con las cuales he compartido históricamente las acciones de mi militancia social, ahora ya a fines de 2018.
¿Qué pasó? No tienen la changa o el trabajo estable o no llegan a fin de mes quienes aún lo detentan; no pueden pagar alquileres, o las tarifas… apenas sí les alcanza para lo mínimo e indispensable. Se ha roto la solidaridad… muy pocos pueden ayudar a quienes están en peores condiciones… el tejido social se resquebraja.
En definitiva, han perdido calidad de vida, y la están pasando mal. Lo que es peor, han perdido la esperanza en que van a estar mejor en el 2019. A pesar de repasar los dichos del Presidente en su mensaje navideño por su cuenta de Instagram: “Después de un año tan difícil como el que tuvimos, (en) esta Navidad me gustaría darles un abrazo fuerte, largo y silencioso, como a veces se dan las familias en las Fiestas. Un abrazo para demostrarnos la confianza en el lazo que nos une. Un abrazo lleno de esperanza, porque estaremos mejor y nos queremos”.
Ya no le creen. ¿Por qué creerle? Preguntaron con sorna “¿a quiénes se referirá?” y “¿cuándo “estaremos mejor”?”. Sentí que se había roto la confianza, porque ya no hay espacio para la recuperación. Y queda todo un año por delante como para vivirlo sin demasiadas expectativas.
Se me vino a la memoria la frase de Bertolt Brecht para buscarle alguna salida al momento, ese dramaturgo alemán nacido en 1898 que fue perseguido por el nazismo: “El peor analfabeto, es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan, de la carne, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. Es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el niño abandonado y el peor de todos los bandidos: el político corrupto, mequetrefe y lacayo del Gran capital”.
Porque rearmar la esperanza sigue estando en la política, tanto para transitar la huella de la producción, el crecimiento, el desarrollo y la distribución equitativa de la riqueza, tanto para recuperar el trabajo, el salario y la calidad de vida del pueblo.
¿Se habrá aprendido a tan alto costo? ¿O es tan alto el precio que hay que pagar, para nada, para seguir creciendo en desigualdad y falta de oportunidades? El tiempo lo dirá más aún cuando se vea el avance sobre los sistemas previsionales y laborales.
Suelen ser duras las evaluaciones cuando se baja a la calle, al encuentro de los trabajadores de a pie que comienzan a tomar conciencia que han votado contra sus propios intereses necesitando creer en lo que se les dijo en un debate público, o en campaña, o durante los primeros años de gobierno. Porque la dignidad duele y no hay más margen para la vida.

Autor: Por Walter Rezzuti