Opinión

Fecha: Martes, 12 Septiembre, 2017 - 00:00

Esperanzas que no mueren

Cuando hace un mes atrás Trump dijo que no descartaba como solución la intervención armada en Venezuela. Si Trump no descarta la guerra, ¿podemos descartar nosotros la posibilidad de la extinción de media humanidad?
Entre los años 1930/40 se conoció la Teoría de la Relatividad, producto de la mente del científico Físico Albert Einstein.
Yo era muy niño, vivíamos en el campo, hasta allí llegaron reflexiones. Éramos campesinos pobres, pero muy cultos -al decir de Unamuno-, no podíamos entender cómo dentro de cada átomo y moléculas, que estaban en el aire, que los podíamos tocar pero no ver, se concentraba tanta energía, que al liberarla su poder destructivo era tan grande que podía destruir al mundo tierra, a la Pachamama, la Madre Tierra.
Se necesitaba durante la segunda guerra mundial un arma más poderosa que las bombas convencionales para destruir al enemigo, supe de los experimentos de físicos matemáticos nazis, y de los que combatían a Hitler.
Se iniciaba la “era atómica” y se tornaba realidad que el hombre -como especie humana- podía destruir a la especie y al hombre.
Me voy desprendiendo de parte de mi biblioteca, perdí la vista, no puedo leer y próximo a cumplir 92 años, le voy transfiriendo a mi hija todos los libros, porque al culminar su carrera universitaria -vinculada a la informática y al pensamiento humano-, algún día los necesitará.
Entre esos libros hay una nota publicada por el diario La Nación sobre Einstein y la “Teoría de la Relatividad”. La guardé, me quedó (y era yo muy niño) algo que no pude entender: “la nada”.
El sistema solar está poblado de planetas que no se conoce que tengan vida, es “la nada”.
La tierra sin vida es “la nada”.
Hace pocos días transmitieron una noticia por TV, se habían encontrado huellas y rastros de un dinosaurio que mediría unos 40 metros de largo y pesaba unas 70 toneladas.
Según Einstein la imaginación va por delante de la ciencia, intento imaginarme cómo podía equilibrarse ese dinosaurio sobre dos patas, cómo serían de grandes, qué comería, si era vegetariano o carnívoro.
Y llegué a pensar cómo pudo llegar al sur de la Argentina.
El ingeniero físico Domingo Pronsato -que vivía en Bahía Blanca- en su libro Patagonia 2000 sostiene que la zona turística donde se encuentra Sierra de la Ventana, era la cola de una cordillera de África.
Se me ocurre que en la deriva de los continentes podría estar la verdad de esos hechos, como en las huellas que aún se conservan de gliptodontes en Pehuen Co.
Y me pregunto si también nosotros pasaremos a ser reliquias históricas si se extingue la vida en la tierra, y la historia dejará de serlo por que no existirá quien la lea.
Hasta aquí la angustia; a partir de ahí, la esperanza: la tierra seguirá girando haya o no vida.
Cuando Marx decía que no basta la interpretación de la historia de la filosofía sino de “cómo cambiar la historia” la especie humana, (el hombre) ya estaba cambiando la historia.
Atravesamos el año 2017 de la era cristiana, la judía conmemora 5760 años, de todos modos cada religión tiene sus años.
Y todas las religiones como los que vivimos en la tierra sabemos que el mundo tierra ha cambiado y mucho más ahora, no hablo de deriva de los continentes, hablo de un nuevo orden económico mundial, puesto que el sistema actual que funciona en el mundo, da muestras de descomposición y desintegración, y que en la humanidad se están produciendo cambios cuya energía concentrada bien aplicada contiene tanto poder como el átomo.
Esa energía está concentrada en los pueblos.

Autor: Por Aron Berstein