PARA VER Y CONSIDERAR Cine

Fecha: Martes, 13 Junio, 2017 - 00:00

El papá de la criatura

La exitosa saga de Alien no hubiera sido posible sin el trabajo de H.R.Giger.

Uno de los films que más contribuyeron a que el género de ciencia ficción dejara de estar en una segunda línea o cine Clase B fue Alien: el octavo pasajero, dirigido por Ridley Scott y estrenado en 1979.
Algo impensable si el monstruo extraterrestre que da título al film y ataca a la tripulación de un carguero espacial en el futuro no luciera verosímil y aterrador.
Un bicho de pesadilla, que sabiamente Scott fue mostrando de a poco, pero que no decepcionó en absoluto al momento de su revelación, porque surgió de los terrores nocturnos de un artista como Hans Rudolf Giger.
Hay una larga lista de filmes fantásticos que murieron y mueren de muerte súbita cuando el monstruo de turno resulta un fiasco, pero Alien nunca corrió ese riesgo.
El suizo llevaba diez años totalmente dedicado a plasmar su subconsciente y sus obsesiones en un estilo que después fue definido como biomecánico, caracterizado por la mezcla de elementos orgánicos -en su mayoría anatómicos y humanos- con otros metálicos de diverso origen y eso era justamente lo que el film necesitaba.
Giger creó la criatura y fue parte del rodaje del rodaje del original y diseñó algunas de las de la primera precuela Prometeo (Ridley Scott;
2012), pero su influencia recorre las ocho entregas de la saga incluyendo a la reciente Alien Covenant (Ridley Scott; 2017).
Lo curioso es que ese Alien -la palabreja significa extranjero y revela uno de los miedos que suele reflejar el género fantástico en general- que lo volvió famoso y hasta le dio un Oscar en 1980 como parte del equipo que hizo los efectos visuales, lo alejó de los círculos académicos que vieron esa fama como algo negativo.
Lo menospreciaron y debieron pasar décadas para que reconocieran su obra como muestra el documental Dark Star: el mundo de H.R. Giger dirigido por Belinda Sallin y estrenado poco después de su muerte en 2014.
Aunque todas las explicaciones palidecen ante la fascinación que sigue provocando su clásica bestia de cráneo hipertrofiado y fluidos corrosivos.

Autor: Silvana Angelicchio