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El neoliberalismo es enemigo del trabajador
El Magisterio social de la Iglesia, partiendo de la Biblia, sostiene que el trabajo dignifica al hombre mientras que los sistemas económicos que lo destruyen lo despojan de su dignidad.
Categoría: Sociedad

El Magisterio social de la Iglesia,
partiendo de la Biblia, sostiene que el trabajo dignifica al hombre mientras
que los sistemas económicos que lo destruyen lo despojan de su dignidad.

La “cuestión” del trabajo tiene un largo recorrido en la tradición cristiana
que se remonta a sus antecedentes judaicos en el Génesis, primer libro del
Antiguo testamento. Allí, en el primer relato creacional (Génesis 1-3) , el
hombre aparece creado a imagen y semejanza de Dios, y este Dios se presenta
trabajando, haciendo la creación, modelando el barro, creando y dando “forma” a
la materia. Luego, el hombre, su imagen, también tiene como mandato el trabajo
a través del cual se procurará la satisfacción de las necesidades para la vida.
Cabe aclarar que, en el Génesis, el mandato de Dios de poblar la tierra y
someterla es anterior al pecado. El trabajo no es presentado como una
consecuencia del pecado sino como esencial al hombre original, el pecado es
posterior y le agrega la fatiga, esfuerzo.
En el relato creacional, el trabajo expresa la dignidad del hombre imagen del
Dios trabajador. Los evangelios retoman este concepto: En ellos Jesús es
presentado como “el hijo del Carpintero” (ver evangelios de Mateo 13,55 y
Marcos 6,3), el también es un trabajador. En el trabajo encuentra su dignidad.”
Dice el Papa Francisco: “No tener trabajo no es solamente no tener lo necesario
para vivir, no. Podemos comer todos los días: vamos a Cáritas, vamos a esta
asociación, vamos al club, vamos allá y nos dan de comer. Pero este no es el
problema. El problema es no llevar el pan a casa: esto es grave, y esto niega
la dignidad. ¡Esto niega la dignidad! Y el problema más grave no es el hambre,
aunque el problema existe. El problema más grave es la dignidad. Por eso
debemos trabajar y defender nuestra dignidad, la que da el trabajo.
(Universidad de Molise 5 de julio de 2014).
Los modelos económicos que destruyen el trabajo, no solo condenan al hombre a
la pobreza, sino que lo despojan de su dignidad por eso son contrarios a la
tradición católica expresada en el magisterio social. Esto, a pesar de
asociaciones de empresarios, como es el caso de la Asociación Cristiana de
Dirigentes de Empresas, que usan el nombre de cristianos y aplican esos
modelos, de la defensa de neoliberalismo que hacen algunas universidades que se
suponen católicas como la Universidad Católica Argentina, y de la bendición que
parecen otorgarle la Pastoral Social al Instituto para el Desarrollo de
Empresarios en la Argentina (IDEA), de claro cuño neoliberal.
El Magisterio no deja lugar a dudas: “… ha sido construido un sistema que
considera el provecho como motor esencial del progreso económico la
concurrencia como ley suprema de la economía, la propiedad privada de los
medios de producción cómo un derecho absoluto, sin límites ni obligaciones
sociales correspondientes. Este liberalismo sin freno, que conduce a la dictadura
del capital, fue denunciado por Pío XI como generador de “el imperialismo
internacional del dinero” (…) Sería injusto que se atribuyera a la
industrialización misma los males que son debidos al nefasto sistema que la
acompaña (Populorum Progressio 26).
El capitalismo no coloca en el centro al trabajo sino al capital. Por lo tanto,
no es un humanismo, no tiene como centro al hombre. Desde allí surgen las
nuevas teorías sobre el fin del trabajo. En el fondo lo que desaparecería, si
de estos ideólogos dependiera, es la dimensión subjetiva del trabajo – o si se
quiere el trabajo humano-, la dimensión objetiva – la técnica – crecería hasta
hacer innecesaria la presencia del hombre para la producción. Un mundo de
máquinas donde el hombre no es necesario. Pero si no es necesario para
producir, en alguna medida no es necesario para consumir. La realidad de la
exclusión indica que para el sistema neoliberal hay millones de hombres,
mujeres, niños y ancianos que sobran. Dice la encíclica: “… el error del
capitalismo primitivo puede repetirse donde quiera que el hombre sea tratado de
alguna manera a la par de todo el complejo de los medios materiales de
producción, como un instrumento y no según la verdadera dignidad de su trabajo,
o sea como sujeto y autor, y, por consiguiente, como verdadero fin de todo
proceso productivo” (Laborem Exercens 7).

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2015-06-02 00:00:00
Etiquetas: Sociedad.
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